«La orientación del mercado hacia los tejados y cubiertas dotará al sector de una estabilidad necesaria»

ENERGÍA DIARIO: ¿Cómo justifican desde ASIF la desaparición del concepto del huerto solar, básico en los últimos años?

JAVIER ANTA: Es cierto que ha sido básico durante los últimos años, tanto para lo bueno como para lo malo. Para lo bueno, porque nos ha permitido crecer. Para lo malo, porque ese concepto ha sido usado por instalaciones que no eran genuinamente un conjunto de muchos pequeños propietarios independientes unos de otros, lo que ha contribuido a un crecimiento que ha sido insostenible, y ahora lo estamos pagando. En cualquier caso, no ha desaparecido el concepto de huerto solar, aunque ya no tenga las ventajas que tenía por sus peculiaridades de multipropiedad. Las instalaciones sobre suelo, durante los próximos e inmediatos años, van a vivir un fuerte período de contracción con respecto a lo realizado en 2008, pero volverán a resurgir con muchísima fuerza cuando los costes de la tecnología estén más ajustados a los de las demás tecnologías de generación.

E.D.: ¿Cree que la energía fotovoltaica en la edificación puede realmente recoger el testigo de los huertos?

J.A.: La orientación del mercado hacia los tejados y cubiertas va a dotar al sector de la estabilidad y el crecimiento sostenible que necesitamos. No tendremos el desarrollo tan rápido y extraordinario que permiten las grandes instalaciones en suelo, pero ganaremos en solidez. El problema está en pasar de un modelo de mercado muy enfocado al suelo a otro en el que los tejados sean preponderantes, sobre todo cuando la cartera de proyectos de las empresas está mayoritariamente orientada al suelo. No obstante, a la luz de los listados de la segunda convocatoria que ha publicado el Ministerio, en el que ya se llenan los cupos para los segmentos de tejado, parece que ese cambio se está produciendo con más velocidad de la que preveíamos, lo que es una buena noticia.

E.D.: Hay quien dice que los edificios en España no están preparados para acoger a la fotovoltaica y que el desarrollo de la fotovoltaica en suelo tiene un componente más industrial que en los edificios…

J.A.: Creo que quien afirma tal cosa está equivocado. Nuestros edificios pueden acoger fotovoltaica sin ningún problema y, exceptuando algunos equipos concretos, como los seguidores, se necesita la misma industria fabricante para el segmento de suelo que para el segmento de edificación. En realidad son aplicaciones paralelas, con la salvedad de que la rentabilidad sin ningún tipo de ayudas se alcanzará antes en el segmento de la edificación, justo cuando a los consumidores nos resulte más rentable instalar una placa solar en el tejado o en el jardín que comprar la energía a la red eléctrica.

E.D.: Y, hablando de ayudas, ¿no es demasiado cara la energía solar?

J.A.: Todavía no es barata, pero al ritmo de descenso de costes al que vamos, lo será en pocos años. En el segmento del consumidor doméstico, en unos cinco años.

E.D.: ¿Y no cree que ese coste puede condicionar el desarrollo futuro de la energía solar, ahora que se empieza a trabajar en el Plan de Energías Renovables a 2020?

J.A.: Creo que no, porque el Real Decreto nos ofrece un horizonte de crecimiento a largo plazo que sólo puede incrementarse como resultado de la nueva planificación. Además, en cuanto alcancemos ese punto de competitividad que le comentaba antes, el mercado que se abre para la energía solar es inmenso. Esto es algo que la planificación debe tener en cuenta, y que avanza junto a los proyectos gubernamentales de incrementar la importancia del ahorro, la eficiencia y la gestión de la energía, así como el desarrollo del vehículo eléctrico y las redes inteligentes.

E.D.: ¿Qué opina sobre la creciente presión fiscal a escala local?

J.A.: Creo que algunos ayuntamientos han visto cómo se invertían capitales muy importantes en instalaciones renovables y quieren obtener un rendimiento significativo de ellos. El problema es que este incremento de las tasas no está previsto en la política de fomento estatal, por lo que se genera una merma de la rentabilidad de los proyectos que debe tenerse muy en cuenta. Desde ASIF estamos siguiendo esta problemática muy de cerca pues, aunque tenemos margen de maniobra, especialmente para la tecnología solar, porque no está tan condicionada por el emplazamiento como la eólica y porque una parte muy importante de su desarrollo será en los entornos urbanos, queremos solucionar esta barrera en toda España para que no tengamos que instalar energía solar solamente en aquellos ayuntamientos que no pongan trabas.

«La orientación del mercado hacia los tejados y cubiertas dotará al sector de una estabilidad necesaria»

ENERGÍA DIARIO: ¿Cómo justifican desde ASIF la desaparición del concepto del huerto solar, básico en los últimos años?

JAVIER ANTA: Es cierto que ha sido básico durante los últimos años, tanto para lo bueno como para lo malo. Para lo bueno, porque nos ha permitido crecer. Para lo malo, porque ese concepto ha sido usado por instalaciones que no eran genuinamente un conjunto de muchos pequeños propietarios independientes unos de otros, lo que ha contribuido a un crecimiento que ha sido insostenible, y ahora lo estamos pagando. En cualquier caso, no ha desaparecido el concepto de huerto solar, aunque ya no tenga las ventajas que tenía por sus peculiaridades de multipropiedad. Las instalaciones sobre suelo, durante los próximos e inmediatos años, van a vivir un fuerte período de contracción con respecto a lo realizado en 2008, pero volverán a resurgir con muchísima fuerza cuando los costes de la tecnología estén más ajustados a los de las demás tecnologías de generación.

E.D.: ¿Cree que la energía fotovoltaica en la edificación puede realmente recoger el testigo de los huertos?

J.A.: La orientación del mercado hacia los tejados y cubiertas va a dotar al sector de la estabilidad y el crecimiento sostenible que necesitamos. No tendremos el desarrollo tan rápido y extraordinario que permiten las grandes instalaciones en suelo, pero ganaremos en solidez. El problema está en pasar de un modelo de mercado muy enfocado al suelo a otro en el que los tejados sean preponderantes, sobre todo cuando la cartera de proyectos de las empresas está mayoritariamente orientada al suelo. No obstante, a la luz de los listados de la segunda convocatoria que ha publicado el Ministerio, en el que ya se llenan los cupos para los segmentos de tejado, parece que ese cambio se está produciendo con más velocidad de la que preveíamos, lo que es una buena noticia.

E.D.: Hay quien dice que los edificios en España no están preparados para acoger a la fotovoltaica y que el desarrollo de la fotovoltaica en suelo tiene un componente más industrial que en los edificios…

J.A.: Creo que quien afirma tal cosa está equivocado. Nuestros edificios pueden acoger fotovoltaica sin ningún problema y, exceptuando algunos equipos concretos, como los seguidores, se necesita la misma industria fabricante para el segmento de suelo que para el segmento de edificación. En realidad son aplicaciones paralelas, con la salvedad de que la rentabilidad sin ningún tipo de ayudas se alcanzará antes en el segmento de la edificación, justo cuando a los consumidores nos resulte más rentable instalar una placa solar en el tejado o en el jardín que comprar la energía a la red eléctrica.

E.D.: Y, hablando de ayudas, ¿no es demasiado cara la energía solar?

J.A.: Todavía no es barata, pero al ritmo de descenso de costes al que vamos, lo será en pocos años. En el segmento del consumidor doméstico, en unos cinco años.

E.D.: ¿Y no cree que ese coste puede condicionar el desarrollo futuro de la energía solar, ahora que se empieza a trabajar en el Plan de Energías Renovables a 2020?

J.A.: Creo que no, porque el Real Decreto nos ofrece un horizonte de crecimiento a largo plazo que sólo puede incrementarse como resultado de la nueva planificación. Además, en cuanto alcancemos ese punto de competitividad que le comentaba antes, el mercado que se abre para la energía solar es inmenso. Esto es algo que la planificación debe tener en cuenta, y que avanza junto a los proyectos gubernamentales de incrementar la importancia del ahorro, la eficiencia y la gestión de la energía, así como el desarrollo del vehículo eléctrico y las redes inteligentes.

E.D.: ¿Qué opina sobre la creciente presión fiscal a escala local?

J.A.: Creo que algunos ayuntamientos han visto cómo se invertían capitales muy importantes en instalaciones renovables y quieren obtener un rendimiento significativo de ellos. El problema es que este incremento de las tasas no está previsto en la política de fomento estatal, por lo que se genera una merma de la rentabilidad de los proyectos que debe tenerse muy en cuenta. Desde ASIF estamos siguiendo esta problemática muy de cerca pues, aunque tenemos margen de maniobra, especialmente para la tecnología solar, porque no está tan condicionada por el emplazamiento como la eólica y porque una parte muy importante de su desarrollo será en los entornos urbanos, queremos solucionar esta barrera en toda España para que no tengamos que instalar energía solar solamente en aquellos ayuntamientos que no pongan trabas.

«Aquellas instalaciones que se demuestren fraudulentas, no deberían acogerse a retribución alguna»

ENERGÍA DIARIO: Directamente al meollo de la cuestión Sr. Anta, ¿Existe fraude en las instalaciones fotovoltaicas?

