«La Comisión Nacional de Energía es muy independiente, pero carece de poder ejecutivo»

PREGUNTA.- Es usted uno de los expertos españoles con mayor reconocimiento en el plano internacional. De hecho, es actualmente miembro del órgano regulador irlandés ¿Podría describirnos como funciona este mercado? ¿Cuál es el papel de este órgano y como está configurado?

RESPUESTA.- Cada una de las entidades –por una parte, Irlanda del Sur y por otra, Irlanda del Norte- ha querido formar un mercado eléctrico común, con una comisión reguladora propia y con tres consejeros cada una. Para los aspectos relacionados con ese mercado común se ha creado una comisión conjunta que tiene poder sobre ambas comisiones reguladoras, de forma que lo que decida esa comisión tiene que ser puesto en práctica por los dos reguladores.

Por otro lado, yo he sido nombrado como séptimo miembro independiente, también con un voto (cada una de las otras dos partes tiene un voto). La idea de este tercer voto es que permita avanzar en una u otra dirección en caso de que no haya consenso.

Lo más característico de esta comisión, a diferencia de la española, y también de otras, es que tiene un gran poder ejecutivo. Tiene una serie de competencias que ejerce y nadie, salvo los tribunales ordinarios, puede interferir en sus decisiones. Por ello, las decisiones que toma este órgano regulador son finales a todos los efectos.

PREGUNTA.- ¿Cómo valora su papel en la conformación de este organismo?

RESPUESTA.- El mercado único eléctrico irlandés empezó el 1 de noviembre pasado, y esta comisión empezó a funcionar poco después, por lo que hemos tenido muy pocas reuniones y es difícil valorar la experiencia. Creo que existe un espíritu muy constructivo. Mi labor ha sido sencilla, pues en la mayoría de los casos ha habido consenso. Puede que yo traiga ideas nuevas, pero tiendo a coincidir con la buena regulación que hasta ahora han estado haciendo.

PREGUNTA.- Vd. ha formado parte del Consejo de Administración de la Comisión Nacional de Energía. En relación con los comentarios sobre la capacidad ejecutiva de la comisión irlandesa, ¿cree que el órgano regulador cuenta con la independencia necesaria para ejercer adecuadamente sus funciones?

RESPUESTA.- Es necesario distinguir entre ser poderoso y ser independiente. La comisión reguladora española es muy independiente, si la comparamos con las de otros países, en las que se puede encontrar a miembros del Gobierno. Éste no es el caso. En España, la Comisión puede opinar con libertad.

El problema es el escaso poder ejecutivo de la Comisión Nacional de Energía. Su trabajo consiste, casi siempre, en informar sobre propuestas, órdenes ministeriales, leyes o reales decretos que propone el Ministerio. También tiene poder de propuesta, pero que esa propuesta se lleve a término depende del Ministerio. Además, Industria tiene capacidad para revocar cualquiera de las decisiones que tome la Comisión, o de no hacer caso a sus propuestas.

Mi experiencia en la Comisión fue de disfrutar de una verdadera independencia en el trabajo, y esta Comisión puede hacer exactamente lo mismo. Sin embargo, frente a otras comisiones europeas, o mundiales, es de las menos ejecutivas.

PREGUNTA.- ¿Le parece lógico que el Ministerio de Industria pueda optar por acatar o no las recomendaciones de la CNE, relegando a la Comisión al papel de mero organismo consultivo?

RESPUESTA.- Una comisión reguladora, debería tener unas responsabilidades delimitadas, pero ejercerlas con un carácter finalista. Es lo que ocurre con la comisión reguladora irlandesa.

PREGUNTA.- ¿Cuáles son las peculiaridades del sistema regulatorio español en lo referente al mercado eléctrico? ¿Cuáles son sus puntos débiles y cuáles los puntos fuertes?

RESPUESTA.- Existe un buen diseño de base. La Ley Eléctrica es de las mejores que se han puesto en marcha, pero se ha aplicado en un mercado que no tiene una estructura adecuada, pues aquí existe un elevado grado de concentración. Se quiere hacer un mercado competitivo, pero los agentes son demasiado grandes para el tamaño de nuestro mercado eléctrico (que, debido a la falta de capacidad de interconexión con Europa, se limita al mercado ibérico). Por tanto, nos hemos encontrado con el problema de que es necesario supervisar esa liberalización o mitigar ese poder de mercado. Existe un problema regulatorio de fondo.

Por otra parte, tenemos un buen mix tecnológico. Por el momento, las inversiones han sido suficientes. Tenemos un futuro interesante que tendremos que ver cómo resolver con la pretendida introducción masiva de energías renovables. Y como punto negativo, yo diría, una intervención ex post muy fuerte por parte del Gobierno, que podría entenderse en cierta medida como justificación de esa necesidad de mitigación. Pero se ha implantado de forma desafortunada al establecer, por ejemplo, la tarifa de espaldas al mercado.

PREGUNTA.- ¿Qué examen puede hacerse a esta regulación desde el punto de vista de los movimientos empresariales intracomunitarios que han tenido lugar y los que se vislumbran como posibles?

RESPUESTA.- Según se estableció nuestra Ley Eléctrica, y las privatizaciones que se hicieron con las empresas que todavía no lo eran, estamos abiertos a comprar y a ser comprados. Las dos cosas han ocurrido. Creo que eso sería perfecto en un contexto europeo y mundial si hubiera simetría con los demás países. El problema es que no la hay, y eso es lo que nos pone en una situación de injusta desventaja.

PREGUNTA.- ¿Cómo valora el grado de liberalización del mercado eléctrico español? Existen voces a favor de una mayor liberalización, pero también hay quien aboga por un modelo más intervencionista. ¿Cree que es uno de los más liberalizados de Europa?

RESPUESTA.- Yo diría que, de acuerdo con nuestra Ley Eléctrica, lo es. Hemos optado por ese modelo. En el seno de las directivas europeas caben diferentes niveles de liberalización, y nosotros hemos optado por uno bastante elevado, pero es algo que hay que hacer bien y con cuidado. No podemos pasar de un modelo tradicional a un modelo de corte liberalizado y quedarnos a medio camino en algunas de las medidas.

PREGUNTA.- ¿Cuál es su opinión sobre la tarifa eléctrica y sobre la existencia de un déficit tarifario acumulado de las proporciones en las que nos vamos a situar a finales de 2008 -más de 19.000 millones de euros-?

RESPUESTA.- Es muy elevada, aunque espero que no lleguemos a esa cantidad. En mi opinión, la tarifa tal como está establecida es un error. Uno de los dos lemas fundamentales del Libro Blanco es que se debe de dejar total libertad al mercado. El otro, que la tarifa no se fija, sino que se calcula.

Es necesario eliminar ese déficit lo antes posible, y trasladar los precios y los costes a la tarifa. Pronto no podrá haber, ni en España ni en el resto de la UE, más que una tarifa por defecto, fundamentalmente para pequeños consumidores. Pero es posible que haya muchos consumidores que la utilicen, por lo que una parte de la energía se venderá a ese precio.

Es fundamental que se pague el precio real de las cosas. Además, en el caso de la tarifa, si no se paga ese precio, lo que se hace es posponer el pago. El déficit provocado por esa política ya alcanza los 300 euros por persona. Por un lado hablamos de ahorro y eficiencia energética, y por otro, promovemos el despilfarro a través de una tarifa artificial y excesivamente baja. Esa situación debe resolverse cuanto antes.

PREGUNTA.- Entiendo que tampoco está de acuerdo con una tarifa de último recurso, en línea con los argumentos que plantea.

RESPUESTA.- Cuando hay suficiente competencia en el mercado minorista, nadie puede abusar, porque los clientes tienen posibilidad de marcharse. Pero en estas circunstancias no se paga mucho por la electricidad –alrededor de euro y medio diario por una familia típica de cuatro miembros-. No existen incentivos para buscar otras opciones y por eso es bueno que exista una tarifa.

Si existe una tarifa, debe estar bien calculada, reflejar todos los costes y, desde luego, ser más alta de lo que es, y dejar un cierto hueco a los comercializadores. La tarifa no debe estar en condición de competir de forma ilegítima con el mercado.

No estoy en contra de una tarifa por defecto si ésta está correctamente calculada. Pero sí en contra de la actual tarifa por defecto.

(Segunda parte de la entrevista, el próximo lunes)

«Al lobby eléctrico le interesa que se mantenga la tarifa eléctrica, porque les convierte en interlocutores privilegiados frente a la Administración»

PREGUNTA.- Teniendo en cuenta lo establecido en el informe “Renovables 100%”, presentado por Greenpeace, ¿qué configuración considera Greenpeace más adecuada para el futuro del mix energético español? ¿En qué plazos cree que podrían sustituirse las tecnologías energéticas actuales?

RESPUESTA.- Nosotros partimos de que el informe Renovables 100% demuestra que en el horizonte 2050 es perfectamente viable un sistema 100% renovable, aunque posiblemente se podría conseguir. Para entonces habría que llegar al 100% de renovables en electricidad, y en 2020 deberíamos alcanzar el 50%.

PREGUNTA.- En el caso de contar con un mix totalmente cubierto por renovables, ¿cuáles tendrían, en su opinión, una posición preponderante?

RESPUESTA.- Caben infinitas posibilidades. En el estudio Renovables 100% hemos analizado más de 50 combinaciones diferentes, teniendo en cuenta factores como características, comportamiento, fiabilidad, costes, etc. Una de las conclusiones del informe es que, cuanto mayor sea la diversidad de tecnologías disponibles, mejor para el sistema -por razones de coste y de seguridad de suministro-. Es decir, no hay que contar con una o pocas fuentes energéticas.

La eólica es la que llegaría antes a una situación competitiva en costes. Por tanto es la que interesaría utilizar con mayor intensidad. Pero con la tecnología eólica actual no es posible gestionar el sistema, por tanto se necesitaría un complemento adicional de potencia importante. Según nuestros análisis, la que aparece mejor posicionada para ese papel es la termosolar con aporte complementario de biomasa. No es la única solución, pero sí la que ofrece un coste económico más conveniente.

PREGUNTA.- La posición de Greenpeace respecto a la energía nuclear es negativa, y contrasta con las manifestaciones a favor de esta tecnología que cada vez más se escuchan en el sector energético. Algunos argumentos que se utilizan son que aportan seguridad al sistema eléctrico.

RESPUESTA.- Muchas de las cosas que se dicen sobre la nuclear no son ciertas. Sobre la afirmación de que aporta seguridad al sistema, no aporta nada distinto a otras fuentes de energía. Es más, la utilización de la nuclear implica una serie de restricciones que no necesariamente implican otras fuentes. Las paradas no programadas, por ejemplo, son muy numerosas cada año. No programada significa no previsible, lo que significa que el sistema tiene que funcionar de forma imprevista a una caída de 1.000 MW, de golpe. Eso no ocurre con la eólica, que con toda su oscilación, puede caer incluso miles de MW, pero no lo hace en un instante. Tampoco ocurre con las centrales térmicas, que también registran paradas, pero son menos frecuentes.

Tampoco es cierto que aporten una parte importante de energía al sistema. La nuclear está en el 20% y cada vez menos, por tanto no es la energía base, ni mucho menos, del sistema.

Si lo que se busca es una generación concentrada, también existen otras opciones, como las centrales térmicas, las termosolares, los parques eólicos marinos… Si la generación concentrada fuera un valor a tener en cuenta, no es algo que no puedan aportar otras tecnologías.

La razón para defender la nuclear, quienes la defienden, es simple y sencilla. Hay una inversión realizada, en muchos casos ya amortizada, y de la que se quiere obtener el máximo rendimiento económico posible.

Respecto a la construcción de las nuevas centrales, ningún promotor eléctrico ha presentado en España ningún proyecto de central nuclear. Y el mercado eléctrico está liberalizado desde 1997. Si fuera una alternativa tan interesante, y tan rentable, veríamos los proyectos.

PREGUNTA.- Pero la opinión pública y la posición del Gobierno son contrarias a la instalación de nuevas centrales. La nuclear no goza de muy buena fama.

RESPUESTA.- Por mala fama no se dejan de hacer las cosas en España. Sólo hace falta mirar hacia el deterioro de las costas españolas. Las decisiones económicas no se toman en función de la fama, sino en función de su rentabilidad económica.

PREGUNTA.- Sin embargo, en el caso de la nuclear, la opinión pública contraria sí puede suponer una barrera.

RESPUESTA.- La oposición de la opinión pública puede suponer barreras, pero nada cuantificable. Insisto, hay muchas actividades económicas y actividades energéticas que se enfrentan a mala fama. Promover una central térmica también tiene en contra a la opinión pública, pero sigue habiendo proyectos. A los promotores no les detiene lo impopular de construir una central térmica, porque tienen la certeza de que van a ganar dinero. Sin embargo, no tienen esa certeza si van a construir una central nuclear. Me refiero a los nuevos proyectos.

Además, el escenario no es favorable a la construcción de una nueva central nuclear por diferentes cuestiones. Hay muchos costes que en el pasado se han conseguido eludir y que hoy, en un sistema liberalizado, sería muy difícil. Otras opciones de generación de energía ofrecen una rápida recuperación de la inversión, lo que no ocurre en el caso de la nuclear, en la que los costes son altísimos. Y otro factor en contra es el riesgo de la inversión. ¿Quién asegura que para una inversión de ese calibre la compañía promotora no tendrá que hacerse cargo de los residuos radiactivos? ¿O la responsabilidad de un accidente? Las compañías de seguros no están dispuestas a asegurar ese riesgo.

PREGUNTA.- Eficiencia energética. España es el país menos eficiente de nuestro entorno, con subidas del IPC que han ido vinculadas a incrementos, superiores, de la intensidad energética ¿Cómo veis la situación de España en este sentido? ¿Cómo valoráis los esfuerzos del Ejecutivo, como la Estrategia de Ahorro y Eficiencia Energética?

RESPUESTA.- Los números lo dejan muy claro. El incremento de la intensidad energética no es justificable por el crecimiento económico, puesto que España es una anomalía dentro de su entorno, y esa tendencia es inversa a la que se ha visto en el conjunto de la UE.

Por tanto, ese incremento de la intensidad energética es achacable a las políticas que han despreciado la eficiencia energética. El Gobierno ha presentado recientemente una estrategia, nada ambiciosa según nuestros criterios, pero de la que habrá que esperar a los resultados.

Los objetivos de la estrategia del Gobierno no son, en nuestra opinión, más que la mera expresión de un deseo. Creemos la eficiencia energética debe asumirse como un objetivo explícito y vinculante. Debe adoptarse, en este sentido, lo formulado por la Comisión Europea, de reducir la demanda energética un 20% en 2020 con respecto a 2005.

Nosotros hemos presentado una propuesta de ley de eficiencia energética. En primer lugar, para que la eficiencia tome un valor de relevancia jurídica de primer nivel. Y en segundo lugar, para incorporar medidas más concretas y de mayor alcance que las que actualmente están contempladas.

PREGUNTA.- ¿Cuál es su opinión sobre la tarifa eléctrica? ¿Consideran que su mantenimiento contribuye al derroche y a la ineficiencia?

RESPUESTA.- Desde luego. Pero además, no somos los únicos que creemos que debería desaparecer la tarifa. Hay muchas voces que piden que se tome esa medida, pero cuando llega el momento de tomar las decisiones, el Gobierno siempre acaba echándose atrás. Puede que conocer la definición de la tarifa de último recurso sea un momento clave en este sentido.

Si, efectivamente, la tarifa de último recurso se va a mantener para los consumidores y las pequeñas empresas, como se ha anunciado, entonces no vale para nada, porque seguimos dejando en manos del político la decisión sobre lo que valen las cosas. Es un sistema seudo-soviético, que no tiene ningún sentido.

Es un engaño en el que el primer perjudicado es el consumidor. Se le hace creer que se le está dando un producto barato, pero realmente se le incita a un consumo mayor del que haría. El consumidor se beneficiaría de verdad si, en efecto, se le regalase la electricidad, pero eso no es lo que está ocurriendo. Al consumidor se le está dando una hipoteca. Se le está generando una deuda, que no ha solicitado, que no necesita, para la que no le han pedido ninguna autorización, y tiene que pagar con intereses, un recargo durante 15 años, la deuda de cada año. Es inaceptable, antieconómico, y está fuera de toda lógica.

Y hasta ahora no ha habido ninguna posición a favor de eliminar esa tarifa. La única postura que han tomado los partidos es a ver quién baja más el precio.

PREGUNTA.- La Comisión Nacional de Energía, como regulador, ha recomendado que se suban los precios, pero el Ministerio de Industria es el que finalmente impone su criterio. Eso ha ocurrido también con otras cuestiones. ¿Creen que la Comisión debería de ser un organismo independiente y con capacidad de decisión?

RESPUESTA.- Sin duda. Un regulador tiene que tener la capacidad de regular aquello que se le encomienda. No puede tratarse meramente de un organismo consultivo, que es lo que es hoy. Porque, de ser así, nosotros estamos en el organismo consultivo del organismo consultivo (Greenpeace está presente en el Consejo Consultivo de electricidad). Es decir, somos una consultoría de segundo grado con una mínima influencia en las decisiones que se toman.

El órgano consultivo debe ser aquél en el que estamos nosotros, y el regulador, la CNE. Y debe ser independiente, por supuesto. No puede ser que las decisiones de la Comisión tengan que ser tuteladas y validadas por el Gobierno, porque entonces la existencia de la Comisión no tiene sentido.

PREGUNTA.- ¿Cuál creen que es la posición de la ciudadanía acerca de las necesidades del uso de la energía renovable y de la eficiencia energética? ¿El ciudadano está dispuesto a tomar decisiones contra su bolsillo, por ejemplo, aceptando la eliminación de la tarifa?

RESPUESTA.- Creo que sobre la postura de la ciudadanía debemos apoyarnos en los estudios existentes. Hace poco, la Fundación BBVA publicaba uno muy interesante sobre las actitudes de los ciudadanos en materia de cambio climático, con resultados muy concretos. Ahí se veía muy claramente: ese nivel de preocupación va bastante más allá de un conocimiento vago. Y a la hora de que se tomen medidas, la disposición a que se haga es muy positiva.

Aunque todavía se detecta que hay una reticencia a ver cómo suben los precios de la electricidad, hay que tener en cuenta que esta reticencia se engloba en un contexto en el que se ve que el resto no actúa. Pero en un contexto activo, sí hay una mayor disposición (por encima del 40%) a pagar más si el consumidor sabe que la energía que se le suministra es energía limpia.

Pero la factura de la luz tiene muy poco peso en la economía doméstica. La barrera es más política, o psicológica, que real. La gasolina se ha liberalizado, al igual que el gas, y no ha pasado nada. Ni revolución, ni catástrofe económica ni doméstica de ningún tipo.

Además, al lobby eléctrico, por mucho que digan que se necesita eliminar la tarifa, le interesa que se mantenga este estatus, porque ello les convierte en interlocutores privilegiados frente a la administración, lo que de otra forma se diluiría.

PREGUNTA.- ¿Qué importancia conceden a la línea de Muy Alta Tensión de interconexión con Francia?

RESPUESTA.- Estamos analizando el tema bajo todos los puntos de vista. Hay un problema, y es que no hay transparencia en la transmisión de las razones por las que se pretende construir esa línea. La razón técnica de la mejora de la capacidad de la interconexión no es “el suministro de energía en caso de”. No es una cuestión de cantidad de suministro, sino de calidad de suministro. Una red mallada da mejores opciones. Eso es razonable.

El problema que tenemos es que la interconexión de España con el resto de Europa pasa por Francia, y la situación energética de Francia contamina todo. Francia ha tomado una opción antieconómica, que es la energía nuclear, por razones políticas, y que como no la puede gestionar, y le sobra, necesita verterla al mejor postor fuera de su mercado.

Creemos que deben demostrarse, y hacerse públicas, las razones técnicas de cualquier interconexión. Y luego regular, y concretar, el acceso a la red. Porque ahí es donde se tiene que ver que se haga realidad lo que está proclamado, de que tiene que haber prioridad de acceso a las redes para las energías renovables. Por tanto, la electricidad de origen renovable debería de tener prioridad de acceso. No sería admisible que esa interconexión fuese bloqueada por un contrato previo entre Red Eléctrica y EDF, por ejemplo. No estaríamos dando paso a la potencialidad que puede ofrecer la interconexión de mayor flexibilidad del sistema y mayor integración de energías renovables.

Nosotros somos partidarios de una mayor interconexión, pero creemos que hay que poner las condiciones que hagan realidad una red más flexible y más favorable al desarrollo renovable.

PREGUNTA.- En un principio, los biocombustibles parecían una solución a parte de los problemas energéticos, pero la experiencia acumulada ha puesto de manifiesto las desventajas en su utilización, debidas a cuestiones como su grado de eficiencia, dificultad de producción a gran escala o la interferencia con los mercados alimentarios. ¿Desde qué perspectiva ven en Greenpeace el uso y desarrollo de biocarburantes?

RESPUESTA.- No es una opinión fácil de resumir, debido a la amplitud del tema. Pero creemos que el uso de biocombustibles no puede ser una panacea, como mucho una parte de la solución al problema energético en el transporte en particular. Pero debe ser subsidiario de criterios ambientales reales, estrictos y que tenga unos mecanismos de control mucho más concretos y rigurosos que los que ha propuesto la Comisión Europea.

En las condiciones actuales, creemos que el 10% que se ha propuesto está fuera de la realidad y es negativo en sí mismo. Por tanto, no se debe mantener. En este caso se han hecho las cosas al revés, se ha impuesto primero un objetivo y luego se ha visto cómo se podría cumplir ese objetivo. Es preciso evaluar qué biomasa tenemos disponible. Creemos que es necesario dar prioridad a las de uso endógeno. Pero hay que conocer el recurso, definir los criterios ambientales, y a partir de ahí, establecer para cuánto nos dan esos recursos.

Lo que a día de hoy podrían dar los biocombustibles es una aportación muy baja. Si hoy, un 10% parece inalcanzable de forma sostenible, entonces ¿Qué pasa con el 90% restante? No hay perspectiva de que podamos resolver el problema ambiental del transporte por ese camino.

Lo cual no quita que haya que desarrollar las tecnologías de segunda y tercera generación. Eso es razonable, y es necesario ver hasta dónde se puede llegar.

En cualquier caso, todo parece indicar que el problema del transporte no parece que vaya a poder resolverse si no se afronta desde la perspectiva de la eficiencia energética del sistema. Hay que tener en cuenta que la forma más efectiva de utilizar hoy la biomasa es su conversión en calor y electricidad. Transformarla en un biocombustible no es la forma más rentable de utilizar esa cantidad de energía.

Pero volviendo al tema anterior, el gran problema del transporte es su ineficiencia. Seguimos funcionando moviendo el sistema con vehículos sobredimensionados, con un peso descomunal, cada vez mayor, con un sobreconsumo, con motores de gran ineficiencia, que, básicamente, son los mismos que se diseñaban a principios del siglo XX. Los fabricantes de automóviles no han dado un salto tecnológico en eficiencia energética porque nadie se lo ha exigido.

Sea cual sea el combustible que haga funcionar el sistema de transporte, ese combustible debe tener unas exigencias de eficiencia energética que hoy por hoy no se han puesto, porque los fabricantes de automóviles son un lobby suficientemente activo y eficaz para bloquear cualquier propuesta en ese sentido. Por lo tanto, el primer asunto pendiente sería reducir a 120 gramos de CO2 por kilómetro recorrido en un plazo inmediato, para 2012. Y para 2020, 80 gramos. Eso ahorraría mucho más petróleo que el empleo del 10% de biocombustibles.

PREGUNTA.- Sobre la posible OPA de EDF por Iberdrola, en caso de que ésta se produjera, ¿cuál es la posición de Greenpeace, teniendo en cuenta que EDF es una compañía con una gran participación de energía nuclear?

RESPUESTA.- Nos preocupa mucho esa posibilidad. Nosotros, como organización ecologista, somos independientes de cualquier empresa y de intereses económicos y políticos y no tomamos partido por una u otra compañía. En ese sentido, no nos importa quién sea dueño de una empresa.

Pero sabemos que EDF obedece a las instrucciones del Estado francés, que entiende la energía nuclear como una apuesta estratégica por razones militares y políticas. Eso le lleva a un diseño de empresa condicionada intrínsecamente por la energía nuclear.

Es absurdo que pretenda entrar en España, donde ya se cometieron bastantes errores con el tema nuclear, una empresa con esa óptica y que viene a quedarse con una de las mayores eléctricas españolas.

Además, Iberdrola -que también es significativamente pronuclear- es una empresa en la que se ha visto una evolución clarísima en los últimos años. Siendo una empresa tradicional como las demás, que representaba el establishment eléctrico, y que ha hecho una apuesta estratégica por las energías renovables, que se ha visto refrendada por los hechos y que se ha puesto a la cabeza mundial en el sector… sería lamentable que eso se viese truncado por otra empresa a la que no le importan en absoluto las energías renovables y cuyo principal interés es la energía nuclear.

Eso nos preocupa mucho, y esperamos que esa operación no salga adelante.

Esto tiene una relación directa con todo lo que se está discutiendo en el Consejo Europeo sobre la separación patrimonial de las empresas. Cuando un sistema eléctrico entero o una parte importante cae en manos de otro, y los consumidores y el propio Estado lo ven con ojos atónitos, tiene que ver con la concentración de poder en el sector eléctrico. Eso es incompatible con un mercado liberalizado, pues un mercado liberalizado exige una separación horizontal real y completa. O se está en el mercado liberalizado, o en el mercado regulado, por tanto un generador no puede tener redes. Las redes son, lógicamente, una actividad regulada.

Hay que tener en cuenta que las compañías que más se oponen a esa liberalización eléctrica son E.On, EDF y RWE. Los grandes lobbys eléctricos europeos que están en toda la cadena y no están dispuestos a ceder ese poder. Eso les da un poder antimercado inaceptable, que hay que romper allí y aquí.

Lo mismo ocurre con las grandes eléctricas españolas: tienen un poder añadido por el mero hecho de ser distribuidores, que les permite tener una influencia sobre agentes terceros que no es aceptable.

Esta situación debería poner de manifiesto de una vez por todas la necesidad de una separación patrimonial completa.

“El Gobierno debe aceptar una dosis de riesgo en el papel de los órganos reguladores”

PREGUNTA.- En el capítulo que ha escrito usted del libro, hace una reflexión sobre dos cuestiones relacionadas con la articulación institucional en el mundo energético. Por un lado, el regulador independiente, la CNE, y por otro el Gobierno, así como la interrelación entre ambos. Destaca que el Gobierno tiene que perder miedo a buscar un regulador más independiente, y por otro lado, que se ha centrado en los últimos tiempos en una regulación muy de detalle.

RESPUESTA.- Creo que el Gobierno debe aceptar una cierta dosis de riesgo, aunque sea controlado. Ese riesgo consiste en prescindir de ciertas funciones en su tarea de regulación estricta para concentrarse en orientaciones mucho más estratégicas.

Los servicios profesionales de la Comisión Nacional de Energía que se dedican a la regulación, además de competentes, son infinitamente más numerosos que los que están al servicio del Gobierno en la Secretaría General de Energía. En ésta última tienen que estar presentes titulares muy potentes, muy capaces, con gran visión, pero cuyos medios están muy alejados de la función que en última instancia debe tener.

El Gobierno debe estar más orientado a una tarea que es imprescindible y en la que nadie puede sustituirle. Se trata de los temas de seguridad, de planificación estratégica, de reorientación estratégica del sector… Esta tarea no va a recaer ni sobre el mercado, ni sobre ningún regulador.

El Gobierno no debe estar tan centrado en regular aspectos concretos en órdenes ministeriales, decretos o la primas, lo que le tiene inmerso en efectos retributivos de las mismas. Estas cuestiones le restan capacidad y concentración para resolver los problemas en los que el Ejecutivo sí es competente.

La Comisión de Energía, bien orientada, ha de ser inmune a cualquier intromisión de los regulados. Hoy, salvo pocas cuestiones, las resoluciones de la CNE son recurribles ante su superior jerárquico (el Ministerio). Eso pone de manifiesto la existencia de inseguridad en la propia Comisión, y demasiadas veces en el último año hemos asistido a las desautorizaciones del Ministerio a la CNE.

El sector debe de contar con una ley y unas normas claras. Al Gobierno y al Parlamento les corresponde orientarlas, y a la Comisión le corresponde preparar el marco técnico de las mismas. El Gobierno debe dedicarse a cuestiones más globales, estratégicas y menos de detalle.

PREGUNTA.- ¿En principio, como resultado de esta relación entre la Comisión Nacional de Energía y el Gobierno, también hay actores que han cobrado un papel relevante en el ámbito energético, como es en el operador de transporte y de red, en este caso, Red Eléctrica. Desde algunas instancias se señala que su capacidad de influencia o de condicionamiento regulatorio es muy importante. En el contexto del debate europeo sobre la articulación del debate de como organizar la operación del sistema y transporte (ISO o TSO), ¿cuál considera que debe ser el papel de los operadores? ¿Deben estar integrados el transporte y el sistema?

RESPUESTA.- España acertó cuando configuró la actual Red Eléctrica. Fue la única nacionalización que hizo el Gobierno en 1982, en la red de alta tensión. Y a partir de ahí se creó la figura del TSO, relativamente novedosa, y que hoy resulta ser el modelo arquetípico. Un modelo que hemos exportado y que ha servido de inspiración a otros países. También ha servido para garantizar un cierto grado de neutralidad, y para convertir el transporte y la operación del sistema en un ejercicio muy técnico, muy profesional, muy bien llevado. En mi opinión, podemos sentirnos razonablemente satisfechos por esa actividad en concreto a lo largo de su historia.

Yo soy partidario de hacer una definición y distinción clara entre transporte y distribución y distribuir estas actividades entre distintos agentes, sin volver a mezclarlas. Hay determinadas actividades que, cuando no se separan con suficiente claridad, provocan dificultades a la hora de atribuir responsabilidades (léase el caso del apagón de Barcelona y otros incidentes recientes). Cuanto más avancemos en esa separación, mejor.

PREGUNTA.- En materia de política exterior energética, en 2007 hemos estado muy pendientes de la relación con Argelia por la cuestión del gas. Y también de determinados movimientos corporativos, como la configuración del gasoducto Medgaz y la participación de determinadas empresas españolas en él, como Gas Natural e Iberdrola. ¿Cuáles deben ser las líneas estratégicas de la política exterior en materia de energía?

RESPUESTA.- Algunos intereses nuestros son claros. Argelia es nuestro proveedor y lo seguirá siendo. La asociación con este país ha sido fructífera, a pesar de los problemas y las dificultades que Argelia ha tenido, y su situación política, económica y social. Eso siempre ha funcionado bien.

Además, no tenemos fuentes alternativas que puedan competir razonablemente para un determinado tipo de suministros. Por ello es bueno mantener, consolidar y reforzar esa cooperación, ya que Argelia es prácticamente insustituible, a pesar de la diversificación que llevamos practicando desde hace años para contar con suministros de muchos otros lugares.

Debemos no olvidar que España es un país del sur, mediterráneo, y relativamente fuera del eje central de la Unión Europea, lo que implica que la política energética de la UE se haya centrado mucho más en los intereses y objetivos de los países centrales, tanto en términos de situación geográfica como de peso político.

Por tanto España debe llevar a cabo políticas bilaterales y directas con los países suministradores, hacerse oír y conseguir que la orientación de la política energética europea no sea sólo sensible a los países centrales, sino también a los países mediterráneos.

Al igual que Europa tiene que formar parte de los foros multinacionales, España debe, a través de la Unión, o por propia iniciativa, formar parte de los más amplios foros en los que se debaten cuestiones no siempre relacionadas con intereses energéticos, sino de cooperación.