JAVIER ANTA: Parece ser que la Comisión Nacional de la Energía (CNE) detectó plantas solares inscritas en el registro de instalaciones de régimen especial antes de que caducase el Real Decreto 661/07 que no deberían estarlo, porque no se encontraban terminadas en ese momento. Esto, no cabe duda, es una irregularidad grave, puesto que esas instalaciones estarían acogidas a un régimen retributivo que no les corresponde. También podríamos considerarlo un fraude hacia los consumidores de electricidad, puesto que son ellos, al pagar los recibos de la luz, los que permiten la rentabilidad de la producción fotovoltaica.

E.D.: ¿Y quien es el responsable de estas actuaciones?

J.A.: No creo que sea cuestión de señalar con el dedo de un modo genérico, sino de identificar los casos irregulares y, posteriormente, aplicar las sanciones que sean oportunas en función de las responsabilidades concretas de cada caso. La casuística parece ser amplia, y no debemos generalizar.

E.D.: ¿Está de acuerdo, entonces, con la propuesta de decreto contra el fraude que ha elaborado el Ministerio de Industria?

J.A.: Básicamente sí. Aunque nos parece que aquellas instalaciones irregulares que se demuestren realmente fraudulentas no deberían poder acogerse al mecanismo retributivo del Real Decreto 1578/2008. La nueva norma tiene un cupo limitativo, y aquellos que han ido más allá de la legalidad no deben afectar a los que no lo han hecho, ocupando parte de ese cupo. Puede ser una medida drástica, pero es la única opción justa.

E.D.: ¿Qué opina del uso mediático que se ha dado a las acusaciones de fraude?

J.A.: Es lamentable. Entiendo que la situación es propicia para que la prensa afile la pluma y consiga titulares llamativos, pero creo que se le ha dado una trascendencia que no tiene y que nos está pasando una factura excesiva en el plano de la imagen pública. Y no sólo a la fotovoltaica; la tendencia a simplificar las cosas lleva a generalizar, y las generalizaciones son muy malas; la situación en el sector fotovoltaico no tiene nada que ver con la del sector eólico, ni con la situación de los biocarburantes. No se puede denunciar, como se ha hecho, un fraude masivo, y mucho menos en el ámbito de todas las renovables.

E.D.: En los últimos meses hemos podido comprobar el descontento existente en el sector solar con el Real Decreto 1578/2008, la nueva regulación aprobada el pasado septiembre. ¿Consideran desde ASIF que es necesario reformarla?

J.A.: Es lógico que el sector esté muy descontento, porque ha estado paralizado seis meses, debido a que la tarifa se ha reducido un 30%, porque el cupo establecido se corresponde a una quinta parte del mercado que hubo el año pasado, porque la crisis crediticia tampoco facilita las cosas… No cabe duda de que no es el marco regulatorio que nos hubiera gustado tener, pero creo que es el mejor marco regulatorio que pudimos conseguir del Gobierno de un país que planeaba conectar 80 MW fotovoltaicos durante 2008 y que conectó más de 2.500 MW en sólo nueve meses de ese mismo año.

E.D.: Entonces, ¿hay que reformarla?

J.A.: Sí. Habrá que hacerlo, porque es una norma coyuntural, fruto de la excepcionalidad del mercado solar del año pasado. Aunque es cierto que contiene elementos válidos a largo plazo, hay factores que no contempla y que son necesarios para el correcto desarrollo del Sector, como la simplificación de los procedimientos administrativos, el alcance de la paridad de la red en los próximos años, la especificidad de las tecnologías de concentración, las instalaciones sometidas al Código Técnico de la Edificación, la armonización de las normativas autonómicas… Sin embargo, estos desarrollos de la regulación pueden hacerse con otras normas, como la próxima Ley de Energías Renovables o el inminente decreto de conexión a red para las instalaciones del régimen especial. En ASIF ya estamos trabajando en todas estas cosas.

E.D.: Al parecer los listados de las distintas convocatorias no están saliendo todo lo bien que a las empresas les gustaría. ¿Qué opina de ello?

J.A.: Han salido tarde, han salido con algún error… pero están saliendo. Lo importante es que el sector vuelve a estar en marcha, aunque no sea, ni mucho menos, al ritmo que tuvo el año pasado. Creo que es cuestión de que la Administración coja el ritmo adecuado y de que los propios promotores remitan toda la documentación necesaria en los expedientes. Falta afinar el procedimiento y aclarar algunas contradicciones entre las distintas administraciones, como es el caso de que las comunidades autónomas no exijan la autorización administrativa para instalaciones menores de 100 kW, y, por lo tanto, no la concedan y que, no obstante, este mismo documento sea exigido por la Administración central para acceder a la tarifa fotovoltaica a partir de la tercera convocatoria de este año.

E.D.: ¿Y la reducción de la tarifa de una convocatoria a otra? Se suponía que iba a ser de un 2,5% como máximo y entre la primera convocatoria y la segunda va a haber una reducción del 4% en las instalaciones de suelo.

J.A.: Efectivamente, ha surgido un problema con reducción trimestral de la tarifa para las instalaciones en suelo, porque el Ministerio de Industria ha hecho una aplicación muy particular de la fórmula matemática recogida en el Real Decreto 1578/2008 que puede llevar a la reducción de tarifa hasta una magnitud del 20% este año, cuando el máximo previsto durante el alumbramiento de la norma fue de un máximo del 10% anual. Por lo tanto, en ASIF pensamos que esa interpretación no se corresponde con el espíritu de la norma, y así se refleja en sus memorias justificativas o el propio informe que sobre él realizó la CNE. Esperamos, por lo tanto, que este tema, sobre el que ya estamos en contacto con la Secretaría General de Energía, se reconduzca.

Nuestros lectores podrán leer mañana la segunda parte de la entrevista a Javier Anta que abordará temas como los precios de la fotovoltaica o su instalación en los edificios.

«Aquellas instalaciones que se demuestren fraudulentas, no deberían acogerse a retribución alguna»

ENERGÍA DIARIO: Directamente al meollo de la cuestión Sr. Anta, ¿Existe fraude en las instalaciones fotovoltaicas?

JAVIER ANTA: Parece ser que la Comisión Nacional de la Energía (CNE) detectó plantas solares inscritas en el registro de instalaciones de régimen especial antes de que caducase el Real Decreto 661/07 que no deberían estarlo, porque no se encontraban terminadas en ese momento. Esto, no cabe duda, es una irregularidad grave, puesto que esas instalaciones estarían acogidas a un régimen retributivo que no les corresponde. También podríamos considerarlo un fraude hacia los consumidores de electricidad, puesto que son ellos, al pagar los recibos de la luz, los que permiten la rentabilidad de la producción fotovoltaica.

E.D.: ¿Y quien es el responsable de estas actuaciones?

J.A.: No creo que sea cuestión de señalar con el dedo de un modo genérico, sino de identificar los casos irregulares y, posteriormente, aplicar las sanciones que sean oportunas en función de las responsabilidades concretas de cada caso. La casuística parece ser amplia, y no debemos generalizar.

E.D.: ¿Está de acuerdo, entonces, con la propuesta de decreto contra el fraude que ha elaborado el Ministerio de Industria?

J.A.: Básicamente sí. Aunque nos parece que aquellas instalaciones irregulares que se demuestren realmente fraudulentas no deberían poder acogerse al mecanismo retributivo del Real Decreto 1578/2008. La nueva norma tiene un cupo limitativo, y aquellos que han ido más allá de la legalidad no deben afectar a los que no lo han hecho, ocupando parte de ese cupo. Puede ser una medida drástica, pero es la única opción justa.

E.D.: ¿Qué opina del uso mediático que se ha dado a las acusaciones de fraude?

J.A.: Es lamentable. Entiendo que la situación es propicia para que la prensa afile la pluma y consiga titulares llamativos, pero creo que se le ha dado una trascendencia que no tiene y que nos está pasando una factura excesiva en el plano de la imagen pública. Y no sólo a la fotovoltaica; la tendencia a simplificar las cosas lleva a generalizar, y las generalizaciones son muy malas; la situación en el sector fotovoltaico no tiene nada que ver con la del sector eólico, ni con la situación de los biocarburantes. No se puede denunciar, como se ha hecho, un fraude masivo, y mucho menos en el ámbito de todas las renovables.

E.D.: En los últimos meses hemos podido comprobar el descontento existente en el sector solar con el Real Decreto 1578/2008, la nueva regulación aprobada el pasado septiembre. ¿Consideran desde ASIF que es necesario reformarla?

J.A.: Es lógico que el sector esté muy descontento, porque ha estado paralizado seis meses, debido a que la tarifa se ha reducido un 30%, porque el cupo establecido se corresponde a una quinta parte del mercado que hubo el año pasado, porque la crisis crediticia tampoco facilita las cosas… No cabe duda de que no es el marco regulatorio que nos hubiera gustado tener, pero creo que es el mejor marco regulatorio que pudimos conseguir del Gobierno de un país que planeaba conectar 80 MW fotovoltaicos durante 2008 y que conectó más de 2.500 MW en sólo nueve meses de ese mismo año.

E.D.: Entonces, ¿hay que reformarla?