Puesto que el tema de la seguridad energética es clave, el factor de cooperación internacional es piedra angular de cualquier política de defensa de intereses en la que se deban conjugar los intereses propios y los ajenos. En esos foros, España tiene que dar la mejor imagen posible y usar la mejor de sus habilidades para conseguir que su contribución haga factible la defensa de sus propios intereses y necesidades.

PREGUNTA.- Usted ha tenido responsabilidades de gobierno en varios ministerios. Además, la primera reforma del sector eléctrico se realizó cuando usted era Ministro de Industria. Si tuviéramos que elaborar una guía de cuatro o cinco cuestiones prioritarias para la próxima legislatura en términos de política energética, ¿cuáles señalaría?

RESPUESTA.- Hay muchas cuestiones de detalle que seguramente deben figurar en la agenda del secretario general de Energía o del ministro de Industria. Uno de los temas fundamentales es el de la tarifa, el déficit tarifario como problema y la articulación de la tarifa de último recurso en el marco del proceso de liberalización del mercado eléctrico.

Algunas cuestiones relacionadas con criterios de retribución están todavía insuficientemente tratados. Hablamos de garantía de potencia, aunque es una cuestión relativamente resuelta. También podría resultar necesario retocar las cuestiones relativas a emisiones de CO2.

Es muy importante conseguir una estabilidad en los criterios retributivos. Se habla de la necesidad de seguridad jurídica, pero es muy difícil que no haya retoques posteriores. A veces se producen desviaciones no previstas, como ocurrió con las fuentes renovables. Puede que sea necesario aplicar retoques, pero los criterios retributivos deben de ser estables.

Y en lo referente a las tarifas industriales, en ese ámbito todavía hay quienes se encuentran a gusto fuera de la retribución de mercado, pues el marco de regulación tarifaria actual resulta muy beneficioso para ellos. Los grandes consumidores de energía a menudo cuentan con tarifas que son resultado de un acomodo que tendrá que acabar siendo parcialmente modificado. Las eléctricas creen que estos sectores tienen que pagar más y probablemente tenga que producirse algún cambio, pero eso afectará a la competitividad de las empresas. Por el momento no hay acuerdos.

El problema principal es contar con una regulación que sirva para fiarnos de las señales que vienen de los precios. Introducir mecanismos para evitar el abuso del mercado es importante para que ni la Administración, ni los ciudadanos, piensen erróneamente que estamos ante un mercado competitivo pero que realmente se trata de un mercado colusorio, no transparente y manipulado. El mercado debe ser competitivo, transparente, eficiente, que incentive las diferentes tecnologías mediante retribución de inversiones, pero que al mismo tiempo no sea un mercado influido exclusivamente por la oferta sino también por la demanda.

En resumen, son cuestiones fundamentales el déficit de tarifa, las tarifas, el ahorro y eficiencia energética y fomento de las energías renovables, teniendo en cuenta los compromisos de lucha contra el cambio climático y los adquiridos en el marco del protocolo de Kyoto.

PREGUNTA.- ¿También incluiría en ese grupo los cambios institucionales de la CNE que usted apunta?

RESPUESTA.- Ese no es un tema inmediato, entre otras cosas porque hay un mandato para la Comisión, y eso también tiene sus plazos. No obstante, la orientación de estos cambios deben ir dirigidos a lo que antes le comentaba sobre los papeles de la Comisión Nacional y la Secretaria General de Energía.

PREGUNTA.- ¿Cómo valora medidas como el mecanismo de otorgamiento y detracción de los derechos de emisión de CO2?

RESPUESTA.- Esta es una cuestión que ha suscitado polémica. Se ha hecho en forma de decreto-ley para poder efectuar ajustes posteriores. Las compañías no están de acuerdo en la forma en que se ha llevado a cabo esta asignación de derechos ni en la detracción de los mismos. También son diferentes las posiciones según las distintas compañías en esta materia.

PREGUNTA.- De una forma general, incluso por parte de UNESA, se ha criticado esa detracción…

RESPUESTA.- La detracción en sí me parece menos discutible. Creo que eso tiene su sentido, otra cosa es el cómo y con qué criterios se ha realizado.

PREGUNTA.- ¿Añadiría algo a todo lo dicho en la entrevista acerca de la posible opa de EDF sobre Iberdrola?

RESPUESTA.- No se puede ser insensible a la concentración sabiendo que puede significar poderes que podrían usarse contra el consumidor. En España hemos tenido cuidado de no propiciar una suma de las empresas nacionales en una única. Y, aunque estemos bajo la ficción de un mercado europeo, todavía no estamos en un mercado continental. Seguimos siendo un mercado español en muy buena medida.

En el mercado europeo no compiten todas las empresas para producir la mercancía (electricidad) que necesitamos los españoles, sino sólo las empresas que se encuentran en la Península, que son un número limitado, aunque exista la posibilidad de que en el mercado entren corporaciones de distintos países.

Habría que darle una vuelta de tuerca al ejercicio de la competencia en el mercado español. Operaciones que hasta ahora han sido consideradas escasamente viables a la luz de los precedentes del Tribunal de Defensa de la Competencia, o del propio Gobierno, podrían ser posibles. La situación que se está produciendo en la UE puede hacer pensar que dadas ciertas circunstancias, garantizando ciertos aspectos de competencia. No es imposible pensar en algunas operaciones de concentración en el mercado español que hagan que las empresas existentes tengan algo más de peso o más de fuerza, sin por ello dejar de competir o ser menos rivales en el mercado.

Estoy en contra de la asimetría existente. Nunca he tenido problema en defender empresas públicas si actúan en las mismas condiciones que las empresas privadas, pero sí si las empresas públicas son simplemente delegaciones del gobierno, no se pueden tener un trato equiparable. No es posible comprar empreass en Francia, pero Francia sí puede comprar una empresa española. No es razonable mantener esta situación.

“En términos de competitividad y apertura de mercado, España, tan sólo por detrás del Reino Unido, está muy por delante de la mayor parte de los países continentales”

PREGUNTA.- ¿Cómo ve usted el futuro del mix energético español, teniendo en cuenta el tratamiento que le da en esta obra a las energías renovables, al apoyo económico que el Estado otorga a las renovables? ¿Cómo se tiene que articular?

RESPUESTA.- La situación en España hace que tengamos que centrarnos en un concepto como el más relevante, y en nuestro caso, ese concepto es el de la seguridad de suministro. El precio y la existencia de un sistema competitivo también son relevantes, pero para poder asegurar el proceso de crecimiento de un país en el medio y el largo plazo, contar con suministros en forma, calidad y precio es primordial. La situación global se ha complicado mucho en términos de seguridad energética, y hay que partir de ese planteamiento a la hora de definir el mix energético español futuro.

En mi opinión, España necesita convertir la dimensión de la seguridad energética en un vector fundamental de su política exterior. Y para eso es necesario que los Ministerios y el Gobierno en pleno sean conscientes de que ésta es una dimensión muy relevante de su acción. Esto significa que, además de actuar individualmente, debe hacerlo multilateralmente y en el seno de la Unión Europea.

La orientación geoenergética y geoestratégica de la UE está enfocada principalmente al Centro y el Este de Europa. Por el contrario, las prioridades de España se centran en el Sur y en el Mediterráneo, debido a nuestros abastecimientos energéticos. Es capital conseguir que Europa sea sensible y solidaria con las preocupaciones energéticas de España.

No podemos olvidar que los problemas de abastecimiento recientes entre Rusia y Ucrania no son puntuales y que, con el aumento de la demanda de los grandes gigantes orientales, las tensiones no van a hacer más que aumentar.

Por lo tanto, no se debe eliminar ninguna de las opciones posibles, ya que cada una puede tener un papel. Necesitamos un mix variado, en el que las renovables tienen un papel fundamental. Son prioritarias para España y para Europa y constituyen oportunidades tecnológicasy de configuración de un sector importante incluso para la exportación. España ha desarrollado una gran capacidad y experiencia en este sector y es importante que continúe.

Las renovables presentan un evidente problema de costes, pero lo que es ilógico es que alguien piense que las energías renovables son o tienen que ser baratas. Puede que sean muy caras, o relativamente más caras, en una escala temporal, pero suponen una gran contribución a la reducción de gases de efecto invernadero.

PREGUNTA.- ¿Qué oportunidades se vislumbran para la energía nuclear?

RESPUESTA.- Mi opinión al respecto es que en España no tenemos un horizonte tan despejado hacia el futuro como para poder abandonar esa opción, y la evolución de los precios de los combustibles en los mercados internacionales ha contribuido a darle mayores posibilidades. Es decir, no nos podemos cerrar puertas en este sentido.

La nuclear cuenta con ventajas, sin duda, pero también con inconvenientes, como es la gestión de los recursos y también el rechazo social. Esto es consecuencia, desde mi punto de vista, de un historial de discursos no muy precisos, o de acumulación de decisiones de inversión que más tarde se convirtieron en insostenibles y que prácticamente derivaron en la quiebra del sistema eléctrico español.

La moratoria nuclear es un ejemplo de solución financiera para el problema que surgió entonces y que más tarde, aunque no sin razones, ha sido utilizada de forma fundamentalista en contra de la energía nuclear. Otro motivo por el que ha sido una energía más cara aquí que en otros países es porque en España hemos tenido todas las tecnologías nucleares de la época, lo que nos ha llevado a ser muy ineficientes porque hemos construido centrales sin aprender de una para la siguiente. Por esto también se dispararon los costes en su momento.

Hay que reconsiderar algunas de las razones por las que la opinión pública española ha sido tan crítica con la nuclear, pero es necesario evaluar los pros y los contras, y que el debate se haga con sosiego, y ni se nieguen los problemas ni se incurra en apriorismos. Algunas de las razones que se utilizaron en el pasado no tienen vigencia hoy. Las razones de coste han adquirido una dimensión diferente.

PREGUNTA.- ¿Cómo valora el esfuerzo de la sociedad española en materia de eficiencia y de intensidad energética? ¿Las políticas han sido suficientemente efectivas?

RESPUESTA.- Menos de lo debido, es decir han sido insuficientes. La política oficial ha vuelto a recuperar un viejo instrumento que se utilizó en los años 90 –los mecanismos de gestión de la demanda-, y otros, que sirvieran para racionalizar el consumo.

Los planes de ahorro y eficiencia energética han cobrado más intensidad en la última legislatura. Hoy es común en la política de la Unión Europea la búsqueda de unos niveles de ahorro de cerca del 20%, y también es cierto que la forma más eficiente de poder abastecer la demanda es evitar que ésta crezca o incluso conseguir que se reduzca. Esto sería muy positivo tanto desde el punto de vista de la reducción de emisiones como por lo que respecta a la eliminación del derroche.

Reducir la demanda a través de la eliminación del derroche no es sólo cuestión de estímulos morales y consideraciones educativas (que son necesarias). Pero el papel de los mecanismos de precios en una economía de mercado es fundamental.

Uno de nuestros problemas es que nos planteamos un discurso que va en dos direcciones opuestas y contradictorias: queremos una economía baja en carbono, con gran participación de renovables, muy eficiente y en la que el consumo de energía por unidad de producto sea cada vez menor; y queremos todo eso sin pagar ningún coste y sin tener que cambiar nada. Pero eso no es posible. Para cambiar el comportamiento de los agentes sociales es necesario establecer las señales de precio adecuadas.

En lugar de eso, el discurso está permanentemente basado en la búsqueda de precios más bajos, y no estamos trasladando en la justa medida las elevaciones de los costes de producción a los precios finales, por lo que no estamos dando a los ciudadanos las señales adecuadas.

Los análisis que se han hecho de las crisis energéticas de los años 70, 80 y 90 ponen de manifiesto que sólo cuando se produce una crisis es cuando se hace un verdadero esfuerzo por conseguir eficiencia energética y por reducir el consumo de energía por unidad de producto. Si la energía es barata y abundante, lógicamente, no nos preocupamos por ella. Pero si tenemos ante nosotros un panorama distinto, no podemos actuar como si no tuviéramos ningún problema.

La experiencia de los años 70 introdujo cambios muy importantes en las tecnologías productivas y un aumento de la eficiencia, un modelo que ahora tenemos la necesidad de seguir impulsando. El nuevo modelo de crecimiento que debemos buscar no puede tener la misma combinación de factores productivos. Los precios deben reflejar la escasez de los recursos energéticos.

Nuestro modelo de crecimiento ha sido extremadamente voraz, en términos de consumo energético, en los últimos años, quizá porque teníamos un nivel de vida más bajo que otros países vecinos. Y aunque la industria había realizado mejoras significativas hacia un modelo más eficiente, en los sectores difusos la situación es manifiestamente mejorable.

PREGUNTA.- ¿Cómo valora la existencia del sistema actual de tarifas y del déficit tarifario?

RESPUESTA.- En primer lugar, hay que señalar que las compañías no son las que tienen este problema, puesto que se les reconoce un déficit que saben que el Estado se lo va a pagar.

El problema lo tiene la economía y la sociedad y deriva del hecho de que nosotros no pagamos una factura que van a tener que pagar nuestros hijos. Lo que estamos haciendo es laminar una deuda que tenemos como consecuencia de un déficit tarifario que ha sido creciente. No es tanto un problema financiero sino un problema de falta de percepción de la realidad. Nos parece que la energía es barata porque las tarifas que estamos pagando recogen la elevación de precios tan lentamente que estamos difiriendo para el futuro el coste que deberíamos de estar pagando ahora.

Ésta es una de las cuestiones que habrá que abordar en esta legislatura, pero no es tarea fácil. En la pasada legislatura se ha entró en un período más razonable que en la anterior, en la que se desvinculó totalmente el precio real de la tarifa eléctrica. Sin embargo, los esfuerzos realizados en el último Gobierno son insuficientes y siguen produciendo déficit.

PREGUNTA.- ¿Qué opina sobre la aplicación de la tarifa eléctrica de acuerdo con unos tramos que se adecuen a los niveles de consumo?

RESPUESTA.- De acuerdo con lo que está planteado, a partir del 2009 no se producirá una diferencia de tarifas según consumo, solamente se puede decir que se aplicará la tarifa de último recurso, para todos los consumidores domésticos y para algunas pequeñas y medianas empresas.

Aparte de las tarifas de último recurso, quizás quepa alguna modulación en el sistema de precios, y serían los comercializadores quienes tendrían que decidir cómo actúan. Pero sí es cierto que en el caso de la tarifa de último recurso, seguramente se puedan establecer tramos diferentes para las personas que tienen un consumo mínimo.

PREGUNTA.- ¿Cómo valora el grado de liberalización del mercado eléctrico español, teniendo en cuenta que existen corrientes críticas hacia el modelo de liberalización e incluso abogan por uno más intervencionista, o incluso la supresión de los esquemas marginalistas de casación de precios en el mercado?

RESPUESTA.- Creo que el mercado existe como una consecuencia de la regulación, porque existe un Estado. No puede haber un mercado sin un organismo o ente capaz de imponer unas reglas.

A menudo, cuando se habla de mercado existe la percepción de que el Estado es enemigo del mercado. Ésa es una gran equivocación, puesto que es el único capaz de garantizar los principios para el funcionamiento de un mercado, y mucho más cuando existen poderes desiguales.

Nuestra regulación necesita ser convenientemente perfeccionada. De hecho, el diagnóstico que hizo Pérez Arriaga en su Libro Blanco de la Electricidad sigue siendo una buena guía de orientación para tratar de hacer frente a algunos de los problemas que teníamos pendientes.

Es probable que, de no haberse producido la opa por Endesa, los avances en la regulación durante estos últimos dos años hubiesen sido mucho más tranquilos. Pero a pesar de ello, una parte de las prescripciones que estaban en el Libro Blanco se han ido cumpliendo.

Hay otra cosa que es necesario tener en cuenta. No se puede preparar una regulación sin saber lo que está ocurriendo en la estructura del mercado. Y hay ocasiones en las que la formalidad de las reglas de la competencia con unos o con otros actores no tiene el mismo valor, dependiendo del poder que tengan estos actores.

Preguntarse sobre el grado de competitividad y de apertura del sector español lleva a distintas respuestas si nos comparamos, por ejemplo, con Francia o Alemania, o con otros países como el Reino Unido. En estas cuestiones, España se sitúa en un punto intermedio. Nuestra orientación pro-competitiva está muy por delante de la mayor parte de los países continentales después del Reino Unido, o quizás de los países nórdicos, pero todavía nos queda mucho trabajo por hacer. En España ya operan en el mercado eléctrico 6 ó 7 actores, con independencia que dos de ellos tengan mayor participación en el mercado, aunque decreciendo.

Creo que hay que seguir con mucha atención los movimientos corporativos que se están dando porque la regulación tampoco puede ser independiente de estos movimientos. No hay que mirar hacia atrás, sino perfeccionar nuestros mecanismos de establecimiento de precios, subastas, mercados a plazo, etc., que van introduciendo densidad, sofisticación e incluso reducción, en algunos casos, de la potencial utilización del poder de mercado que tienen algunos de los actores.

En todo este proceso, no podemos dejar de ser conscientes del entorno que nos rodea. Mientras en la Unión Europea sigan existiendo las reglas actuales, no ganamos nada transmitiendo el mensaje de que existe la posibilidad de que empresas extranjeras puedan comprar en España pero ellas no pueden ser compradas. No sólo no ganamos nada con eso, sino que además estamos perdiendo capacidad de ampliar el perímetro de los intereses españoles en el resto del mundo.

Si en España jugamos a ser más exquisitos que en el resto de Europa a la hora de respetar las reglas de juego, cuando en el resto de Europa se han ido generando los campeones nacionales, inasequibles para ninguna empresa extranjera, entonces nos encontramos en el peor de los mundos posibles. Ofreciendo apertura y simplemente entregando a las empresas a monopolios estatales de otros países.

Es un problema de asimetría en Europa. Parece que la UE no creyera que se fueran a producir fusiones transnacionales de la magnitud que estamos presenciando. Las reglas sobre las que se fundamenta el mercado europeo son reglas hechas para circunstancias distintas a la realidad del mercado energético, y con una ficción de existencia de mercado que no cumple las mínimas exigencias.

(Segunda parte de la entrevista, mañana)

«Las primas a la energía eólica no constituyen una ayuda, sino una forma compensatoria de crear un mercado en el que todos tengan las mismas oportunidades»

PREGUNTA.- El 2007 ha sido a menudo definido como un año de gran inseguridad jurídica. Sin embargo, ha terminado con un récord de instalación de energía eólica y de fotovoltaica. ¿Cómo se referiría al último ejercicio?

RESPUESTA.- Ha sido un año de consolidación, en el que ha sido necesario estar pendientes de cómo podrían afectar los cambios regulatorios al futuro desarrollo de la energía eólica. La redacción del decreto (661/2007) permite la continuidad del desarrollo de la actividad eólica aunque con unos parámetros ligeramente diferentes. Por otro lado, se abren nuevas perspectivas gracias a los objetivos planteados, y hemos vislumbrado la capacidad de alcanzar 40.000 MW en España, lo que crea unas expectativas muy importantes de cara al futuro de este sector.

PREGUNTA.- ¿Qué es lo que ha ocurrido para que haya resultado, por una parte, un año de intranquilidad para el sector, y por otro, se hayan registrado récords en la instalación de potencia?

RESPUESTA.- Han coincidido una serie de factores, no hay una única causa para explicar estos hechos. Entre estas circunstancias figura la maduración del mercado, de una cartera de proyectos que venía de años anteriores, o el intento por parte de algunos promotores de acogerse a la legislación anterior.

PREGUNTA.- ¿Puede decirse que algún gobierno ha favorecido más a la energía eólica, o a las renovables en general, que otro?

RESPUESTA.- Si algo caracteriza a España en este momento es el gran consenso social y político en el ámbito de las energías renovables, difícil de encontrar en otros países de nuestro entorno.

Las energías renovables recibieron inicialmente el apoyo del Partido Socialista, nacieron con él, florecieron durante los Gobiernos del Partido Popular y ahora han continuado con el Partido Socialista. Ahora existe una gran confianza sobre el hecho de que, gane quien gane, nuestro sector va a seguir en marcha. Ya no se trata exclusivamente de energías renovables, sino de un sector económico e industrial. Es difícil calcular con exactitud el número de empleos directos, pero son miles de puestos de trabajo creados y cuenta con una capacidad de generación de riqueza muy importante. En 2007 las exportaciones superaron los 1.500 millones de euros. Creemos que cualquier nuevo Gobierno tiene que valorar, por un lado, la importancia de los acuerdos ambientales internacionales, y por otra parte, la importancia económica que tiene el sector. Y eso debe hacerlo antes de tomar cualquier decisión.

PREGUNTA.- Lo que sí parece que viene entendiéndose, cada vez más, es que la energía se ha convertido en un vector económico. Y las energías renovables van a tener mucho que ver con el desarrollo industrial y económico de España y del mundo.

RESPUESTA.- El cambio tecnológico que suponen las renovables va a producirse inevitablemente. En España ya perdimos la oportunidad de desarrollo con el ferrocarril; mientras que en otros países fue un fenómeno que produjo una industrialización adicional, en España no se dio una revolución tecnológica adecuada y nos limitamos a importar la tecnología.

Si trasladamos este hecho al presente, podemos comprender fácilmente que, o desarrollamos nosotros la energía renovable, y hacemos que afecte al entorno como en su día ocurrió con el ferrocarril, o seremos colonizados, pero sin impacto industrial. Se ha hecho bien, y hoy en día poseemos un sector industrial tecnológicamente muy potente, muy competitivo –Gamesa es el segundo fabricante mundial-.

El sector no es, como a menudo se piensa, un vampiro de la economía, que drena los recursos dedicados a las renovables; es un sector que está aportando mucho a la economía española. Hay pocos sectores de alto nivel tecnológico con un amplio futuro en el que España tenga este posicionamiento de líder. Los políticos deberían de mimar el sector eólico, para no perder la posición que tenemos.

PREGUNTA.- Siguiendo por esa línea, ¿cree que se está cuidando suficientemente al sector? Es decir, con el apoyo actual, ¿cree que España tiene las mismas posibilidades de seguir siendo líder del mercado mundial en energía eólica?

RESPUESTA.- Bueno, hablar de “suficientemente” es difícil, pues siempre hay posibilidad de ver la botella medio llena o medio vacía. Pero a todo inversor le interesa la estabilidad. No nos gusta que se esté cambiando constantemente el marco legislativo, pues cada vez que se produce un cambio, se establece como algo duradero, y la realidad es que sólo es válido hasta que se produzca el próximo período electoral o el próximo cambio de ministro. El sector necesita estabilidad para poder trabajar.

Será interesante ver lo que ocurre después de que alcancemos los 20.150 MW. A nosotros nos gustaría que el marco regulatorio que surja en ese momento se asemeje lo máximo posible al sistema actual.

PREGUNTA.- La energía eólica es una de las más maduras del sector de las energías renovables. ¿Cuándo dejarán de necesitar ayudas, teniendo en cuenta que el mercado eólico ya es un mercado desarrollado?

RESPUESTA.- Desde mi punto de vista, no se trata de ayudas, sino de formas compensatorias de crear un mercado en el que todo el mundo tenga las mismas oportunidades. En el mundo de la energía nos encontramos con un supuesto mercado que no es tal, puesto que no existe una oferta y una demanda que generan un precio de intercambio. El precio de cualquier fuente de energía está motivado por una serie de cuestiones políticas y de condicionantes; y todos los costes no están repercutidos en las energías.

La prima trata de compensar la no internalización en las fuentes de energías convencionales de todos sus costes. De lo contrario, se obliga a las renovables a ser competitivas, pero con una mano atada a la espalda, por lo que no se compite en igualdad de condiciones.

El desafío de la energía eólica es que llegue un momento en que pueda ser independiente de las decisiones de los políticos. Se intenta reducir los costes de la energía eólica, pero al mismo tiempo las materias primas para su construcción se encarecen como consecuencia del crecimiento de la demanda de los países emergentes.

Los costes de promoción también son más altos; los emplazamientos en los mercados más maduros tienen una curva marginal decreciente; es un sector muy intensivo en I+D, en cuyo mercado se demandan cada vez más aerogeneradores con características diferentes. Se nos pide una cada vez mayor calidad de integración de la energía, impacto ambiental, ruido… y todo eso acarrea unos costes.

Otro condicionante es que estamos introduciendo nuevos aerogeneradores en el mercado sin haber amortizado aún los anteriores, lo que genera una estructura de costes que no es la que podría hacer bajar los precios. Los aerogeneradores hoy son mucho más fiables, más robustos, dan una mejor calidad, se integran mejor en la red, tiene un menor impacto ambiental y menores niveles de ruido.

PREGUNTA.- Comenta que la inversión en I+D+i es constante. Ya existen aerogeneradores de unos 6-7 MW. Al igual que los generadores de hace diez años no llegaban al megavatio, o incluso a la mitad, y hoy se fabrican de 2,5 e incluso 3 MW, ¿dónde podría estar la tecnología eólica en un plazo de entre 5 y 10 años?

RESPUESTA.- El desafío está, más que en crecimiento por unidad de potencia, en otro tipo de aspectos. Creemos que para seguir creciendo, el sector tiene que responder a desafíos como el de quebrar la relación “mayor potencia-mayor precio”. Es decir, no porque un aerogenerador sea más potente tiene que ser más caro, sino al contrario.

Además hay que resolver problemas logísticos. En muchos países, se da lo que yo denomino “la ecuación perversa de la energía eólica”: donde hay más viento, las poblaciones humanas no se han instalado. Esto suele derivar en que son zonas más protegidas medioambientalmente y con peores infraestructuras. A menudo es difícil llegar a esos emplazamientos con los aerogeneradores actuales, y lo será más si seguimos creciendo. Hay que buscar concepciones de aerogenerador que resuelvan estos problemas logísticos, reduzcan el ruido, estudien el impacto en las aves… La eólica marina también tiene que resolver sus problemas tecnológicos para que pueda convertirse en una alternativa real.

PREGUNTA.- ¿Puede ser España, por sus circunstancias geográficas, un país con gran potencial de desarrollar la tecnología eólica marina?

RESPUESTA.- Honestamente, no lo creo así. En España, la plataforma continental es muy reducida, y eso constituye un problema. Por otra parte, la reciente normativa que pretende evitar perjuicios al transporte también ha vetado algunas de las zonas más interesantes para este propósito. El potencial de España no es tan alto como parece y no se puede evitar la conexión a la red. Con lo cual, los mismos cuellos de botella de las infraestructuras de tecnología también están para la eólica marina.

El offshore tendrá un desarrollo importante a medio plazo en la plataforma continental del Mar del Norte. Se dan una serie de condiciones que benefician allí el desarrollo eólico. La competición con el offshore en esas zonas es positiva porque son zonas muy antropomorfizadas, no hay emplazamientos, salvo en Escocia. Pero no hay terreno para grandes parques en Alemania, Holanda, Dinamarca, o Suecia. Si los desarrollos tecnológicos alcanzan el grado de madurez necesaria, habrá un gran desarrollo en esa zona.

Pero mientras no se consiga reducir los costes de esta tecnología de forma importante, su desarrollo a escala global se verá muy limitado. Esto no quiere decir que no creamos en la tecnología marina; la apoyamos, y con fuerza. Pero estamos delimitando sus posibilidades en el momento actual.

PREGUNTA.- Respecto a la falta de gestionabilidad que caracteriza a la energía eólica, ¿tienen previstos los fabricantes y promotores de parques eólicos la instalación de sistemas de generación alternativa para suplir la falta de energía?

RESPUESTA.- Sí, esa es una de las líneas en las que se ha trabajado mucho, la falta de gestionabilidad. En ese sentido se puede decir que ha mejorado considerablemente la calidad de la energía que se integra en la red, y en este momento hay varios proyectos piloto de integración con centrales de bombeo, con hidrógeno, con otras fuentes de energías renovables combinadas. Es una línea que se ha barajado mucho. Una solución con la que nos gustaría contar en el futuro es poder definir parques eólicos que produjeran energía como una central energética convencional, de forma constante y previsible. Hay varios proyectos en esta línea.

PREGUNTA.- ¿Cómo han recibido el paquete de medidas de lucha contra el Cambio Climático propuestas por la Comisión Europea?

RESPUESTA.- Como todo lo que es nuevo, significa una gran oportunidad y al mismo tiempo, una amenaza. Es una oportunidad importante para consolidar y definir mejor lo que pasará en España después de los 20.150 MW, pues las empresas españolas ya no se limitan al territorio nacional, de modo que lo que ocurra en otros mercados europeos afectará a las empresas españolas. Existen grandes posibilidades en aquellos mercados que todavía no tienen unos marcos regulatorios adecuados para el desarrollo de la tecnología eólica.

Es necesario ser muy cuidadosos en la forma de proceder. La redacción de los primeros borradores ha sido preocupante, ya que generaban una especie de mercado único de certificados verdes en la UE y consideramos que todo aquello que desestabiliza el mercado no es bueno. Los certificados verdes son muy complejos y no se puede opinar sobre ellos si no se conocen todos los términos sobre los que se va a estructurar un mercado. Considerábamos que era un error dejar a los países la implementación a nivel nacional de los esquemas que ellos desearan, y que en todo caso el comercio de certificados verdes sólo puede ser obtenido por los países una vez que han alcanzado sus objetivos nacionales. La redacción final de esta directiva recoge todo esto, y es satisfactoria.

El plan de Europa para fomentar las renovables presenta un hueco adicional importante, y es que no establece un sistema de penalizaciones, por lo que los países no saben qué ocurrirá si no cumplen. Y no sólo eso: una línea de la directiva establece que, por causas de fuerza mayor, un país podría no cumplir con la norma. Pero no se define qué es causa de fuerza mayor.

Son dos aspectos que es necesario limar antes de que la directiva salga adelante.

PREGUNTA.- Como importante agente del sector eólico, y por su experiencia en Gamesa, su perfil profesional difiere en cierta medida del de su predecesor al frente de la Asociación Empresarial Eólica, Juan Carlos Martínez-Amago, un hombre procedente del sector bancario. Esta diferencia de perfiles, ¿influirá en el rumbo que sigue la Asociación?

RESPUESTA.- En absoluto. La Asociación trabaja muy unida. Tenemos una comisión permanente y trabajamos en equipo. Hoy en día, el sector eólico no es un sector monodireccional en el que sólo hay promotores o tecnólogos. Hay un componente industrial importante, un componente financiero igualmente importante, un componente de promotores. Formamos un gran equipo y tratamos de recoger todas las sensibilidades; creo que así lo hacía Juan Carlos, y yo no soy un presidente de una parte de un sector de la Asociación, sino de toda ella. Mi misión fundamental será recoger todas las sensibilidades, y hacer de la Asociación una casa común donde se busca explotar sinergias y defender los intereses del conjunto del sector.

He ocupado este cargo con un espíritu de gran responsabilidad, porque el eólico es un caso de éxito. Se ha consolidado muy rápidamente, con un ejemplo de calidad y profesionalidad por parte de sus empleados, y de cómo ha sido gestionada hasta ahora. Mi desafío es seguir consolidando la AEE, dar mucha atención a los aspectos técnicos de la asociación, al servicio que se da a los asociados de la capacidad técnica que tiene la AEE, con transparencia y constante diálogo con todas las empresas del sector. Un lugar común, donde todos vengamos a poner cosas en común, que unan y no que dividan, a seguir haciendo grande este sector entre todos.

PREGUNTA.- ¿Cómo ve la posible toma de control de Iberdrola por parte de EDF y, en su caso, ACS?

RESPUESTA.- Desde la Asociación no entramos a juzgar movimientos accionariales de las empresas. Creemos que el desarrollo de Iberdrola en la energía eólica ha sido modélico, y es muy bueno para España que haya una empresa líder a nivel mundial en el campo de promoción de las inversiones; nos gustaría que eso siguiera así. La composición accionarial de las empresas no es motivo de discusión en nuestra comisión permanente ni en ningún órgano de la Asociación.