J.A.: Sí. Habrá que hacerlo, porque es una norma coyuntural, fruto de la excepcionalidad del mercado solar del año pasado. Aunque es cierto que contiene elementos válidos a largo plazo, hay factores que no contempla y que son necesarios para el correcto desarrollo del Sector, como la simplificación de los procedimientos administrativos, el alcance de la paridad de la red en los próximos años, la especificidad de las tecnologías de concentración, las instalaciones sometidas al Código Técnico de la Edificación, la armonización de las normativas autonómicas… Sin embargo, estos desarrollos de la regulación pueden hacerse con otras normas, como la próxima Ley de Energías Renovables o el inminente decreto de conexión a red para las instalaciones del régimen especial. En ASIF ya estamos trabajando en todas estas cosas.

E.D.: Al parecer los listados de las distintas convocatorias no están saliendo todo lo bien que a las empresas les gustaría. ¿Qué opina de ello?

J.A.: Han salido tarde, han salido con algún error… pero están saliendo. Lo importante es que el sector vuelve a estar en marcha, aunque no sea, ni mucho menos, al ritmo que tuvo el año pasado. Creo que es cuestión de que la Administración coja el ritmo adecuado y de que los propios promotores remitan toda la documentación necesaria en los expedientes. Falta afinar el procedimiento y aclarar algunas contradicciones entre las distintas administraciones, como es el caso de que las comunidades autónomas no exijan la autorización administrativa para instalaciones menores de 100 kW, y, por lo tanto, no la concedan y que, no obstante, este mismo documento sea exigido por la Administración central para acceder a la tarifa fotovoltaica a partir de la tercera convocatoria de este año.

E.D.: ¿Y la reducción de la tarifa de una convocatoria a otra? Se suponía que iba a ser de un 2,5% como máximo y entre la primera convocatoria y la segunda va a haber una reducción del 4% en las instalaciones de suelo.

J.A.: Efectivamente, ha surgido un problema con reducción trimestral de la tarifa para las instalaciones en suelo, porque el Ministerio de Industria ha hecho una aplicación muy particular de la fórmula matemática recogida en el Real Decreto 1578/2008 que puede llevar a la reducción de tarifa hasta una magnitud del 20% este año, cuando el máximo previsto durante el alumbramiento de la norma fue de un máximo del 10% anual. Por lo tanto, en ASIF pensamos que esa interpretación no se corresponde con el espíritu de la norma, y así se refleja en sus memorias justificativas o el propio informe que sobre él realizó la CNE. Esperamos, por lo tanto, que este tema, sobre el que ya estamos en contacto con la Secretaría General de Energía, se reconduzca.

Nuestros lectores podrán leer mañana la segunda parte de la entrevista a Javier Anta que abordará temas como los precios de la fotovoltaica o su instalación en los edificios.

«Es importante que Gobiernos y reguladores recuperen su credibilidad, como base para el buen funcionamiento del sector»

ENERGÍA DIARIO: Hablando de la cuestión de la liberalización, existen ciertas críticas hacia el funcionamiento del mercado eléctrico de generación, ¿por qué esta crítica a este mercado? ¿Por qué no se cree en el mercado de la energía?

IÑAKI GARAY: Tengo que decir que el problema del mercado eléctrico es ese tipo de intervención. Cuando se puso en marcha este mercado empezó a funcionar bastante bien, para ser uno de los primeros de Europa. De hecho, se viene casando en el mercado con normalidad la oferta y demanda de electricidad. En algún caso, ha aparecido alguna irregularidad en determinados “cuellos de botella” como es el mercado de desvíos y restricciones técnicas. Pero, al margen de todos los problemas que hayan podido surgir, todas estas cosas se han ido corrigiendo. Los operadores del mercado del sistema hicieron su labor en su momento, creo que los reguladores han seguido bien el tema, pero, al final, el problema no es del mercado, es de estructura final, es si existe o no competencia en este país y realmente existe muy poca en España y tiene que ver con el tope que supone la tarifa topada o intervenida.

E.D.: Una de las cuestiones que nos podemos plantear es que durante los últimos años las dos grandes operadoras, Endesa e Iberdrola, hace 6 ó 7 años estaban hablando de casi el 80% de participación en el mercado y hoy no llegan al 45%. ¿Este hecho no ha incrementado la competencia?

I.G.: Se ha ido diluyendo. Lo que ocurre no es que una compañía compita contra otra, sino que compites contra el sistema. Si las tarifas siguen topadas, da igual que haya siete o dos operadores. El problema no está en el número de operadores, sino en que haya un marco eficiente para que compitan. Eso que dicen, por ejemplo, del mercado mundial de refrescos de cola que son Coca Cola y Pepsi y que compiten “a muerte”. Como este, hay otros muchos ejemplos de mercados con un número pequeño de operadores y donde hay una gran competencia. Es cierto que los reguladores tienen que estar atentos para que no haya un pacto colusorio o un cártel. El porqué estos operadores han ido perdiendo peso, creo que se debe a que muchas veces ha sido una posición también buscada además de por la entrada de nuevos operadores y las renovables (principalmente la eólica). A medida que van diversificando su actividad en otros mercados, las empresas intentan que ese crecimiento reduzca el riesgo, por lo tanto, han buscado una mayor diversificación de inversiones y riesgos en más países.

E.D.: Sobre lo que son las operaciones corporativas, la última de UF-GN, recientemente aprobada, aunque con críticas por su resultado en el mercado de aprovisionamiento de gas y por el solapamiento de distribución eléctrica y distribución de gas. ¿Siguen existiendo condiciones para que existan nuevos procesos de reestructuración del sector energético?

I.G.: Creo que sí. Hay un proceso muy interesante que se ha dado en estos últimos años, no sólo de concentración entre las propias compañías, sino además de concentración con otras compañías europeas como se ha reflejado en el interés que han mostrado E.on o Enel a raíz de la opa de Gas Natural sobre Endesa. Esto abrió un nuevo panorama en el sector energético español. De ser una cuestión que se iba a dilucidar dentro del mercado ibérico, pasó a formar parte de un interés europeo. Posiblemente esta reordenación no era la más eficiente que se pretendía en un primer momento, entre otras cosas, porque ha sido una reordenación asimétrica: mientras en España las compañías habían sido privatizadas, en otros países europeos seguían en manos del Estado. Esas compañías, aparte de ser intocables, contaban con recursos ilimitados y muchas veces con mercados cautivos, como el caso de Francia, por ejemplo. Pero volviendo al mercado español, creo que la reordenación no se ha acabado. Han aparecido nuevos actores como las compañías constructoras que estaban mudando de un sector ya muy maduro y que incluso estaba entrando en crisis hacia otros sectores y eso ha posibilitado que algunas constructoras importantes hayan tomado posiciones en compañías eléctricas. Lo que no sé es si esas posiciones tienen un carácter permanente o más bien especulativo, o si van a ser un tránsito hacia otro modelo. En todo caso, siguen operando compañías pequeñas en este país que acabarán por integrarse en modelos más grandes. Incluso en Europa, no creo que haya más de cuatro o cinco grandes grupos energéticos en un tiempo.

E.D.: ¿Cómo valoraría el funcionamiento institucional, de los reguladores principales y de la Administración en todo este proceso?

I.G.: En el momento en que se planteó la operación de Gas Natural sobre Endesa, aquella operación que quería crear un campeón nacional, a partir de la intervención de la CNE intentando desincentivar una oferta de una compañía alemana sobre una española (E.on sobre Endesa), el organismo público perdió su credibilidad. Pasó de ser un regulador con una cierta reputación incluso de ámbito europeo a traslucir que el regulador estaba al servicio de los intereses del Gobierno en aquel momento. De esta pérdida de credibilidad no se ha recuperado. Si a esto unimos que los Gobiernos, sean del color que sean, han utilizado la energía para hacer política, unas veces interviniendo el precio de la energía y otras posibilitando uniones u operaciones corporativas que tenían unos ciertos intereses, entonces el escenario que se presenta es un poco desolador. Creo que es importante que tanto los Gobiernos como los reguladores recuperen esa credibilidad como base para un buen funcionamiento sectorial.

E.D.: ¿Es sano que la Comisión Nacional de la Energía esté sin resolver su renovación desde hace casi un año?

I.G.: Pues ciertamente no. Creo que el problema es que como gran parte de los miembros de la CNE, como los de otros muchos reguladores e instituciones de este país (la propia Justicia) se resuelven en un acuerdo político, el resultado es que las cosas funcionen mal. Lo lógico sería cambiar los elementos necesarios para que estos reguladores pudieran ser independientes del poder político. Quizás deberían ser elegidos por una mayoría parlamentaria, exigir que se trate de profesionales de reconocido prestigio, que no tengan ninguna adscripción política… En definitiva, introducir una serie de elementos que devuelvan la credibilidad a este tipo de organismos.

E.D.: Sobre las cuestiones abiertas en este momento en el sector energético español, querríamos saber su opinión sobre cuatro puntos esenciales. En primer lugar, ¿cuál es su posición sobre la reapertura del debate nuclear en nuestro país?