PREGUNTA.- Hablando en términos de crecimiento económico y exportación, ¿en qué dirección se mueve la energía eólica española?

RESPUESTA.- La eólica española se está volcando en este momento en el mapa europeo, incluso en el mapa internacional, y está abandonando todas aquellas zonas en las que no es rentable. En estos momentos son fundamentalmente Europa, EEUU, el foco de atención de la industria eólica española. En menor medida, pero también de forma importante China, y por último, Latinoamérica. Son las zonas geográficas hacia donde se está orientando. La prioridad, Europa y EEUU.

«La detracción de los costes de los derechos de emisión de la tarifa eléctrica es una equivocación que no arregla nada y no beneficia a los consumidores porque contribuye a agravar el déficit tarifario»

PREGUNTA.- ¿Cuáles son los puntos principales que destacaría de su programa electoral en materia de energía?

RESPUESTA.- Teniendo en cuenta los tres grandes principios –seguridad de suministro, competitividad económica y sostenibilidad ambiental- que deben regir toda política energética, nuestro programa pone el énfasis en disponer de un sistema energético eficiente y competitivo. Para ello destacamos como puntos principales la necesidad de mantener una oferta energética diversificada, otorgando un papel creciente a las energías renovables; promover un desarrollo ambicioso de las infraestructuras energéticas; desarrollar la estrategia de ahorro y eficiencia energética y mejorar la seguridad y la calidad regulatoria de los mercados de electricidad y de gas, dando solución a los actuales déficit existentes.

PREGUNTA.- Dependencia energética y mix energético. ¿Cómo prevén abordar el alto grado de dependencia exterior de nuestro país en fuentes de energía primaria? ¿Qué papel tendrá, según su programa, la energía nuclear en el mix energético futuro de generación de nuestro país? ¿Cómo piensan sustituirla, en caso de reducir su participación o promover el cierre de las instalaciones actuales?

RESPUESTA.- Recuperar el fuerte impulso a la producción energética interna, especialmente la de origen renovable que proporcionamos con nuestra regulación (RD 436/2004), y desarrollar con intensidad y urgencia la Estrategia de Eficiencia Energética (E4), que también aprobamos a finales de 2003, son dos pilares fundamentales para reducir nuestra dependencia energética exterior. Junto a ello, la energía nuclear también contribuirá en la medida que nosotros propugnamos de mantener los actuales emplazamientos nucleares, e impulsaremos el uso de biocarburantes sostenibles, en línea con los compromisos europeos.

PREGUNTA.- Desde distintas instancias se estudia como fragmentar la cuota de mercado de las empresas eléctricas actuales que operan en nuestro país, aplicando más subastas y limitaciones a la actuación de las empresas. ¿Cómo valora el grado de liberalización del sector energético español? ¿Cómo valora el funcionamiento del mercado mayorista de electricidad y el grado de competitividad del mismo? ¿Qué medidas proponen en este sentido?

RESPUESTA.- Más que fragmentar la cuota de mercado de las empresas eléctricas actuales lo que resulta necesario es incrementar la competencia ligada a las conexiones internacionales que deben ser ampliadas cumpliendo las disposiciones del Consejo Europeo. Con sus limitaciones el mercado mayorista español ha sido de los que mejor ha funcionado. Es necesario impulsar el mercado bilateral y el mercado a plazo, para lo que sería bueno que la desaparición de la tarifa fomentase la unión de grupos de consumidores, sean particulares, pymes, agricultores o grandes empresas.

PREGUNTA.- En materia de la tarifa eléctrica, la legislación europea prevé la desaparición de la tarifa regulada. Además como Vd. conoce nuestro país va engrosando cifras cada vez mayores de déficit tarifario (insuficiencia de la tarifa para atender costes de generación) ¿Cuál es su posición en esta materia, abordar la subida de tarifas que equilibre los costes, aumentar el déficit tarifario de manera indefinida?

RESPUESTA.- Lo que está pasando en España es consecuencia de haber hecho desaparecer la metodología de tarifas que nosotros habíamos establecido hasta 2011, hasta que se hubiera concluido la moratoria nuclear y ya funcionase, por otra parte, el mecanismo de mercado y las mayores interconexiones internacionales. Como principio general los precios deben reflejar los costes bajo condiciones de eficiencia y esto lo tiene que materializar el mercado.

PREGUNTA.- Independencia de los reguladores. ¿Considera que es necesario abordar con celeridad esta cuestión en el ámbito energético? ¿Qué actuaciones proponen para aumentar la independencia del regulador energético, sobre todo teniendo en cuenta que se renuevan cuatro puestos una vez pasadas las elecciones?

RESPUESTA.- Reforzaremos el papel como órganos de control, regulación y consulta de la CNE y del CSN. Para ello:
– los Presidentes y Consejeros o Vocales: nombrados por el Congreso de los Diputados por mayoría 3/5 entre profesionales de reconocido prestigio, tras audiencia previa en Congreso.
– Autonomía administrativa y económica con presupuestos propios y más capacidad de decisión.
– Plazo del mandato del Presidente y Consejeros de 6 años no renovables. Renovaciones por tercios.
– Obligaciones de transparencia en información de decisiones acordadas.
– Comparecencia semestral en el Congreso de todos los Presidentes de organismos supervisores.

PREGUNTA.- ¿Cuál es la posición de su grupo político y del programa electoral de su partido en materia de energías renovables? ¿Cuáles serán sus actuaciones de cara a fomentar el desarrollo de las energías renovables? ¿Qué objetivos se plantean y a qué plazo?

RESPUESTA.- Elaboraremos una Ley de Energías Renovables para asegurar un marco legislativo y fiscal objetivo, transparente y predecible. Y también estableceremos una guía práctica para que todos los consumidores puedan disponer de la información necesaria para aprovechar su desarrollo. El objetivo es lograr el 12% a final de la legislatura y el 20% en 2020. En biocarburantes los objetivos son el 6% y 10%, respectivamente.

Junto a ello se debe impulsar al sector privado, a través de mecanismos eficientes de mercado, a realizar el desarrollo tecnológico que permita ganar en competitividad y ser predecible de cara a garantizar el suministro en puntas de demanda.

PREGUNTA.- Del mismo modo, ¿Qué se plantea en materia de reducción de emisiones de carbono? ¿Cuáles son los objetivos que se plantean? ¿Cómo actuarán en materia de la detracción de los costes de los derechos de emisión de la tarifa eléctrica?

RESPUESTA.- Nos planteamos cumplir con los objetivos y compromisos asumidos en relación con el protocolo de Kyoto, utilizando todos los mecanismos de flexibilidad permitidos. Esto significa que además del fuerte impulso de las renovables, el mantenimiento de los establecimientos nucleares y una estrategia ambiciosa en relación con el ahorro y la eficiencia energética, es preciso impulsar la repoblación forestal para mejorar el efecto sumidero y evitar la desertización y dinamizar las inversiones en energías limpias en países donde se permite utilizar este mecanismo de desarrollo limpio a efectos de cumplimiento de objetivo de emisiones.

La detracción de los costes de los derechos de emisión de la tarifa eléctrica es una equivocación que no arregla nada y no beneficia a los consumidores porque contribuye a agravar el déficit tarifario, embalsando un problema cuyo solución tendrá tarde o temprano consecuencias nefastas para los consumidores. En este tema, como en tantos otros, es sentarse con los sectores y ver cómo se pueden arreglar las cosas sin nuevos estropicios.

PREGUNTA.- Intervención pública en el sector empresarial español. El grado de liberalización del sector energético español es mucho más alto que en otros países. Del mismo modo, el sector público de otros países participa empresas como Enel o EDF y con un proteccionismo regulatorio mayor, lo que debilita la posición de nuestras empresas. En este contexto, ¿cómo ven una posible toma de control de Iberdrola por parte de EdF y, en su caso, ACS? ¿Se debería reclamar en la próxima legislatura a la Unión Europea, con mayor firmeza, una mayor simetría en los procesos de privatización y liberalización del sector energético?

RESPUESTA.- Hasta 2004 la intervención pública en el sector empresarial energético español ha sido neutra, salvo para garantizar la competencia y proteger los derechos de los consumidores y empresas españolas. Ahora que desde el Gobierno se han ofrecido señales de que las empresas energéticas españolas están en venta, vuelve al debate público el problema de la asimetría que representa que actúen con ventajas aquellas empresas que son monopolios públicos o en todo caso que tienen control público, lo que no propicia un sector energético europeo eficiente.

El Partido Popular cuando estuvo en el gobierno mantuvo una disposición en virtud de la cual se limitaban los derechos políticos de aquellas empresas públicas extranjeras que quisieran controlar nuestras empresas. Pero Bruselas dice que eso es atentar contra los principios europeos de libertad de movimiento de capitales y que el Tratado de Roma no prejuzga la propiedad pública o privada de los medios de producción.

Nosotros debemos argumentar que, al menos, se ponga el mismo celo en conseguir que haya mercado interior de la energía, que es la base sobre la que actúa el Tratado Europeo, mediante la exigencia de muchas más interconexiones internacionales de electricidad y gas, tal como ha indicado además el Consejo Europeo en varias ocasiones y especialmente el de Barcelona de 2002.

«Las peculiaridades del sistema eléctrico hacen difícil que el mercado pueda administrar eficazmente los recursos»

PREGUNTA.- ¿Cuál es su opinión sobre la situación de la competencia en el sector eléctrico?

RESPUESTA.- Desde nuestro punto de vista, la competencia no asegura grandes ventajas ni en el sector energético ni en el eléctrico en particular, puesto que existen elementos de monopolio natural, como las redes de transporte (que no pueden duplicarse). Aparte de eso, existen condicionantes ambientales, sociales y estratégicos. No parece que la competencia esté funcionando tan bien cuando encontramos que lo privado es más eficiente que lo público, y vemos cómo las grandes empresas públicas del sector eléctrico entran, o amenazan con hacerlo, en nuestro país.

Los condicionantes ambientales reducen la gama de disponibilidad de fuentes energéticas. Disponer de los recursos energéticos es determinante a la hora de fijar los precios. Y no hay ninguna garantía de que empresas más pequeñas, con menos recursos estratégicos, tengan más disponibilidad a la hora de acceder a estos recursos que empresas más grandes…

No entendemos que en un entorno de competencia eficiente se produzcan, de forma simultánea, beneficios récord para las compañías y un déficit tarifario altísimo. Ello hace dudar de que la competencia sea el mecanismo más razonable de suministro energético. Cuando en España existía el sector público, Endesa no era más ineficiente que Iberdrola.

Tampoco está claro que la electricidad producida por empresas con participación pública sea más caro que en empresas privadas. Creemos que lo más razonable es que siga existiendo planificación, y que los factores ambientales, sociales, tecnológicos y de seguridad de suministro hacen que sean más convenientes los grandes elementos con rasgos monopolísticos, siempre que puedan combinar reducción de impacto ambiental, precios razonables de la electricidad, apoyo a ciertos sectores industriales más o menos intensivos en este tipo de consumo.

El sector se empezó a liberar en el año 1997, han entrado nuevos agentes y sin embargo no se ha producido una reducción significativa en los costes, que han tenido que ver más con la fluctuación del precio de las materias primas energéticas en los mercados internacionales, que con la posible competencia o falta de ella en el sector.

PREGUNTA.- Se han creado las subastas de energía primaria para eliminar los supuestos abusos de poder de mercado de las grandes compañías. ¿Qué opinión le merecen?

RESPUESTA.- Las subastas de energía introducen elementos de mayor competencia dentro del sector eléctrico, pero el que existan muchos oferentes no significa necesariamente que los precios vayan a reducirse. Tiene más incidencia tener un buen contrato de suministro de una materia prima energética, una buena posición estratégica en los mercados, cierta capacidad de decisión… A pesar de que existe una competencia que en este caso es bastante limitada, no se obtienen todas las ventajas que cabría esperar de ella.

Tampoco creemos que la energía tenga que ser mucho más barata de lo que es en la actualidad y tendría que incorporar las externalidades, difíciles de cuantificar y siempre con cierto grado de arbitrariedad, lo que también distorsiona un mecanismo de competencia puro. Los mercados tienen unos grados de intervención administrativa inevitables; por ejemplo, si se asignan más o menos derechos de emisión, se pueden modificar los precios relativos de materias primas energéticas.

Con un carbón más barato que el gas, en 2007 11.300 MW de potencia instalada en centrales de carbón generaron más electricidad que casi 21.000 en centrales de gas en ciclo combinado. Pero si la UE se toma en serio el protocolo de Kyoto y asigna pocos derechos de emisión, y en las subastas de esos derechos, los precios de la tonelada de CO2 aumentan, se modificarían estos precios relativos, encareciendo el carbón.

Todos los años se publican varios reales decretos de cierta entidad y decenas de órdenes ministeriales. Creemos que si es necesario que el Estado intervenga tanto, debería de hacerlo un poco más, y determinar la presencia de sectores públicos en la generación de energía, o que determine los precios administrativamente, pudiendo orientarlos a potenciar un determinado sector industrial que puede tener interés estratégico para un país.

Creemos en una mayor intervención administrativa que participe en la fijación de precios, que determine las materias energéticas adecuadas para cumplir objetivos ambientales, que fije políticas industriales, y que tenga en cuenta que se trata de sectores que tiran de otros en lo referente a desarrollos tecnológicos; es una opción más política que puramente econométrica. Están más dotados para ello, en nuestra opinión, los Estados que las compañías.

PREGUNTA.- Hemos hablado de los costes de la energía y de la necesidad de internacionalizar todos sus costes. ¿Cuál es la postura de Ecologistas en Acción respecto al mantenimiento de la tarifa eléctrica en sus niveles actuales?

RESPUESTA.- Sí somos partidarios de la fijación administrativa de ciertos precios energéticos, aunque creemos que los costes no pueden ser iguales para las familias y para otros sectores en los que el coste de la energía supone una parte importante del gasto. Creemos que si se quiere aplicar una política de ahorro, sería necesario fijar tarifas en las que los primeros kw/hora, los que sirven para satisfacer servicios esenciales, tengan un precio diferente a otros que no están directamente relacionados con necesidades básicas. Existen elementos suficientemente diferenciales como para que difícilmente el mercado sea capaz de intervenir administrando razonablemente todas estas cosas.

PREGUNTA.- ¿Cree que el método de asignación de derechos de emisión de CO2 ha sido el más adecuado? ¿Es adecuada la detracción de los costes de los derechos de emisión tal como se ha hecho, es decir, a todas las instalaciones por igual, sin tener en cuenta que unas sí han recibido esos derechos de emisión de forma gratuita y otras no?

RESPUESTA.- El problema radica en el funcionamiento del sistema. Como el precio lo fija el elemento marginal que entra para atender la demanda, si ese elemento marginal incorpora el coste del CO2, todas las demás unidades de generación se benefician. Se beneficia, porque está cobrando el mismo precio, una central hidroeléctrica amortizada hace mucho tiempo o una central nuclear que amortizó sus inversiones en 25 años, o una central de gas en ciclo combinado que tiene una materia prima barata. Todas ellas incorporan ese beneficio adicional, que nosotros somos partidarios de que se detraiga.

No nos parece lógico que en situaciones de tensión de precios, las compañías ofrezcan beneficios récord. La lógica económica dice que cuando existen tensiones, los oferentes reducen sus márgenes de beneficios para competir entre sí y para colocar más productos, pero eso no es lo que ha ocurrido.

Lo más razonable, en nuestra opinión, es el reconocimiento de costes para cada unidad de generación.

Entendemos también que, dado que la generación de electricidad es una actividad que entraña cierto riesgo, tiene que tener un margen de beneficio razonable. Pero más allá de ese margen de beneficio, como está ocurriendo ahora, todo son disfunciones. También se dan situaciones paradójicas como la existencia de sobreoferta en generación mientras que la distribución sigue siendo muy débil.