I.G.: La necesidad de cualquier país de mantener una estructura económica competitiva exige tener fuentes de energía que sean, como se suele decir, “buenas, bonitas y baratas”. España es un país muy dependiente energéticamente, casi el 80% de la energía que consumimos tiene que ser importada, lo cual nos sitúa en un régimen de dependencia enorme y constituye una de nuestras mayores debilidades. Hacer una apuesta por las energías renovables es interesante por que la producción de energía autóctona tiene un componente industrial, puesto que su desarrollo genera en su entorno un sector potente. Tenemos empresas muy importantes como Gamesa y otras que son modelos a nivel mundial y que exportan tecnología. Pero, al mismo tiempo, plantean problemas de costes como de seguridad en el suministro. Si queremos contar el suministro con energía barata abundante y segura, tenemos que ver en otros países qué alternativas existen. Y se mire por donde se mire, una de estas alternativas es la de la energía nuclear. Finlandia ya está construyendo nuevos reactores, el Reino Unido tiene proyectos, al igual que algunos países del Este de Europa. Alemania y Suecia se están replanteando este tema y por supuesto, Francia. Incluso en EE.UU.. Cuando Obama habla de su ambicioso plan de energías renovables, lo que no menciona es que al mismo tiempo se están licitando 23 centrales nucleares a lo largo del país. Es verdad que, desde el punto de vista político, es fácil contar a los ciudadanos todas las ventajas que tienen las energías renovables, pero la sociedad y el tejido industrial necesita unos precios de la energía que sean competitivos. En este país, por ejemplo, hay determinadas industrias que son intensivas en el consumo de energía, como los productores de aluminio, acero, el zinc, la industria química, la cementera, etc., que si no tienen un precio de la energía competitivo, se corre el riesgo de deslocalizarse. Creo que es importante que se abra un debate para ver hasta qué punto se puede ofrecer a estas industrias unos precios de la energía que les permitan seguir compitiendo en los mercados internacionales.

E.D.: ¿Qué efectos puede tener la recesión económica que estamos viviendo sobre el consumo, la demanda y la inversión en el sector energético?

I.G.: Es evidente que la recesión económica está haciendo bajar el consumo energético. Los últimos datos hablan ya de dos dígitos y muy altos de caída de la demanda, un 18%, algo que no veíamos desde hace mucho tiempo. Si la demanda cae, la inversión futura lo hace también, porque con el parque que tienes instalado se cubre perfectamente la demanda. Pero además, existen otros problemas en los mercados financieros que están prácticamente cerrados, y hay demasiada deuda pública a la venta que están impidiendo a las compañías financiarse para poner en marcha nuevos proyectos. Todo esto habrá que seguirlo con el tiempo para ver cómo se sale de ello. Pero en el momento en que esto cambie, necesitaremos disponer de una infraestructura que nos permita obtener energía a buen precio para hacer frente a un nuevo crecimiento en términos competitivos.

E.D.: Sobre la integración energía y medioambiente, ¿qué propuestas y retos tiene ahora nuestro país?

I.G.: Con respecto a este tema, está en la mesa el Plan Nacional de Asignaciones. Cuando en los años 90 se empieza a hablar del protocolo de Kyoto, se hicieron unos cálculos muy ambiciosos sobre modelos que partían de una estabilidad en el comportamiento de la actividad de nuestro país. Es decir, cuando se calcularon las emisiones que España iba a tener en los años posteriores no se contó con una época de crecimiento económico como la que tuvimos. De hecho, veremos en los próximos años cómo con la recesión económica, la emisión de gases se va a corregir muchísimo. Y no es porque haya habido un esfuerzo especial por parte de los ciudadanos o las industrias. Simplemente, es porque energía y progreso están muy ligados, como he mencionado anteriormente, y cuando hay una recesión económica, el consumo de la energía cae. Pero volviendo al tema del medioambiente, es importante contar con las fuentes de energía que sean respetuosas con él pero al mismo tiempo baratas. Y volvemos en este punto una vez más al tema de la energía nuclear. Francia es uno de los países que en las reuniones de Ministros europeos cuando se hablaba de porcentajes de energías renovables, incluían a la nuclear entre ellas, porque es una energía prácticamente inagotable y libre de emisiones. Tiene, por supuesto, otros problemas que habrá que discutir como el tratamiento de los residuos, pero un país que obtiene el 70% de su electricidad a partir de la nuclear va a defenderla hasta el final.

E.D.: Sobre las políticas de impulso a las energías renovables, ¿qué opinión le merecen las ventajas fiscales y primas que se están aplicando para el desarrollo del sector?

I.G.: Ciertamente son necesarias, pero hay que buscar un equilibrio entre lo que los ciudadanos pueden pagar y lo que el sistema puede soportar. España está haciendo un esfuerzo notable en el fomento de las energías renovables, pero no sólo de renovables puede vivir un país. La cuestión de que se hayan sacado las primas a las renovables de los Presupuestos Generales del Estado que se está planteando deviene de que si las energías renovables son bien para la sociedad, por qué las deben soportar sólo los que consumen energía eléctrica. Por tanto, aunque uno no consuma, como estas energías reducen las emisiones de CO2 a la atmósfera sería lógico que se cubran las primas a las renovables con los PGE. Este punto no lo veo muy claro, porque, al final, el precio de la energía también debe servir para evitar que se derroche la misma.

Nuestra eficiencia energética empeoró entre los años 90 y 2003, porque durante estos años al mismo tiempo que el precio del petróleo subía de 10 a 60 ó 70 dólares, el precio de la energía bajaba en términos reales un 30%. Si la gente no percibe que hay una penalización si se consume energía, la tendencia a consumir más es normal. Ese principio económico que dice “a precio cero, demanda infinita” se hace realidad. Cuando los precios no se perciben como una penalización, la gente tiende a consumir, a veces, mucho más de lo que necesita. Eso ha hecho que nuestra eficiencia energética fuese tan baja, puesto que para la misma producción se utilizaba mucha más energía. El hecho de utilizar el aire acondicionado o la calefacción en exceso, así como dejarse luces encendidas cuando no son necesarias, son ejemplos de consumo que no se deben primar, sino, más bien, penalizar. Pero volviendo a la cuestión de las renovables, es cierto que cada vez son más eficientes. Por ejemplo, en el caso de la energía eólica desde los primeros aerogeneradores implantados en España hace ya 25 años, hasta los generadores actuales ha habido cambios enormes: no sólo son mucho más predecibles sino que además producen una energía de mayor calidad y mejor precio que hace unos años. Por tanto, entiendo que hay que apoyar este tipo de energías porque en algún momento serán muy importantes, de hecho ya lo empiezan a ser, incluso que se incorporen al mercado cuando compitan con otras tecnologías.

E.D.: ¿Qué retos tiene el sector energético como industria?

I.G.: El reto más importante que tiene el sector como industria es seguir dando el salto de proveer de forma eficiente, de darnos la energía con la mejor calidad y el mejor precio. Eso ocurrirá si tiene cierta libertad para elegir las tecnologías que usa. Cuando un sector está encorsetado por una serie de principios gubernamentales o regulaciones, acaba siendo ineficiente. Si se hace una liberalización eficaz y efectiva, si se dan fórmulas de competencia y se deja que el sector madure sólo, al final habrá un sector eficiente y que redundará en un mejor servicio a los ciudadanos.

E.D.: ¿Cree que hay inseguridad regulatoria en el sector en nuestro país?

I.G.: Por supuesto. Ha habido una constante incertidumbre regulatoria y eso es lo que marca la diferencia entre un país que es moderno y otro que no lo es. Y hay que decir que España en este tema no ha sabido ser un país moderno. Creo que los países que tienen seguridad jurídica, que tienen “certidumbre” regulatoria son los que atraen la inversión, los que atraen el capital y las oportunidades que revierten al final en beneficio de todos los ciudadanos.

«Es importante que Gobiernos y reguladores recuperen su credibilidad, como base para el buen funcionamiento del sector»

ENERGÍA DIARIO: Hablando de la cuestión de la liberalización, existen ciertas críticas hacia el funcionamiento del mercado eléctrico de generación, ¿por qué esta crítica a este mercado? ¿Por qué no se cree en el mercado de la energía?

IÑAKI GARAY: Tengo que decir que el problema del mercado eléctrico es ese tipo de intervención. Cuando se puso en marcha este mercado empezó a funcionar bastante bien, para ser uno de los primeros de Europa. De hecho, se viene casando en el mercado con normalidad la oferta y demanda de electricidad. En algún caso, ha aparecido alguna irregularidad en determinados “cuellos de botella” como es el mercado de desvíos y restricciones técnicas. Pero, al margen de todos los problemas que hayan podido surgir, todas estas cosas se han ido corrigiendo. Los operadores del mercado del sistema hicieron su labor en su momento, creo que los reguladores han seguido bien el tema, pero, al final, el problema no es del mercado, es de estructura final, es si existe o no competencia en este país y realmente existe muy poca en España y tiene que ver con el tope que supone la tarifa topada o intervenida.

E.D.: Una de las cuestiones que nos podemos plantear es que durante los últimos años las dos grandes operadoras, Endesa e Iberdrola, hace 6 ó 7 años estaban hablando de casi el 80% de participación en el mercado y hoy no llegan al 45%. ¿Este hecho no ha incrementado la competencia?

I.G.: Se ha ido diluyendo. Lo que ocurre no es que una compañía compita contra otra, sino que compites contra el sistema. Si las tarifas siguen topadas, da igual que haya siete o dos operadores. El problema no está en el número de operadores, sino en que haya un marco eficiente para que compitan. Eso que dicen, por ejemplo, del mercado mundial de refrescos de cola que son Coca Cola y Pepsi y que compiten “a muerte”. Como este, hay otros muchos ejemplos de mercados con un número pequeño de operadores y donde hay una gran competencia. Es cierto que los reguladores tienen que estar atentos para que no haya un pacto colusorio o un cártel. El porqué estos operadores han ido perdiendo peso, creo que se debe a que muchas veces ha sido una posición también buscada además de por la entrada de nuevos operadores y las renovables (principalmente la eólica). A medida que van diversificando su actividad en otros mercados, las empresas intentan que ese crecimiento reduzca el riesgo, por lo tanto, han buscado una mayor diversificación de inversiones y riesgos en más países.

E.D.: Sobre lo que son las operaciones corporativas, la última de UF-GN, recientemente aprobada, aunque con críticas por su resultado en el mercado de aprovisionamiento de gas y por el solapamiento de distribución eléctrica y distribución de gas. ¿Siguen existiendo condiciones para que existan nuevos procesos de reestructuración del sector energético?

I.G.: Creo que sí. Hay un proceso muy interesante que se ha dado en estos últimos años, no sólo de concentración entre las propias compañías, sino además de concentración con otras compañías europeas como se ha reflejado en el interés que han mostrado E.on o Enel a raíz de la opa de Gas Natural sobre Endesa. Esto abrió un nuevo panorama en el sector energético español. De ser una cuestión que se iba a dilucidar dentro del mercado ibérico, pasó a formar parte de un interés europeo. Posiblemente esta reordenación no era la más eficiente que se pretendía en un primer momento, entre otras cosas, porque ha sido una reordenación asimétrica: mientras en España las compañías habían sido privatizadas, en otros países europeos seguían en manos del Estado. Esas compañías, aparte de ser intocables, contaban con recursos ilimitados y muchas veces con mercados cautivos, como el caso de Francia, por ejemplo. Pero volviendo al mercado español, creo que la reordenación no se ha acabado. Han aparecido nuevos actores como las compañías constructoras que estaban mudando de un sector ya muy maduro y que incluso estaba entrando en crisis hacia otros sectores y eso ha posibilitado que algunas constructoras importantes hayan tomado posiciones en compañías eléctricas. Lo que no sé es si esas posiciones tienen un carácter permanente o más bien especulativo, o si van a ser un tránsito hacia otro modelo. En todo caso, siguen operando compañías pequeñas en este país que acabarán por integrarse en modelos más grandes. Incluso en Europa, no creo que haya más de cuatro o cinco grandes grupos energéticos en un tiempo.

E.D.: ¿Cómo valoraría el funcionamiento institucional, de los reguladores principales y de la Administración en todo este proceso?

I.G.: En el momento en que se planteó la operación de Gas Natural sobre Endesa, aquella operación que quería crear un campeón nacional, a partir de la intervención de la CNE intentando desincentivar una oferta de una compañía alemana sobre una española (E.on sobre Endesa), el organismo público perdió su credibilidad. Pasó de ser un regulador con una cierta reputación incluso de ámbito europeo a traslucir que el regulador estaba al servicio de los intereses del Gobierno en aquel momento. De esta pérdida de credibilidad no se ha recuperado. Si a esto unimos que los Gobiernos, sean del color que sean, han utilizado la energía para hacer política, unas veces interviniendo el precio de la energía y otras posibilitando uniones u operaciones corporativas que tenían unos ciertos intereses, entonces el escenario que se presenta es un poco desolador. Creo que es importante que tanto los Gobiernos como los reguladores recuperen esa credibilidad como base para un buen funcionamiento sectorial.

E.D.: ¿Es sano que la Comisión Nacional de la Energía esté sin resolver su renovación desde hace casi un año?

I.G.: Pues ciertamente no. Creo que el problema es que como gran parte de los miembros de la CNE, como los de otros muchos reguladores e instituciones de este país (la propia Justicia) se resuelven en un acuerdo político, el resultado es que las cosas funcionen mal. Lo lógico sería cambiar los elementos necesarios para que estos reguladores pudieran ser independientes del poder político. Quizás deberían ser elegidos por una mayoría parlamentaria, exigir que se trate de profesionales de reconocido prestigio, que no tengan ninguna adscripción política… En definitiva, introducir una serie de elementos que devuelvan la credibilidad a este tipo de organismos.

E.D.: Sobre las cuestiones abiertas en este momento en el sector energético español, querríamos saber su opinión sobre cuatro puntos esenciales. En primer lugar, ¿cuál es su posición sobre la reapertura del debate nuclear en nuestro país?

I.G.: La necesidad de cualquier país de mantener una estructura económica competitiva exige tener fuentes de energía que sean, como se suele decir, “buenas, bonitas y baratas”. España es un país muy dependiente energéticamente, casi el 80% de la energía que consumimos tiene que ser importada, lo cual nos sitúa en un régimen de dependencia enorme y constituye una de nuestras mayores debilidades. Hacer una apuesta por las energías renovables es interesante por que la producción de energía autóctona tiene un componente industrial, puesto que su desarrollo genera en su entorno un sector potente. Tenemos empresas muy importantes como Gamesa y otras que son modelos a nivel mundial y que exportan tecnología. Pero, al mismo tiempo, plantean problemas de costes como de seguridad en el suministro. Si queremos contar el suministro con energía barata abundante y segura, tenemos que ver en otros países qué alternativas existen. Y se mire por donde se mire, una de estas alternativas es la de la energía nuclear. Finlandia ya está construyendo nuevos reactores, el Reino Unido tiene proyectos, al igual que algunos países del Este de Europa. Alemania y Suecia se están replanteando este tema y por supuesto, Francia. Incluso en EE.UU.. Cuando Obama habla de su ambicioso plan de energías renovables, lo que no menciona es que al mismo tiempo se están licitando 23 centrales nucleares a lo largo del país. Es verdad que, desde el punto de vista político, es fácil contar a los ciudadanos todas las ventajas que tienen las energías renovables, pero la sociedad y el tejido industrial necesita unos precios de la energía que sean competitivos. En este país, por ejemplo, hay determinadas industrias que son intensivas en el consumo de energía, como los productores de aluminio, acero, el zinc, la industria química, la cementera, etc., que si no tienen un precio de la energía competitivo, se corre el riesgo de deslocalizarse. Creo que es importante que se abra un debate para ver hasta qué punto se puede ofrecer a estas industrias unos precios de la energía que les permitan seguir compitiendo en los mercados internacionales.

E.D.: ¿Qué efectos puede tener la recesión económica que estamos viviendo sobre el consumo, la demanda y la inversión en el sector energético?

I.G.: Es evidente que la recesión económica está haciendo bajar el consumo energético. Los últimos datos hablan ya de dos dígitos y muy altos de caída de la demanda, un 18%, algo que no veíamos desde hace mucho tiempo. Si la demanda cae, la inversión futura lo hace también, porque con el parque que tienes instalado se cubre perfectamente la demanda. Pero además, existen otros problemas en los mercados financieros que están prácticamente cerrados, y hay demasiada deuda pública a la venta que están impidiendo a las compañías financiarse para poner en marcha nuevos proyectos. Todo esto habrá que seguirlo con el tiempo para ver cómo se sale de ello. Pero en el momento en que esto cambie, necesitaremos disponer de una infraestructura que nos permita obtener energía a buen precio para hacer frente a un nuevo crecimiento en términos competitivos.

E.D.: Sobre la integración energía y medioambiente, ¿qué propuestas y retos tiene ahora nuestro país?

I.G.: Con respecto a este tema, está en la mesa el Plan Nacional de Asignaciones. Cuando en los años 90 se empieza a hablar del protocolo de Kyoto, se hicieron unos cálculos muy ambiciosos sobre modelos que partían de una estabilidad en el comportamiento de la actividad de nuestro país. Es decir, cuando se calcularon las emisiones que España iba a tener en los años posteriores no se contó con una época de crecimiento económico como la que tuvimos. De hecho, veremos en los próximos años cómo con la recesión económica, la emisión de gases se va a corregir muchísimo. Y no es porque haya habido un esfuerzo especial por parte de los ciudadanos o las industrias. Simplemente, es porque energía y progreso están muy ligados, como he mencionado anteriormente, y cuando hay una recesión económica, el consumo de la energía cae. Pero volviendo al tema del medioambiente, es importante contar con las fuentes de energía que sean respetuosas con él pero al mismo tiempo baratas. Y volvemos en este punto una vez más al tema de la energía nuclear. Francia es uno de los países que en las reuniones de Ministros europeos cuando se hablaba de porcentajes de energías renovables, incluían a la nuclear entre ellas, porque es una energía prácticamente inagotable y libre de emisiones. Tiene, por supuesto, otros problemas que habrá que discutir como el tratamiento de los residuos, pero un país que obtiene el 70% de su electricidad a partir de la nuclear va a defenderla hasta el final.