Un buen número de apagones se producen en momentos de sobredemanda, en zonas puntuales, a las que la estación de suministro correspondiente no es capaz de atender. Si no se ha invertido en distribución, es porque es una actividad regulada, con costes reconocidos, y porque las compañías prefieren obtener más beneficios invirtiendo en generación que en distribución, lo que nos perjudica a los usuarios.

En un momento determinado a un país le puede interesar producir mucho aluminio, y no es ninguna irracionalidad suministrar una tarifa bonificada.

Es precisamente esta evaluación la que hay que hacer, y en cada momento optar por lo que resulta más urgente para nosotros. En este momento, la urgencia con la que se presenta el cambio climático exige la adopción de medidas firmes de reconversión energética hacia fuentes energéticas no emisoras de dióxido de carbono, y que además sean capaces de garantizar la seguridad de suministro. En nuestro país, esas condiciones las cumplen las energías renovables.

Ya existen primas o ventajas para las energías renovables por encima de precio y eso nos parece razonable, así como la modificación de estas primas en función de la maduración de la tecnología, así como la exigencia a los fabricantes de equipos de que reduzcan los precios.

No debe aplicarse una prima indefinidamente a una fuente de energía. La eólica hace cinco años tenía unos riesgos tecnológicos que hoy no tiene, y eso debe traducirse en que el precio que se pague por la energía eólica no tiene por qué ser igual hoy que hace cinco años. Pero nosotros no vemos al mercado capacitado para entender toda esta multitud de variables y asignar a todas ellas los recursos de manera eficiente.

Ladislao Martínez, en la biblioteca de la sede de Ecologistas en Acción

En España casi no tenemos petróleo o gas natural. Carbón, poco y de pésima calidad. Uranio, ninguna mina en funcionamiento. Todo el uranio es importado, aunque tenga la consideración de energía autóctona.

PREGUNTA.- Pero el coste de la materia prima es pequeño en comparación con el coste de todo el esquema de generación de energía…

RESPUESTA.- El porcentaje varía mucho. Los precios de la tonelada de óxido de uranio han crecido más en términos porcentuales que el del carbón o el del gas. El uranio también tiene muchos elementos de monopolio. El enriquecimiento isotópico sólo se produce en cuatro sitios en el mundo, y cuando un país intenta elaborar su propio uranio, se le impide. Por tanto, si existen estas restricciones por la posibilidad de doble uso de la tecnología de enriquecimiento, todos los países del mundo van a tener que recurrir a estos cuatro únicos oferentes, lo que hace que suban los precios.

La ventaja de la energía nuclear, consistente en que hay combustible de sobra, está muy resaltada por las personas que son partidarias de su uso, pero no se tiene en cuenta que su éxito es la consecuencia de su fracaso. Es decir, si la demanda de uranio hubiera seguido las pautas establecidas, las mejores minas se habrían agotado hace tiempo; las instalaciones de enriquecimiento isotópico habrían tenido que funcionar cerca del límite de su capacidad, y los precios finales no habrían sido tan bajos. Es decir, el precio del uranio es bajo en la medida en que la demanda mundial es baja.

PREGUNTA.- Ha hablado de la seguridad de suministro que pueden dar las energías renovables. Pero sabemos que cuentan con ciertas limitaciones, por ejemplo la falta de materia prima –viento o sol- que inciden directamente en su gestionabilidad. En el caso de rechazar la energía nuclear, ¿cómo se pueden sustituir los megavatios proporcionados por esta tecnología de una forma segura? Si, por otra parte, incrementamos la seguridad mediante instalaciones de gas, lo que estamos haciendo es aumentar también nuestra dependencia exterior…

RESPUESTA.- La dependencia exterior no aumentaría porque en ambos casos dependemos al 100% del exterior. En el caso de las renovables, no podemos pensar en ellas teniendo en cuenta una sola fuente energética, sino varias. Tienen ciertos elementos estructurales de complementariedad. Por ejemplo, la energía eólica es energía preferentemente en invierno, que es donde los períodos de viento son mayores y es cuando suele obtenerse los máximos. La energía solar, y la fotovoltaica, tiene unos períodos de producción de máximos fundamentalmente en primavera y otoño (en verano decae la producción de las plantas principalmente por la subida de las temperaturas), pero la termoeléctrica tiene posibilidades de producción máxima en verano.

También hay que realizar previsiones de equipamiento. Como se habla de importantes incrementos en potencia eólica instalada, solar fotovoltaica y solar termoeléctrica, se han introducido elementos compensatorios como más centrales de bombeo, más turbinas de gas para puntas ocasionales, que permiten en un período de tiempo extremadamente corto alcanzar el máximo de producción. Es cierto que la gestión de un sistema basado en energías renovables tiene más elementos de complejidad que el basado en energías convencionales, pero la rigidez de otras fuentes de energía, como la nuclear, también es un elemento en contra. Y cierta diversidad en el funcionamiento debe tenerse en cuenta como un valor positivo del sistema energético.

El sistema eléctrico español siempre se ha realzado por su alta diversificación, aunque ésta ha sido fruto del azar. Su explotación tiene muchos elementos de complejidad, y con renovables, probablemente más. Pero existen mecanismos que permiten participaciones mucho más altas de las energías renovables de las que se están dando en los últimos tiempos.

PREGUNTA.- En referencia a los programas electorales. ¿Cuál les parece la mejor de las propuestas de entre las que se presentan?

RESPUESTA.- Tenemos una serie de premisas a la hora de valorar los programas electorales.

En primer lugar, conceder al cambio climático la importancia que merece. Los últimos informes del IPCC apuntan a la concentración de los gases de efecto invernadero en la atmósfera y a la velocidad imparable de crecimiento, así como a las inercias del propio sistema.

Buena parte de los componentes del IPCC hablan de que los próximos 10 años son decisivos. Si no se revierte la tendencia actual, difícilmente se mantendrá un clima parecido al que tenemos en la actualidad. Y eso para nosotros es un elemento cardinal. Otro elemento cardinal es el rechazo a la energía nuclear.

Nosotros definimos nuestra posición en función de cómo se traten estos temas. Kyoto, la energía nuclear, los contaminantes en grandes urbes, o qué se piensa hacer para contener el tráfico en las ciudades. De los grandes partidos, estamos más próximos a los de la izquierda que a los de la derecha, porque ni el cambio climático tiene la centralidad en éstos últimos que nos gustaría, ni existe el rechazo a la energía nuclear que consideramos importante.

Y dentro de la izquierda, estamos más cercanos al programa de Izquierda Unida que al programa del Partido Socialista, que le da más importancia al ahorro, que nosotros valoramos en gran medida.

PREGUNTA.- ¿Qué importancia dan al ahorro y la eficiencia energética? ¿Cuánto cree que se podría reducir en consumo de energía primaria por estos medios?

RESPUESTA.- Creemos que mediante el denominado “ahorro tecnológico”, es decir, satisfacer los mismos servicios energéticos utilizando la mejor tecnología disponible, se podría ahorrar en torno a un 40%. Para ello habría que sustituir lámparas incandescentes por fluorescentes, sistemas ineficientes de transformación energética en usos finales -lavavajillas, lavadoras, frigoríficos, aparatos eléctricos en general…-.

Por otro lado existe un gran potencial de ahorro en el factor de uso. La gente tiene que ser consciente de que, por poner un ejemplo, no es necesario estar en mangas de camisa en casa en invierno. Esto también tiene que ver con lo que la gente entienda por mínimo de bienestar asumible, y en qué medida estén dispuestas las personas a renunciar en comodidad para evitar alterar el medio ambiente.

PREGUNTA.- ¿Cómo ven una posible toma de control de Iberdrola por parte de EDF?

RESPUESTA.- No nos preocupa tanto en manos de quién esté Iberdrola, como su orientación. Si una Iberdrola en manos de EDF implica el relanzamiento de lo nuclear, estamos en contra. Si en manos de ACS significará una apuesta por el carbón, también estaremos en contra. Estamos a favor de que existan empresas que tengan compromisos firmes en el desarrollo de las energías renovables, y creemos que la evolución de Iberdrola es positiva en este sentido.

PREGUNTA.- ¿Cuál es su postura respecto al hidrógeno como nueva fuente de energía?

RESPUESTA.- Es un vector energético del que tendremos que ver su evolución, pero parece el más idóneo para sustituir al petróleo en el transporte, que hasta hoy es absolutamente insustituible. Con lo que conocemos hoy, creemos que es una apuesta razonable. Tendría que ser un hidrógeno generado a partir de fuentes de energía renovables. Según el modelo que nosotros imaginamos, la energía solar -tanto fotovoltaica como solar térmica- se emplearían en la producción de hidrógeno, y si somos capaces de almacenarlo convenientemente en pilas de combustible eficientes y fiables, resultará una alternativa muy razonable.

“El órgano regulador debe ser la Comisión Nacional de Energía, no Red Eléctrica”

PREGUNTA.- ¿Cuáles son los puntos más destacables de su programa electoral en materia de energía?

RESPUESTA.- Nosotros pensamos que hay que plantearse las siguientes preguntas: ¿Cuál es la política energética que hay que abordar? ¿Cuándo vamos a terminar con las incertidumbres con las que nos hemos encontrado, y que afectan al mercado interior y al mercado exterior? ¿Sabemos realmente cuál es el mix de producción que queremos tener en el horizonte que se está planteando, que es el año 2030? Son cuestiones condicionadas por nuestra dependencia exterior, por los intercambios con Europa, por el desarrollo de las energías renovables, por el papel de la energía nuclear, y por el mix de generación eléctrico que queremos. Qué porcentajes queremos de carbón y petróleo.

Basándonos en el esquema resultante habrá que tomar las correspondientes medidas de política energética. Hay que hacer grandes esfuerzos -que no se están haciendo hoy- si queremos que las renovables supongan un 30% de la generación eléctrica en 2030; y si queremos que el carbón o el petróleo tengan el mismo peso, habrá que hacer un gran esfuerzo en ahorro y racionalización. Habrá que investigar para recuperar CO2, y en el caso de la nuclear, habrá que pensar o bien en nueva generación o bien en la reposición del parque actual con técnicas más modernas y seguras.

Al régimen especial habrá que darle las soluciones definitivas y transformarlo en un régimen natural, no especial, de generación eléctrica.

PREGUNTA.- Ha mencionado usted un esquema del mix energético. ¿Tienen alguna propuesta concreta para un mix determinado?

RESPUESTA.- No, y es absurdo tener propuestas concretas porque no dominamos todas las claves. Siempre habrá que tener algo de petróleo, algo de energía nuclear, algo de carbón, y sobre todo energías renovables.

PREGUNTA.- ¿El principio de su partido, entonces, es no descartar ninguna fuente de energía?

RESPUESTA.- No es realista descartar ninguna fuente de energía. En el mercado exterior dependemos mucho del gas y por ello tenemos que labrar una magnífica relación con todos los productores. En esta etapa, eso ha fallado, ha habido demasiadas “batallitas” innecesarias con Argelia y con el desarrollo del gasoducto del Mediterráneo -un desarrollo clave no sólo para España, sino para Europa-.

Decir que hay que acabar con el petróleo o con el carbón no es hablar en serio. La política energética y la política son un elemento indispensable para la vida cotidiana y el desarrollo de los países, y por ello hay que tratarlos con mucho respeto y con mucha rigurosidad. Necesitamos buscar la mayor eficiencia con el menor coste posible, y hacer diseños fantasiosos está muy bien, pero hay que sujetarse a la realidad. Hay que aprovechar el potencial de España en energía renovable.

PREGUNTA.- ¿Cree que esa puede ser la forma de reducir nuestra dependencia energética de forma considerable?

RESPUESTA.- En una parte importante, sí, y si se combina el carbón limpio con las renovables -no comprando a otros, sino desarrollándolas nosotros-. El desarrollo de las energías renovables es el desarrollo de una actividad industrial tecnológica importante. No debemos plantearlo solamente como una cuestión de política energética, sino como política industrial, y ése es otro elemento del que se habla poco.

Se presume de que somos una economía avanzada en materia de energías renovables, pero se ha ayudado muy poco a la industria nacional con las incertidumbres que se han introducido en el mercado.

España tiene un gran potencial para las renovables. En el caso de la fotovoltaica, ésta sólo representa un 0,22% del total de la energía eléctrica generada, mientras que en Alemania, con unas condiciones climáticas mucho menos favorables, es el 0,86%. Deberíamos incrementar entre 2.000 y 3.000 MW la potencia instalada. Hay que duplicar, si no triplicar, las cifras de Alemania en aportación de energía fotovoltaica a la generación eléctrica.

PREGUNTA.- Ha dicho usted que las energías renovables tienen un gran potencial de desarrollo en España y tienen que aprovecharlo. ¿Cuáles son sus objetivos o actuaciones concretas previstas para incrementar su desarrollo?

RESPUESTA.- Las energías renovables también tienen condicionantes, como el espacio físico, pero cuentan con una serie de condicionantes, uno de los cuales es el espacio físico o la disponibilidad de la materia prima -el viento, el sol o la biomasa-. En el caso de la energía eólica, los planes están suficientemente maduros, aunque falta cierta coordinación y trabajo de promoción con el conjunto y acorde con las Comunidades Autónomas. Es más importante plantearse objetivos de mejora de la respuesta administrativa que objetivos de producción. Es necesario reducir la burocratización, agilizar de los permisos, recortar el tiempo de los estudios de impacto ambienta. Estos procesos pierden mucho tiempo.

La energía eólica va cubriendo sus objetivos razonablemente y es necesario enfocar los esfuerzos en otras tecnologías, como la solar. El sector industrial está haciendo un esfuerzo muy importante en lo referente a estudios de costes, y hecho con rigor, que permitirá establecer con fidelidad cuál debe de ser la prima de retribución al sector.

El propio sector considera que es capaz de reducir costes en los elementos que componen la inversión, que son sobre todo el silicio y los materiales captadores. Y ahí hay un campo muy importante de análisis y de estudio para determinar cómo hacer la convergencia que finalmente tenga la prima de retribución a la energía fotovoltaica y los precios en el mercado de la energía eléctrica. Que posiblemente, en el año 2030 puedan llegar a estar muy cerca, si no a converger. Pero hay que madurar, hay que darle tiempo al tiempo, y hay que saber que una energía menos contaminante nos tiene que costar dinero. Esa cultura hay que transmitírsela también al ciudadano.

PREGUNTA.- Sobre su comentario acerca de las centrales de carbón. Ha dicho usted que no se puede descartar ninguna tecnología, lo que nos obligará a utilizar esta materia prima de forma limpia, es decir, cumpliendo con los compromisos del protocolo de Kyoto. Aparte de estos objetivos de reducción de emisiones de carbono, ¿cómo actuarán en materia de detracción de los derechos de emisión de CO2?

RESPUESTA.- El Ministerio debe reconsiderar el Real Decreto de los derechos de emisión, madurarlo y llegar a un acuerdo con el sector. Lo que no puede ser es que el que hace esfuerzos por producir con una energía menos contaminante se vea perjudicado, y que todos aquellos que siguen produciendo con energía contaminante, vean que salen beneficiados y que les merece la pena seguir produciendo con contaminación. El Ministerio tiene que modificar para el año 2008 el Real Decreto por el cual deduce los derechos de emisión, ese proceso debe hacerse de acuerdo con el sector.

O bien modifica los criterios por los cuales se adjudicó los derechos de emisión, y se adjudican a aquellos que hacen un esfuerzo inversor real para contaminar menos, o plantea un decreto de deducción de derechos de emisión, de acuerdo con el sector, premiando a quien invierte para contaminar menos y sancionando a quien más contamina.

No es simplemente una actuación administrativa, supone un importante grado de negociación. Esta cuestión debe ser tratada mediante Proyecto de Ley, con presentación y debate en Cortes Generales, con posibilidad de enmiendas, y debate parlamentario.

PREGUNTA.- La cuota de mercado de las empresas eléctricas actuales que operan en nuestro país se está estudiando cómo fragmentarla. Se están aplicando subastas y otro tipo de limitaciones a la actuación de estas empresas. ¿Cómo valora el grado de liberalización del sector energético español?