E.D.: Sobre las políticas de impulso a las energías renovables, ¿qué opinión le merecen las ventajas fiscales y primas que se están aplicando para el desarrollo del sector?

I.G.: Ciertamente son necesarias, pero hay que buscar un equilibrio entre lo que los ciudadanos pueden pagar y lo que el sistema puede soportar. España está haciendo un esfuerzo notable en el fomento de las energías renovables, pero no sólo de renovables puede vivir un país. La cuestión de que se hayan sacado las primas a las renovables de los Presupuestos Generales del Estado que se está planteando deviene de que si las energías renovables son bien para la sociedad, por qué las deben soportar sólo los que consumen energía eléctrica. Por tanto, aunque uno no consuma, como estas energías reducen las emisiones de CO2 a la atmósfera sería lógico que se cubran las primas a las renovables con los PGE. Este punto no lo veo muy claro, porque, al final, el precio de la energía también debe servir para evitar que se derroche la misma.

Nuestra eficiencia energética empeoró entre los años 90 y 2003, porque durante estos años al mismo tiempo que el precio del petróleo subía de 10 a 60 ó 70 dólares, el precio de la energía bajaba en términos reales un 30%. Si la gente no percibe que hay una penalización si se consume energía, la tendencia a consumir más es normal. Ese principio económico que dice “a precio cero, demanda infinita” se hace realidad. Cuando los precios no se perciben como una penalización, la gente tiende a consumir, a veces, mucho más de lo que necesita. Eso ha hecho que nuestra eficiencia energética fuese tan baja, puesto que para la misma producción se utilizaba mucha más energía. El hecho de utilizar el aire acondicionado o la calefacción en exceso, así como dejarse luces encendidas cuando no son necesarias, son ejemplos de consumo que no se deben primar, sino, más bien, penalizar. Pero volviendo a la cuestión de las renovables, es cierto que cada vez son más eficientes. Por ejemplo, en el caso de la energía eólica desde los primeros aerogeneradores implantados en España hace ya 25 años, hasta los generadores actuales ha habido cambios enormes: no sólo son mucho más predecibles sino que además producen una energía de mayor calidad y mejor precio que hace unos años. Por tanto, entiendo que hay que apoyar este tipo de energías porque en algún momento serán muy importantes, de hecho ya lo empiezan a ser, incluso que se incorporen al mercado cuando compitan con otras tecnologías.

E.D.: ¿Qué retos tiene el sector energético como industria?

I.G.: El reto más importante que tiene el sector como industria es seguir dando el salto de proveer de forma eficiente, de darnos la energía con la mejor calidad y el mejor precio. Eso ocurrirá si tiene cierta libertad para elegir las tecnologías que usa. Cuando un sector está encorsetado por una serie de principios gubernamentales o regulaciones, acaba siendo ineficiente. Si se hace una liberalización eficaz y efectiva, si se dan fórmulas de competencia y se deja que el sector madure sólo, al final habrá un sector eficiente y que redundará en un mejor servicio a los ciudadanos.

E.D.: ¿Cree que hay inseguridad regulatoria en el sector en nuestro país?

I.G.: Por supuesto. Ha habido una constante incertidumbre regulatoria y eso es lo que marca la diferencia entre un país que es moderno y otro que no lo es. Y hay que decir que España en este tema no ha sabido ser un país moderno. Creo que los países que tienen seguridad jurídica, que tienen “certidumbre” regulatoria son los que atraen la inversión, los que atraen el capital y las oportunidades que revierten al final en beneficio de todos los ciudadanos.

«Hasta que no se liberalicen las tarifas, no existirá una competencia completa en el sector energético»

ENERGÍA DIARIO: ¿De dónde proviene este interés personal y profesional por el mundo energético?

IÑAKI GARAY: La verdad es que fue un interés casi impuesto, porque empecé a trabajar en Expansión, allá por el año 87, y al poco tiempo de llegar empecé a llevar temas energéticos y, como en otros trabajos, a medida que lo vas haciendo te va entusiasmando o te va decepcionando. A mí me entusiasmó por el hecho de que el mundo de la energía tiene muchas vertientes y un ámbito y proyección social muy importante. Por eso me ha interesado y lo he hecho durante mucho tiempo.

E.D.: ¿Cómo valora el conocimiento que tiene la sociedad española sobre el sector energético?

I.G.: Hay un desconocimiento enorme, la sociedad española sabe realmente muy poco sobre el sector energético. Por poner algún ejemplo, la mayor parte de la gente no sabe qué hay detrás del hecho de apretar un interruptor y que se encienda la luz en su casa, qué energías, ni qué capital se están moviendo, ni qué inversiones hay que realizar. Prácticamente todo eso se desconoce. Lo que es opinión de todos es que la luz es cara. Si a uno le preguntan en una encuesta si le parece que la luz es barata o cara, como se trata de un bien de consumo generalizado, siempre responderá que es cara, pero nadie sabe cuánto consume o paga de luz cada día. En el sector del petróleo pasa lo mismo. Sabemos que los precios del petróleo varían muchísimo pero el de los carburantes no lo hacen en la misma medida y eso está motivado porque gran parte de lo que pagan los consumidores son impuestos como el IVA, el impuesto sobre hidrocarburos o impuestos especiales y la gente no conoce la carga fiscal que tienen que soportar estos medios.

No hay tampoco un gran conocimiento sobre las energías renovables. Por ejemplo, se suele decir que en España hay mucho sol y que, por consiguiente, se cree que es fácil o debería ser fácil la producción de energía solar. Lo que no sabe la gente es que para obtener esta energía hay que utilizar unos paneles de silicio que son muy caros de fabricar y cuya eficiencia es muy baja comparativamente con otras fuentes. Por tanto, esa diferencia entre el coste de esos paneles y su bajo rendimiento, tiene que verse compensada para que pueda participar en la generación energética, lo que implica imputar unas ayudas complementarias, que pueden hacer que realmente esa energía sea más cara que la producida por un ciclo combinado de gas, por ejemplo.

Hay, por tanto, un escaso conocimiento sobre el sector y muchos tabúes. Sólo contar una anécdota, muy ilustrativa de esta cuestión. Cuando yo estaba en el Ministerio de Industria: en la época estaban haciendo lo que se denominaba el cable que unía eléctricamente Marruecos con España, una de las cuestiones que planteaban recurrentemente los periodistas locales era si iban a traer energía nuclear a través del cable. Este tipo de respuestas dan una idea del desconocimiento generalizado que hay sobre la energía.

Además de esto, partimos de una idea popular de que las compañías eléctricas son ricas y que están en manos de nobles. Me acuerdo de alguien que me comentó una vez “esta eléctrica es del Barón de Grado (Martín González del Valle, que era el dueño de Hidrocantábrico)” pero no era suya, claro, el Barón de Grado era el que la presidía; u otro que decía “es del Marqués de Arriluce” que es Fernando Ybarra cuando presidía Sevillana de Electricidad.

Con esto quiero decir que la gente percibe que las eléctricas eran propiedad de unos nobles, cuando la verdad es que son propiedad de millones de accionistas. Cuando se penaliza el funcionamiento de estas compañías, por ejemplo, no reconociendo los costes en que incurren, lo que pasa es que se está transfiriendo renta de estos millones de accionistas a millones de consumidores. Al mismo tiempo se perjudica la imagen del país, porque la inversión extranjera o los grandes fondos de inversión se acercan mucho a sectores como este, que son muy intensivos de capital, es decir, para montar un ciclo combinado o una central nuclear, por ejemplo, hay que invertir unos 4.000 millones de euros y eso supone que tiene que haber capital en el mundo suficiente que esté dispuesto a jugárselo en tu país y, por supuesto, tienen la intención de obtener una rentabilidad. Nadie mete su dinero en un sitio a cambio de nada o, incluso, perdiendo dinero o con riesgo de ello. Por lo tanto, cuando vemos a las compañías debemos saber que detrás de ellas hay muchos intereses, que además son intereses legítimos y que hacen un servicio a la sociedad.

E.D.: En relación a esto, la gente quiere energía barata y esto tiene un “trade off” entre si se usan o no renovables, o si se utiliza la nuclear o no, preguntas que están a menudo en el debate público. ¿Por qué la sociedad no percibe esta cuestión?

I.G.: La gente quiere la triple B sobre la energía: buena, bonita y barata. Pero pocas veces son compatibles las tres. Por poner un ejemplo, desconocen que las energías renovables que, en teoría son inagotables (el viento existe y existirá, el sol ídem) son al mismo tiempo más caras. Cuando se apuesta por un tipo de producción de energía renovables, como sociedad tenemos que hacer el esfuerzo de pagar un poco más cara la electricidad. Además de esto, la gente quiere energía segura: nadie está dispuesto a que cuando se vaya de casa se quede sin luz y que, por ejemplo, los alimentos que tienen en la nevera se pierdan. Esta seguridad de suministro requiere atender a otros factores. La eólica, por ejemplo, no da seguridad en el suministro, ya que sólo se produce cuando sopla el viento. Si uno ve los momentos en que ocurren los máximos de consumo que se han producido en este país debidos a un aumento en la utilización del aire acondicionado o de los sistemas de calefacción, se puede comprobar que, en esos momentos, quién está aportando a la red la energía para soportar todo ese consumo no es la energía eólica, puesto que cuando hay un anticiclón, haga frío o calor, el viento sopla menos. Por lo tanto, cuando no hay viento son necesarias otro tipo de instalaciones que proporcionen la electricidad para que uno pueda seguir duchándose o utilizar el aire acondicionado. En este caso son las centrales de carbón, nucleares o de ciclo combinado. Otro caso parecido es el de las hidráulicas. Cuando llueve los pantanos se llenan y, por tanto, no hay problema para obtener electricidad de la energía hidráulica, pero hay veces que hay sequías y hay que suplir este tipo de producción energética con otras, como las que he mencionado. La gente desconoce todo esto, en general. En conclusión, lo importante es tener un mix de todas estas fuentes, cada una con papeles concretos en el suministro y en el que se inlcuya el carbón (centrales térmicas), hidráulica, ciclos combinados, renovables, y, posiblemente, habría que ver si en ese mix debería participar más la energía nuclear.

E.D.: Desde los medios de comunicación, ¿cómo se trata el sector energético? ¿Existen diferencias entre medios generalistas y económicos, o incluso entre medios audiovisuales y escritos?

I.G.: Pues existe diferencia entre los medios generalistas y económicos. Estos últimos suelen ser un poco más rigurosos, suelen tener un poco más de sensibilidad con estos temas que no son tan sociales. Pero dentro de los propios medios generalistas existe una diferencia de tratamiento según la sección, si es sociedad o economía. Pienso que los redactores y periodistas que tratan estos temas tienen diferentes formaciones y un diferente acercamiento al mundo de la energía en función de la sección en la que trabajan y eso se percibe. En general, en las secciones de sociedad de los periódicos generalistas se hace bastante demagogia en torno a los temas energéticos, incluso en muchos programas de televisión se trata el tema no para informar, si no para reforzar todos los tópicos que ya existen en la sociedad. Pongamos por caso que se quiere tratar el hecho de si las líneas de alta tensión producen campos electromagnéticos. Pues siempre alguien al que se le ocurre hacer de eso un reportaje, que lo vende a algún programa de televisión buscando un contenido de interés “social” enfocado desde la alarma. No importa si hay una base científica o no detrás de eso o si los datos son fiables. Lo importante no es lo que es, sino lo que parece que es. Por lo tanto, se trata de manera bastante frívola el tema energético. Pero sí es verdad que hay medios que por estar, muy especializados lo tratan mejor, lógicamente, medios que lo tratan mejor en unas páginas que en otras y medios o que no lo tratan o lo hacen muy mal.

E.D.: ¿Cómo valora el que haya medios especializados sólo en el sector?

I.G.: Lo valoro muy positivamente. Creo que el progreso de la humanidad está ligado al consumo de energía, es decir, no hay país que pueda progresar sin aumento en su consumo de energía, por tanto, la energía es algo fundamental para el progreso de los pueblos. Antes se utilizaba la energía calorífica gracias a la combustión de la madera, después fueron apareciendo el petróleo, el gas y otros tipos de energía. Si tenemos en cuenta que hasta el año 1800, la población del planeta no supera los 1.000 millones de personas, en 1920 supera los 2.000 millones, en los años 60 no supera todavía los 3.000 millones y que desde los años 60 hasta el 2000 la población de la tierra se dobla hasta los 6.000, esto quiere decir que se van a consumir grandes cantidades de energía, porque toda la población de países con China, el Sudeste Asiático que están multiplicando sus poblaciones y tienen derecho a consumir energía. Tenemos, por tanto, que hacer una reflexión profunda de cómo se va a realizar ese proceso, qué energías vamos a consumir, como nos van a ayudar a progresar y hacer que este progreso sea compatible con que el crecimiento sea sostenible o que no se dañe al medioambiente. Todas ellas son cuestiones que se deben tratar de formar profesional y rigurosa.

E.D.: Sobre el tema del déficit tarifario, ¿existe conocimiento a nivel de calle de las consecuencias de una negociación como la que se está llevando a cabo? ¿Hay transparencia sobre el tema?

I.G.: La sociedad no tiene ni idea del problema que es el déficit tarifario. Entre otras cosas, la gente piensa que se trata de un problema de las eléctricas y, verdaderamente, puede llegar a serlo. Para explicarlo de forma fácil, el problema surge del hecho que las tarifas están intervenidas, puesto que el último que las fija es el Gobierno y, por ello, se han utilizado unas veces para controlar la inflación y otras veces no se han subido porque no convenía políticamente. Todo esto ha llevado a una dinámica perversa y es que las materias primas y el coste de producción de energía han estado subiendo mientras que las tarifas, fijadas políticamente, no reflejan esos costes de producción. Esa diferencia entre el coste real de producción y lo que paga el consumidor es el déficit de tarifa. Los políticos sabían que con los precios aplicados, las eléctricas no estaban recuperando los costes de producción. Pero, por decirlo de alguna forma, es como si los políticos estuvieran diciendo a las eléctricas “no os preocupéis, que nosotros vamos a ir subiendo la luz para que recuperéis todo lo que habéis dejado de ingresar”. El problema es que esto no se lo han dicho a los ciudadanos. Pero como el precio de la luz tenía que haber crecido mucho más y al mismo tiempo que esto ocurría, las eléctricas han estado apuntando en una cuenta una deuda que los ciudadanos debemos a las compañías. Pues esa cifra ha ido creciendo año tras año y al final de este año la deuda contraída por los ciudadanos con las eléctricas ascenderá a unos 20.000 millones de euros. El problema es doble, porque en los años pasados cuando subieron las materias primas y este país vivía una situación económica muy favorable, se daban las condiciones para que los ciudadanos hubieran podido asumir un coste mayor por el precio de la energía que estaban consumiendo en ese momento. Pero en un momento como el actual de crisis, con mucha gente que va al paro, con mucha gente que ha visto mermados sus ingresos, es difícil proponer el hecho de que paguen ahora la luz que no han pagado durante todos estos años. Todo este problema lo desconoce la sociedad y en un momento dado habrá que enfrentarse a él. A esto hay que añadir, que en la calle la gente comenta que las eléctricas ganan mucho dinero y reparten dividendos. Pero hay que aclarar en este punto que el déficit de tarifa es un apunte contable, es decir, la promesa del Gobierno de pagar esos millones que se deben a las compañías, las cantidades se están apuntando en las cuentas de resultados y, a cuenta de ese dinero debido, se están pagando dividendos, etc. Por tanto es un dinero que ya está gastado, ya cuentan con ello y que la subida de tarifas por este concepto no aumentará el beneficio de las eléctricas.

E.D.: ¿Alguien está haciendo el esfuerzo de explicar esto a los españoles?

I.G.: Es cierto que los periódicos especializados hemos escrito sobre le el tema, pero no sé hasta qué punto esta información llega a la sociedad en general. Creo que la gente del sector o de la administración (por lo menos a nivel de los ministerios implicados) conoce perfectamente el problema. Otra cosa es cómo se va a afrontar o solucionar. De todas formas hay que ser muy didáctico para explicar esto al ciudadano medio o, de lo contrario, no se entendería el problema.

E.D.: Y ahora sería ya un poco precipitado explicar todo esto porque es un problema que está ahí, que necesita una solución.

I.G.: Cierto, tiempo hay cada vez menos. Lo primero que debería hacerse es actualizar los precios de la energía para que, al menos, no se siga generando más déficit. Como ya he comentado, dentro de ese déficit estamos pagando el coste que tienen las energías renovables: las primas a la solar o la eólica y el alto coste de producción están dentro de ese sobrecoste que los ciudadanos tenemos que pagar, pero que no hemos hecho porque los políticos no han tenido en su momento la valentía de subir las tarifas o de liberalizarlas como estaba previsto

E.D.: ¿Y por qué al precio de la energía se le ha quedado ese estigma de ser un precio intervenido? Igual que pasa con las empresas eléctricas, que no son vistas como empresas sino como una especie de provisoras de un “bien público” no de un suministro.

Supongo que es por el hecho de que haya del orden de 15 ó 16 millones de contratos entre particulares e industrias en este país y que los políticos que son los que tienen la capacidad para desregular un sector y abrirlo a la competencia, etc., temen que el hecho de que los precios de la energía suban mucho y que ello les penalice políticamente. Por tanto, siempre han tenido la intención de mantener este tema bien controlado. Si, por otro lado, alguien se pregunta por qué a pesar de estar teóricamente liberalizado el sector de la energía en España no se ha incrementado la competencia, se le podría responder que hasta que no se liberalicen las tarifas, no puede existir competencia completa contra una tarifa que está fijada y que tiene un tope que, a veces, está por debajo de los costes. Ha habido intentos y proyectos, pero no hay compañías importantes que hayan venido a hacer inversión intensiva porque existía esa inseguridad de un escenario en el que habría que vender la energía por debajo del precio que me está costando producirla. Con una verdadera liberalización completada, hubieran llegado muchas más compañías, se habrían hecho muchas más instalaciones y gracias a una competencia más o menos normalizada se podrían haber obtenido precios más interesantes para el consumidor. La ley no lo impide, cualquiera puede venir a este país y montar su ciclo combinado o incluso una nuclear (si consigue superar todos los pasos anteriores), pero la liberalización en ese sentido ha fracasado.