RESPUESTA.- Es muy bajo. Lo que falla fundamentalmente es la comercialización, en gran parte porque las empresas están muy a gusto en esta situación actual. El Gobierno no ha sabido resolver el tema de la comercialización. Una de las razones por las que se impide la entrada de compañías europeas a vender electricidad en España, y que los consumidores españoles no encuentren energía competitiva o competencia en el mercado de la electricidad en España, es porque no funciona la comercialización.

Creo que un motivo que induce a EDF a entrar en España por la vía de la adquisición una adquisición es precisamente la imposibilidad de entrar por otras vías como la comercialización. Como está limitada por las subastas, hay una intervención, más que una regulación, por parte de la administración, pues lógicamente nadie está incentivado para montar una comercializadora que no sabe a qué precios va a poder comprar la energía en el día a día, hora a hora, y cómo la va a poder vender después.

PREGUNTA.- ¿Y cuáles son las medidas que ustedes proponen para mejorar esta situación?

RESPUESTA.- Es fácil analizar el problema, pero la solución es compleja.Es importante regular bien la comercialización. Mientras no haya buenos intercambios internacionales en electricidad y gas, no va a haber posibilidad de mejorar la comercialización. Puede que haya posibilidad de comprar electricidad a EDF a 32 euros por megavatio, pero no hay forma de transportar esa electricidad, ni por las horas en las que es posible traerla ni por las cantidades que se manejan. Primero hay que agotar lo que existe en el propio mercado, porque el propio mercado es autosuficiente.

PREGUNTA.- La legislación europea prevé la desaparición de la tarifa regulada. Y en España el déficit tarifario crece constantemente. ¿Cuál es su opinión sobre el mantenimiento de la tarifa eléctrica?

RESPUESTA.- Este año hay que hacer una labor de mentalización y de información pública y de explicar que no es posible seguir con la situación actual. No se puede mantener todos los electrodomésticos que tenemos en una casa a un precio del kilovatio de 13 ó 14 céntimos de euro. Solamente producir esa electricidad cuesta prácticamente 3 ó 4 veces más.

En segundo lugar, los ciudadanos no pueden pedir energías renovables y disfrutar de las tarifas francamente ventajosas de que gozan ahora. La energía cuesta dinero, y ni hay que taparse los ojos ni los partidos pueden hacer demagogia con esta cuestión. El consumidor tiene que saber que debe ahorrar y que tiene que ser eficiente y exigente consigo mismo, como lo está siendo el consumidor industrial.

PREGUNTA.- Entiendo que usted está abogando también porque desaparezca la tarifa refugio…

RESPUESTA.- Sí. Pero estudiaría la tarifa refugio como componente de la política social. La manera de mantenerla es por tramos y vinculada a niveles de renta. Los ayuntamientos, administraciones, las comunidades autónomas, tienen información suficiente de cuál es la situación social de cada ciudadano y cuál es su capacidad. Y las compañías eléctricas tienen un historial de consumos por el que pueden determinar a quién se le puede aplicar y a quién no. Hay datos suficientes para establecer todos esos tramos y establecerlos solamente con una política social. Pero el resto debe estar sujeto a una tarifa que sea progresiva pero que se acerque lo más posible a los costos. Adelantar esta liberalización al mes de julio, como ha manifestado el Gobierno que quiere hacer, supone una labor clara de concienciación y una labor valiente de estudio de lo que todo esto significa.

Para decidir cuál va a ser la tarifa, el Gobierno debe hacer un ejercicio en coordinación y cooperación con las CCAA en este tema. España es plural, no sólo cultural y lingüísticamente, sino también desde el punto de vista de la economía. La economía industrial necesita seguir siendo competitiva, y la energía se ha convertido en materia prima para muchas industrias. Por lo tanto una liberalización a lo loco sólo nos puede llevar a un descalabro industrial. Hay que favorecer los pactos y negociaciones (un ejemplo claro es Fortia) desde la Administración, pero no intervenir.
PREGUNTA.- ¿Considera que es necesario abordar con celeridad la independencia de los reguladores en el ámbito energético?

RESPUESTA.- Sin duda. Tiene que establecerse una fórmula para definir cuáles son los papeles que corresponden al Ministerio de Industria, y cuáles son los papeles que corresponden a la CNE. Creo que el órgano regulador debe ser la Comisión Nacional de Energía, no Red Eléctrica; Red Eléctrica tiene que cumplir el papel de gestor del sistema. Tiene que tener una importante función de control y de gestión, de la red de alta tensión. En lo que respecta a las redes de media y baja tensión, la opinión de nuestro partido es muy clara. Ha de ser coordinado por Red Eléctrica, pero con las Comunidades Autónomas, y en aquellas comunidades donde las empresas han demostrado tener una importante eficiencia en la red, no tiene por qué entrar Red Eléctrica. Lo que tiene que hacer Red Eléctrica es garantizar que haya alguien que invierta, renueve y tenga la red al día, especialmente en media y baja tensión.

La regulación del conjunto del sector pertenece a la Comisión Nacional de Energía. La Comisión debe sancionar, atender recursos y resolverlos; debe ser la última instancia de resolución de esos recursos. En todo caso están los Tribunales para quien no esté de acuerdo. Pero no tiene por qué ser el Ministerio, el que, en materia de regulación, y de recursos de regulación, sea la instancia definitiva.

La elección del regulador tiene que depender de las Cortes Generales y dar cuenta ante ellas de sus actuaciones regulatorias. También tiene que tener diferenciados los órganos consultivos.

PREGUNTA.- Sector empresarial e intervención pública. El grado de liberalización del sector energético español es mayor que en otros países, como Italia o Francia. ¿Cómo ve el intento de entrada de EDF –una compañía participada por el sector público francés- en una empresa española totalmente liberalizada como es Iberdrola?

RESPUESTA.- Así planteado, mal. No es equitativo ni justo, aunque pongo el énfasis en equitativo. Es un disparate de la política energética de la Unión Europea. Si jugamos a Unión Europea, jugamos a Unión Europea, y si jugamos a Estados, entonces jugamos a Estados y por tanto las reglas de juego son diferentes.

Nadie se puede oponer a que EDF entre en España ni a que Iberdrola o Unión Fenosa, o Endesa, entren en Francia. El mercado es el mercado, y si aceptamos sus reglas, tienen que estar abiertos para todos. Pero mientras no haya reciprocidades, está bien claro

Y mucho menos se debe mezclar esa falta de reciprocidad y esa exigencia de entrar en un mercado con posibles medidas de fuerza política que pueda haber detrás. Sobre todo, y particularmente, en el caso francés. Estamos hablando de energía: si hay que hablar de política, habrá que hablar en otras mesas. Los problemas políticos no se resuelven en el campo de la energía.

El día que se pueda comprar EDF en Francia, estaremos encantados de que EDF entre aquí.

Pero que se manifieste que la entrada de EDF tendrá como objetivo fragmentar una de las empresas estratégicas es muy grave. Es una frivolidad, y que a eso se esté prestando uno de los accionistas de referencia de la compañía, es doblemente frívolo. En otros términos, esa actitud recibiría el nombre de egoísmo, puesto que no hay ninguna visión estratégica, sino que la única estrategia es la de buscar lo mejor para la propia cuenta de resultados.

Nos oponemos rotundamente a todo ese tipo de actuaciones. Otra cosa es que se pretenda comprar una participación y tratar buscar que la empresa se consolide, se fortalezca y convierta en un instrumento impulsor de la economía vasca y la española. Que todo eso sirva para una cooperación energética entre Francia y España, algo que no se ha planteado, pero que es absolutamente necesaria en materia de trasvase de electricidad y de gas. Y también en lo referente a racionalización de costes, porque la energía en Francia es sensiblemente más barata que aquí, y esto puede contribuir a reducir el coste energético del Estado.

Esta cuestión incita a una segunda reflexión: cómo encaminar las decisiones dentro de una política energética europea, y de colaboración entre estados para una política energética común. Deshaciendo empresas, lo único que estamos haciendo es perjudicar a la economía. Sobre todo cuando esta empresa, líder del sector energético, aporta sinergias e incentivos a otras industrias españolas.

PREGUNTA.- Respecto a esa falta de reciprocidad, ¿cree que se debería reclamar en la próxima legislatura a la Unión Europea una mayor simetría en los procesos de privatización y liberalización del sector de la energía?

RESPUESTA.- Por supuesto. A la política económica española, y también a la vasca, se le ha mirado con lupa desde Europa, cuando esa liberalización no se ha aplicado ni a Alemania ni a Francia. No entendemos cómo la UE sigue permitiendo que el órgano regulador en Alemania sea la propia compañía privatizada E.On. Y que el órgano regulador francés tenga una dependencia de las decisiones gubernamentales mucho mayor que la Comisión Nacional de Energía. Y sobre todo lo demás, ¿por qué no se está fomentando la creación de un órgano regulador único europeo? Está bien que en Europa termine habiendo sólo dos o tres grandes compañías, siempre que no se haga desde posiciones de ventaja. Dejemos que se haga como se hace en todo proceso mercantil, y que sean los accionistas los que decidan. Pero no debe hacerse en base a unos intereses políticos que finalmente sólo acaban beneficiando a uno o dos gobiernos de la Unión Europea.

«Las energías renovables tienen limitaciones, pero es preciso reconocer también que tanto el apoyo que reciben como su desarrollo son muy recientes»

P.- ¿Qué puntos destacaría de su programa electoral en materia de energía?

R.- En términos genéricos, lo que planteamos para nuestro modelo energético es un modelo de sostenibilidad. Nos basamos en la necesidad de considerar el contexto internacional, centrado ahora en el cambio climático y que se ha convertido en un condicionante fundamental.

El segundo eje es la seguridad de suministro, y el tercero, la competitividad. Pero si hay algo que destacar es nuestra preocupación por el modelo de sostenibilidad. Son los tres objetivos de cualquier política energética. Todas nuestras orientaciones tienen su origen en el consejo europeo de marzo de 2007.

P.- Dependencia energética y mix energético. ¿Cómo prevén abordar el alto grado de dependencia exterior de nuestro país en fuentes de energía primaria? ¿Qué papel tendrá, según su programa, la energía nuclear en el mix energético futuro de generación de nuestro país? ¿Cómo piensan sustituirla, en caso de reducir su participación o promover el cierre de las instalaciones actuales?

R.- La dependencia energética es uno de los temas más importantes. Es necesario diversificar energías, tecnologías, orígenes geográficos de todos los aprovisionamientos… Es esencial la construcción de infraestructuras, tanto de regasificación como de interconexiones.

En el caso de las interconexiones eléctricas, la gestión del problema de la interconexión con Francia ya está en marcha. Por otro lado, desde el punto de vista del gas, creemos que la política está bien encaminada, porque hay una gran diversificación de orígenes, y el número de regasificadoras en marcha contribuye a dar seguridad.

También hay que dar prioridad a la utilización de las energías renovables en el mix energético, tratando de favorecer en todos los casos los recursos autóctonos.

Y respecto a la energía nuclear, mantenemos la postura del Gobierno: la sustitución gradual de esta fuente de generación por energías renovables. Son más seguras, y por qué no decirlo, también pueden ser menos costosas. Tenemos tendencia a creer o afirmar que la energía nuclear es casi gratuita, y en realidad no es así. Si se incorpora el coste de los residuos, es una energía cara. La sustitución que planteamos es siempre bajo el supuesto de que se haga de forma paulatina, manteniendo la garantía de suministro y buscando el consenso.

P.- ¿Cómo se puede suplir la falta de gestionabilidad de las energías renovables?

R.- En principio no se puede renunciar a ni se debe condenar ninguna tecnología. Por ello insistimos en que el cierre de las centrales se efectúe mediante un plan gradual. Es posible que la energía renovable no pueda sustituir a la nuclear totalmente en un plazo de 10 años, pero se trata de ir cumpliendo objetivos y hay que tener en cuenta que la tecnología avanza. No podemos poner una fecha para la sustitución total. Reconocemos que las energías renovables tienen limitaciones, pero es preciso reconocer también que el apoyo que reciben es muy reciente, y su desarrollo lleva muy pocos años.

Por otra parte, el ahorro y la eficiencia energética tiene un papel muy importante. Desde el año 2006 hemos disminuido la intensidad energética. Un grado importante de ahorro y eficiencia energética puede hacer que disminuya de forma considerable este índice.

En cualquier caso, creemos que no se puede mantener una posición estricta ni fundamentalista en ningún caso. Nuestro objetivo es que la energía nuclear vaya desapareciendo en el mix y vaya aumentando la energía renovable, al tiempo que disminuimos nuestra intensidad energética.

P.- Desde distintas instancias se estudia cómo fragmentar la cuota de mercado de las empresas eléctricas actuales que operan en nuestro país, aplicando más subastas y limitaciones a la actuación de las empresas. ¿Cómo valora el grado de liberalización del sector energético español?

R.- Creemos que una total liberalización es muy compleja, y no se puede decir que el mercado eléctrico esté totalmente liberalizado. Sin embargo, se están tomando medidas como las subastas de energía primaria, que valoramos positivamente, aunque creemos que hay mucho camino por avanzar.

El objetivo de alcanzar una máxima competitividad, en línea con los requisitos de la UE, no es un aspecto en el que podamos avanzar en solitario, sino que tenemos que ir de la mano de la Unión Europea. Hay que tener en cuenta la situación del mercado único europeo.

P.- ¿Cómo valora el funcionamiento del mercado mayorista de electricidad y el grado de competitividad del mismo? ¿Qué medidas proponen en este sentido?

R.- Nuestras propuestas están en línea con las directivas comunitarias a ese respecto. Creemos que no hay mucha diferencia con las posiciones de los demás partidos, ya que la transposición de las directivas se hizo con mayoría PP-PSOE y salvo cuestiones que algunos pequeños partidos podrían dejar en el aire, fue algo que se aceptó por unanimidad. No nos vamos a salir de lo que establece la ley del sector eléctrico.

P.- Hablando de independencia de los reguladores, ¿considera que es necesario abordar con celeridad esta cuestión en el ámbito energético?

R.- Creemos que es algo necesario para todos los reguladores, no sólo en el caso del sector energético. La independencia de los reguladores debe ser con respecto al sector que regulan. A menudo se entiende que la independencia es sinónimo de desconexión total con el Gobierno o el Parlamento. Nosotros creemos que los nombramientos tienen que efectuarse por esta vía, propuestos por el Gobierno y aprobados por el Parlamento. Tiene que haber unas fórmulas para que su independencia orgánica sea mayor; todos los órganos deben contar con un número de miembros que permitan que sean independientes. El proceso de designación tiene que tener su origen en el Gobierno, pero pasar por el Congreso de los Diputados. También hay fórmulas sobre la duración de los cargos; creemos que habría que buscar la fórmula que permita la mayor independencia del Gobierno en el sentido de que no haya coincidencia con las legislaturas, así como que pueda haber una cierta limitación de mandatos.

La única independencia que tiene que haber respecto al Gobierno, o a la Administración General del Estado, es que tenga suficientes medios, capacidad de inspección, funciones que no hagan que el organismo tenga que estar a expensas del Gobierno. Creemos que existe un alto grado de independencia funcional en los reguladores, y que tienen medios económicos y personal suficiente para garantizar su independencia desde este punto de vista.

Además creemos que la transparencia total es indispensable, así como el control parlamentario para mantener esa transparencia.

P.- ¿Han planteado medidas concretas para aumentar la independencia del regulador energético, de la Comisión Nacional de Energía?

R.- Hemos planteado una serie de medidas genéricas, pero no específicamente para la Comisión Nacional de Energía. Entre esas medidas, evitar la coincidencia con la legislatura o mantener que los mandatos sean de seis años pero que se renueven por un tercio en cada ocasión.

Quizás sería necesario unificar u homologar una serie de criterios para todos los reguladores. El Consejo de Seguridad Nuclear tiene 5 miembros, la Comisión Nacional de Energía, 9, y así sucesivamente. Unas medidas para unificar la composición de los reguladores podrían tener sentido. Aunque los ejes fundamentales son la transparencia y el control parlamentario.

P.- ¿Cuál es la propuesta de su formación en materia de energías renovables? ¿Qué se plantea en materia de reducción de emisiones de carbono? ¿Cuáles son los objetivos que se plantean?

R.- Nuestra propuesta consiste en aplicar una estrategia de cambio climático y energía limpia. En lugar de actuar sólo mediante planes, nosotros proponemos aprobar una ley de eficiencia energética y energía renovable para que haya una cierta seguridad, y se garantice una rentabilidad a las energías renovables.

También promoveremos la investigación de captura y almacenamiento de CO2. Hay una propuesta para que España pueda ser sede de las grandes plantas que están previstas en la Unión Europea.

Por otra parte, proponemos una medida que incentive en la contratación pública a aquellas empresas que reduzcan las emisiones de CO2, así como la incorporación de criterios de mejora en términos medioambientales; promover la utilización de biocarburantes, o la plantación de 45 millones de árboles.

Nuestro partido contempla además medidas para reducir las emisiones en el transporte, que suponen una tercera parte de todas las emisiones de los gases de efecto invernadero. En este sentido, proponemos la aprobación de una ley de movilidad sostenible, con exigencias para distintos tipos de transporte.

En el sector de la construcción, nuestro programa contempla las denominadas “ciudades sostenibles”, con medidas como el apoyo a la rehabilitación de edificios para adaptarlos al código técnico de la edificación. En el programa hablamos de dos medidas, la subvención directa de 1.000 millones para la rehabilitación de viviendas, y la creación de una línea de crédito especial a través del ICO, de 8.000 millones de euros (2.000 al año). También existen planes de renovación urbana que potenciarán los ayuntamientos.

P.- ¿Cómo actuarán en materia de la detracción de los costes de los derechos de emisión de la tarifa eléctrica?

R.- La ampliación de la detracción de los costes de derechos de emisión se planteó mediante un Real Decreto aprobado en el último pleno. Lo que se había pedido es que se tramitara como proyecto de Ley, pero eso no tenía sentido. El compromiso que adquirimos fue presentar una Ley para que se pueda debatir y llegar a un acuerdo. El efecto sería similar a si tramitásemos el Real Decreto como proyecto de Ley, pero como eso no es viable, se presentará una ley que lo regule para poder alcanzar un consenso no sólo con los sectores implicados en el tema, sino también con los grupos parlamentarios. Pero en ese momento había que salir del impasse y la única opción era el Real Decreto. Pero existe el compromiso de llevarlo a Ley para tratar de consensuarlo.

P.- Intervención pública en el sector empresarial español. El grado de liberalización del sector energético español es mucho más alto que en otros países. Del mismo modo, el sector público de otros países participa empresas como Enel o EDF y con un proteccionismo regulatorio mayor, lo que debilita la posición de nuestras empresas. En este contexto, ¿cómo ven una posible toma de control de Iberdrola por parte de EdF y, en su caso, ACS?

R.- Es una operación que todavía está en el aire. En el Partido Socialista de Euskadi hemos hemitido ya un comunicado en el que manifestamos nuestro rechazo a que se rompa Iberdrola y sea repartida. Creemos que, después de haber liberalizado y privatizado el sector energético, no tiene ningún sentido que sea una empresa pública francesa la que gobierne nuestro sector energético. Además, aquí no existe el derecho de reciprocidad, y haremos todo lo posible para que eso no pueda ser así.

En las decisiones de las empresas privadas, el Gobierno no tiene nada que decir ni que hacer. Mientras las decisiones sean de empresas privadas y se toman de manera libre, así tendrá que ser. Pero nosotros no estamos a favor de la atomización de Iberdrola ni de que sea EDF la que controle el sector energético español.

P.- ¿Se debería reclamar en la próxima legislatura a la Unión Europea, con mayor firmeza, una mayor simetría en los procesos de privatización y liberalización del sector energético?

R.- En este sentido, puedo manifestar mi opinión personal al respecto, pero no necesariamente refleja la postura del partido. Creo que sí, que es algo por lo que hay que luchar en la Unión Europea. No me cabe ninguna duda.

«Cuando la tarifa no refleja el coste real de la electricidad, ocurre que los que menos tienen y menos consumen pagan la electricidad a quienes más tienen y más consumen»

P.- ¿Cuáles son los puntos principales del programa electoral de Izquierda Unida en materia de energía?

R.- Nuestro programa se basa principalmente en tres planteamientos. Primero, la importancia del ahorro y la eficiencia energética. Proponemos una ley de ahorro y uso eficiente de la energía.

Segundo, la promoción de las energías renovables, con el objetivo de alcanzar un 30% de energías renovables para 2020. España puede lograrlo, y además es la única forma en la que España puede proyectar un liderazgo y puede generar empleo abundante. Es necesario orientar el modelo de desarrollo de forma distinta en el cambio de ciclo que estamos viviendo.

Las energías renovables podrían generar medio millón de nuevos empleos de calidad para el año 2020 si nos planteamos contar con un 30% de energías renovables. Para ello hace falta una ley de energías renovables que implante este objetivo y que dé estabilidad y seguridad al sector.

Tercero, la necesidad de establecer un calendario de cierre de las centrales nucleares. Cerrar Garoña ya, y establecer el calendario de cierre del resto de centrales en el primer año de legislatura. Proponemos que este calendario se elabore teniendo en cuenta la vida útil de las centrales y mediante un programa puente, favoreciendo las energías renovables y promoviendo actividades económicas que puedan combatir los efectos potenciales adversos allí donde se ubican las centrales.

P.- ¿Qué papel tendrá, según su programa, la energía nuclear en el mix energético futuro? ¿Cómo piensan sustituirla, en caso de reducir su participación?

R.- Si nos planteamos un mix energético en el que las renovables tengan un protagonismo del 30% y no del 20, está muy claro. Ese 10% es muy superior a lo que representa la energía nuclear en España, que sólo aporta un 5% del conjunto de la energía. La necesidad de usar la energía nuclear desaparecería totalmente. Las energías renovables están, sin ninguna duda, en condiciones de sustituir a la energía nuclear.

P.- ¿Creen que el aislamiento y la dependencia energética de España podría reducirse usando las renovables y descartando la nuclear?

R.- Se reduciría intensamente.

La eólica lleva un camino imparable, y es indispensable poder desarrollar la eólica marina. Hoy sólo contamos con 15.000 MW terrestres, y hay que ampliar hasta 30.000 o más, para lo que la eólica marina es esencial.

La energía solar todavía está por empezar. La energía solar térmica, en particular, puede ser una solución extraordinaria si se combina con biomasa, para suplir las horas en las que no hay sol. Es una alternativa que tiene mucho que decir en el sistema energético español.

P.- Desde distintas instancias se estudia cómo fragmentar la cuota de mercado de las empresas eléctricas actuales que operan en nuestro país, aplicando más subastas y limitaciones a la actuación de las empresas. ¿Cómo valora el grado de liberalización del sector energético español?

R.- Nosotros apostamos por una fuerte regulación, sobre la base de un objetivo, y a partir de ahí, dejar que opere el mercado. El horizonte energético 2030 debería de acordarse en el primer año de legislatura sobre la base del escenario deseable dentro de lo posible. Hay que potenciar al máximo las energías renovables, y permitir que aquellas operadoras que cuenten con una mayor proporción de energías renovables dentro del objetivo, y en mejores condiciones y precios, tengan ventaja sobre aquellas que provean menos energía renovable o con mayores costes.

Nuestra filosofía es la de combinar regulación y mercado, pero con un fortísimo marco regulatorio, claro y estable. En esas circunstancias, cada operadora está en posición de saber cuáles son las condiciones y opere en unas condiciones de mercado.

P.- ¿Cómo valora el funcionamiento del mercado mayorista de electricidad y el grado de competitividad del mismo? ¿Qué medidas proponen en este sentido?

R.- No estamos satisfechos. Hemos comprobado que, en muchas situaciones, utilizar carbón era más rentable que otras opciones. Y eso no ha beneficiado a la reducción de emisiones, que en 2007 aumentaron. Es preciso aplicar una corrección importante, y ahí es donde se hace necesario un marco regulatorio fuerte y bien orientado al apoyo de las renovables.

Hay otra consideración a tener en cuenta: la movilidad. Buena parte de la energía se pierde en los combustibles necesarios para el transporte. El sistema de movilidad español es un caos, no existe una política directriz. La movilidad está en un crecimiento fuera de control, en unas condiciones nefastas desde el punto de vista de la accesibilidad al transporte, y por otro lado la única alternativa que se apoya de verdad es el transporte por carretera, y secundariamente, del AVE. Se está abandonando completamente el ferrocarril convencional, y una gestión inteligente de la movilidad de nuestros ciudadanos.

Sólo hay que mirar hacia el transporte público, que está saturado. Para quienes usamos el metro, a las horas punta no cabemos. Sin embargo, sólo el 14% de los ciudadanos y los trabajadores utilizan el transporte público para trasladarse a su lugar de trabajo. Eso significa que falta mucho transporte público, ya que éste sólo absorbe un 14% de los desplazamientos relacionados con el trabajo. Desde el punto de vista energético, esto es un desastre, porque implica unas necesidades de consumo de energía cada vez más cara, y en un sistema negativo energéticamente, económicamente, ambientalmente, y para la salud, ya que contamina las ciudades. 16.000 trabajadores mueren al año por culpa de la contaminación atmosférica y 400 yendo y viniendo del trabajo.

P.- En materia de la tarifa eléctrica, la legislación europea prevé la desaparición de la tarifa regulada. Además como Vd. conoce nuestro país va engrosando cifras cada vez mayores de déficit tarifario (insuficiencia de la tarifa para atender costes de generación) ¿Cuál es su posición en esta materia, abordar la subida de tarifas que equilibre los costes, aumentar el déficit tarifario de manera indefinida?

R.- Cuando el precio de la tarifa no se corresponde con el coste real de la electricidad, lo que sucede es que la electricidad la pagamos todos, es decir, que no la paga quien la usa. Se produce una transferencia de rentas desde los que menos tienen, y por tanto menos usan la electricidad, hacia los que más tienen y más consumen. Apoyamos que los precios se acomoden a los costes, pero globalmente, no para todos los ciudadanos por igual. El derecho al acceso a la energía eléctrica es un derecho elemental, que hay que garantizar para todo ciudadano, independientemente de su renta. Por tanto, debe haber un tramo de la tarifa, el primer tramo de consumo, perfectamente accesible, que sea intocable. Pero en cuanto vayan aumentando los consumos, hay que aumentar la tarifa. Y a mayor consumo, el tramo de aumento de la tarifa debe ser mayor. Eso nos permitiría alcanzar dos objetivos: por un lado, desincentivar el derroche, y por otro, hacer un sistema justo, que garantice el acceso a la electricidad para todos los ciudadanos. Para lograrlo se necesita una regulación muy fuerte, y que el mercado opere dentro de ese sistema.

P.- Independencia de los reguladores. ¿Considera que es necesario abordar con celeridad esta cuestión en el ámbito energético? ¿Qué actuaciones proponen para aumentar la independencia del regulador energético, sobre todo teniendo en cuenta que se renuevan cuatro puestos una vez pasadas las elecciones?

R.- Es necesario abordarla, pero en la dirección que he planteado. Por eso creemos que son necesarias cuatro reformas legales: la ley de movilidad sostenible, la ley de uso eficiente de la energía, la ley de energías renovables y una reforma de la fiscalidad en su conjunto. No pensamos que haya problemas derivados de la mayor liberalización ni la mayor capacidad de actuación de los operadores sino en que los operadores puedan actuar sobre los objetivos que son socialmente deseables.

P.- ¿Cuál es la posición de su grupo político y del programa electoral de su partido en materia de energías renovables? ¿Cuáles serán sus actuaciones de cara a fomentar el desarrollo de las energías renovables? ¿Qué objetivos se plantean y a qué plazo?

Un 30% de energías renovables para 2020. Una ley de energías renovables debe garantizar que a través del sistema de primas y a través de otro tipo de ayudas como a la I+D+i, podamos hacer de las energías renovables un sector puntero no solamente para la economía de nuestro país sino con una dimensión europea e internacional. Las políticas públicas y el gasto público deben apoyar totalmente el desarrollo de las renovables sin limitación. La idea de que está habiendo un apoyo excesivo a las renovables está equivocada; la energía que ha recibido verdadero apoyo en este país, incondicional e inconmensurable, ha sido la energía nuclear. Creemos que España tiene las condiciones económicas y tecnológicas para dar un apoyo ilimitado a las renovables.

P.- ¿Y en materia de reducción de emisiones contaminantes?

R.- Hay que cumplir el protocolo de Kyoto y prepararse para cumplir los compromisos posteriores. Cualquier política energética (el escenario 2030) tiene que ser coherente con el protocolo de Kyoto y con los compromisos que posteriormente se van a alcanzar en el ámbito de la comunidad internacional. Ninguna política energética será válida si no es coherente con el cumplimiento de tales objetivos.

P.- ¿Cuáles son sus planteamientos en materia de detracción de derechos de emisión de carbono?

R.- La Comisión Europea ha apoyado la subasta, y nos parece bien. También nos parece bien que la propuesta de la CE de que el 20% de lo recaudado por la subasta tiene que ir a políticas climáticas.

P.- Intervención pública en el sector empresarial español. El grado de liberalización del sector energético español es mucho más alto que en otros países. Del mismo modo, el sector público de otros países participa empresas como Enel o EDF y con un proteccionismo regulatorio mayor, lo que debilita la posición de nuestras empresas. En este contexto, ¿cómo ven una posible toma de control de Iberdrola por parte de EdF y, en su caso, ACS?

R.- Creemos que plantearía problemas de todo tipo. No nos gusta que, por un lado, una compañía pública extranjera se pueda hacer con una compañía española, y menos cuando la orientación de esa compañía es absolutamente pro-nuclear. No nos parece aceptable que EDF pueda hacerse con Iberdrola, y menos con una compañía que ha demostrado que su apuesta por el sector de las renovables ha sido una apuesta acertadísima. Iberdrola tiene potencial de avanzar mucho si se sigue orientando en esa dirección.

Creemos que la entrada de EDF haría que las decisiones de Iberdrola pudieran depender de los intereses que en un momento dado pudieran tener otros, y creemos que pretendería influir sobre la política nuclear española. Teniendo en cuenta que la mayoría de los ciudadanos españoles son contrarios a la energía nuclear, no se debería dejar presionar de ninguna manera por el hecho de que Francia tenga interés en vender tecnología nuclear a España.

P.- ¿Cree que se debería reclamar en la próxima legislatura a la Unión Europea, con mayor firmeza, una mayor simetría en los procesos de privatización y liberalización del sector energético?

R.- La Unión Europea debería de preocuparse más por que el desarrollo energético fuera coherente con los objetivos de cambio climático y coherente con el desarrollo sostenible que no en liberalizar fuertemente algo que creemos que es un bien público esencial. Creo que la UE ha presionado excesivamente hacia la liberalización y que debe haber un replanteamiento del conjunto de las políticas energéticas de la UE desde esa perspectiva.

La posición de Izquierda Unida en materia energética no se limita a una situación coyuntural o temporal. Creemos que el desarrollo de España y su economía dependerá de las decisiones energéticas que se adopten hoy. No sólo nos jugamos asegurar el suministro energético, sino nuestro propio modelo de desarrollo y su sostenibilidad o insostenibilidad.

La producción y el modelo energético de mediados de siglo no se parecerá a lo que conocemos hoy. Las economías que se hayan adaptado a los requerimientos de sostenibilidad y cambio climático serán confortables y darán beneficios a sus ciudadanos, y sucederá lo contrario con las que no se hayan adaptado. Se trata de una visión estratégica de conjunto.

En el futuro, la energía será el vector de la economía española. Nuestro país tiene la posibilidad de ir hacia un nuevo modelo de industrialización basado en la energía. Es algo que ocurrirá en España y en el mundo, y es por tanto aquí donde nos jugamos un futuro modelo sostenible, económica, social y ambientalmente.