Nuestros lectores podrán leer mañana la segunda parte de la entrevista a Iñaki Garay que abordará temas como el mercado eléctrico de generación, el funcionamiento de la CNE, el debate nuclear, las renovables, el medio ambiente o la crisis económica.

«Hasta que no se liberalicen las tarifas, no existirá una competencia completa en el sector energético»

ENERGÍA DIARIO: ¿De dónde proviene este interés personal y profesional por el mundo energético?

IÑAKI GARAY: La verdad es que fue un interés casi impuesto, porque empecé a trabajar en Expansión, allá por el año 87, y al poco tiempo de llegar empecé a llevar temas energéticos y, como en otros trabajos, a medida que lo vas haciendo te va entusiasmando o te va decepcionando. A mí me entusiasmó por el hecho de que el mundo de la energía tiene muchas vertientes y un ámbito y proyección social muy importante. Por eso me ha interesado y lo he hecho durante mucho tiempo.

E.D.: ¿Cómo valora el conocimiento que tiene la sociedad española sobre el sector energético?

I.G.: Hay un desconocimiento enorme, la sociedad española sabe realmente muy poco sobre el sector energético. Por poner algún ejemplo, la mayor parte de la gente no sabe qué hay detrás del hecho de apretar un interruptor y que se encienda la luz en su casa, qué energías, ni qué capital se están moviendo, ni qué inversiones hay que realizar. Prácticamente todo eso se desconoce. Lo que es opinión de todos es que la luz es cara. Si a uno le preguntan en una encuesta si le parece que la luz es barata o cara, como se trata de un bien de consumo generalizado, siempre responderá que es cara, pero nadie sabe cuánto consume o paga de luz cada día. En el sector del petróleo pasa lo mismo. Sabemos que los precios del petróleo varían muchísimo pero el de los carburantes no lo hacen en la misma medida y eso está motivado porque gran parte de lo que pagan los consumidores son impuestos como el IVA, el impuesto sobre hidrocarburos o impuestos especiales y la gente no conoce la carga fiscal que tienen que soportar estos medios.

No hay tampoco un gran conocimiento sobre las energías renovables. Por ejemplo, se suele decir que en España hay mucho sol y que, por consiguiente, se cree que es fácil o debería ser fácil la producción de energía solar. Lo que no sabe la gente es que para obtener esta energía hay que utilizar unos paneles de silicio que son muy caros de fabricar y cuya eficiencia es muy baja comparativamente con otras fuentes. Por tanto, esa diferencia entre el coste de esos paneles y su bajo rendimiento, tiene que verse compensada para que pueda participar en la generación energética, lo que implica imputar unas ayudas complementarias, que pueden hacer que realmente esa energía sea más cara que la producida por un ciclo combinado de gas, por ejemplo.

Hay, por tanto, un escaso conocimiento sobre el sector y muchos tabúes. Sólo contar una anécdota, muy ilustrativa de esta cuestión. Cuando yo estaba en el Ministerio de Industria: en la época estaban haciendo lo que se denominaba el cable que unía eléctricamente Marruecos con España, una de las cuestiones que planteaban recurrentemente los periodistas locales era si iban a traer energía nuclear a través del cable. Este tipo de respuestas dan una idea del desconocimiento generalizado que hay sobre la energía.

Además de esto, partimos de una idea popular de que las compañías eléctricas son ricas y que están en manos de nobles. Me acuerdo de alguien que me comentó una vez “esta eléctrica es del Barón de Grado (Martín González del Valle, que era el dueño de Hidrocantábrico)” pero no era suya, claro, el Barón de Grado era el que la presidía; u otro que decía “es del Marqués de Arriluce” que es Fernando Ybarra cuando presidía Sevillana de Electricidad.

Con esto quiero decir que la gente percibe que las eléctricas eran propiedad de unos nobles, cuando la verdad es que son propiedad de millones de accionistas. Cuando se penaliza el funcionamiento de estas compañías, por ejemplo, no reconociendo los costes en que incurren, lo que pasa es que se está transfiriendo renta de estos millones de accionistas a millones de consumidores. Al mismo tiempo se perjudica la imagen del país, porque la inversión extranjera o los grandes fondos de inversión se acercan mucho a sectores como este, que son muy intensivos de capital, es decir, para montar un ciclo combinado o una central nuclear, por ejemplo, hay que invertir unos 4.000 millones de euros y eso supone que tiene que haber capital en el mundo suficiente que esté dispuesto a jugárselo en tu país y, por supuesto, tienen la intención de obtener una rentabilidad. Nadie mete su dinero en un sitio a cambio de nada o, incluso, perdiendo dinero o con riesgo de ello. Por lo tanto, cuando vemos a las compañías debemos saber que detrás de ellas hay muchos intereses, que además son intereses legítimos y que hacen un servicio a la sociedad.

E.D.: En relación a esto, la gente quiere energía barata y esto tiene un “trade off” entre si se usan o no renovables, o si se utiliza la nuclear o no, preguntas que están a menudo en el debate público. ¿Por qué la sociedad no percibe esta cuestión?

I.G.: La gente quiere la triple B sobre la energía: buena, bonita y barata. Pero pocas veces son compatibles las tres. Por poner un ejemplo, desconocen que las energías renovables que, en teoría son inagotables (el viento existe y existirá, el sol ídem) son al mismo tiempo más caras. Cuando se apuesta por un tipo de producción de energía renovables, como sociedad tenemos que hacer el esfuerzo de pagar un poco más cara la electricidad. Además de esto, la gente quiere energía segura: nadie está dispuesto a que cuando se vaya de casa se quede sin luz y que, por ejemplo, los alimentos que tienen en la nevera se pierdan. Esta seguridad de suministro requiere atender a otros factores. La eólica, por ejemplo, no da seguridad en el suministro, ya que sólo se produce cuando sopla el viento. Si uno ve los momentos en que ocurren los máximos de consumo que se han producido en este país debidos a un aumento en la utilización del aire acondicionado o de los sistemas de calefacción, se puede comprobar que, en esos momentos, quién está aportando a la red la energía para soportar todo ese consumo no es la energía eólica, puesto que cuando hay un anticiclón, haga frío o calor, el viento sopla menos. Por lo tanto, cuando no hay viento son necesarias otro tipo de instalaciones que proporcionen la electricidad para que uno pueda seguir duchándose o utilizar el aire acondicionado. En este caso son las centrales de carbón, nucleares o de ciclo combinado. Otro caso parecido es el de las hidráulicas. Cuando llueve los pantanos se llenan y, por tanto, no hay problema para obtener electricidad de la energía hidráulica, pero hay veces que hay sequías y hay que suplir este tipo de producción energética con otras, como las que he mencionado. La gente desconoce todo esto, en general. En conclusión, lo importante es tener un mix de todas estas fuentes, cada una con papeles concretos en el suministro y en el que se inlcuya el carbón (centrales térmicas), hidráulica, ciclos combinados, renovables, y, posiblemente, habría que ver si en ese mix debería participar más la energía nuclear.

E.D.: Desde los medios de comunicación, ¿cómo se trata el sector energético? ¿Existen diferencias entre medios generalistas y económicos, o incluso entre medios audiovisuales y escritos?

I.G.: Pues existe diferencia entre los medios generalistas y económicos. Estos últimos suelen ser un poco más rigurosos, suelen tener un poco más de sensibilidad con estos temas que no son tan sociales. Pero dentro de los propios medios generalistas existe una diferencia de tratamiento según la sección, si es sociedad o economía. Pienso que los redactores y periodistas que tratan estos temas tienen diferentes formaciones y un diferente acercamiento al mundo de la energía en función de la sección en la que trabajan y eso se percibe. En general, en las secciones de sociedad de los periódicos generalistas se hace bastante demagogia en torno a los temas energéticos, incluso en muchos programas de televisión se trata el tema no para informar, si no para reforzar todos los tópicos que ya existen en la sociedad. Pongamos por caso que se quiere tratar el hecho de si las líneas de alta tensión producen campos electromagnéticos. Pues siempre alguien al que se le ocurre hacer de eso un reportaje, que lo vende a algún programa de televisión buscando un contenido de interés “social” enfocado desde la alarma. No importa si hay una base científica o no detrás de eso o si los datos son fiables. Lo importante no es lo que es, sino lo que parece que es. Por lo tanto, se trata de manera bastante frívola el tema energético. Pero sí es verdad que hay medios que por estar, muy especializados lo tratan mejor, lógicamente, medios que lo tratan mejor en unas páginas que en otras y medios o que no lo tratan o lo hacen muy mal.

E.D.: ¿Cómo valora el que haya medios especializados sólo en el sector?

I.G.: Lo valoro muy positivamente. Creo que el progreso de la humanidad está ligado al consumo de energía, es decir, no hay país que pueda progresar sin aumento en su consumo de energía, por tanto, la energía es algo fundamental para el progreso de los pueblos. Antes se utilizaba la energía calorífica gracias a la combustión de la madera, después fueron apareciendo el petróleo, el gas y otros tipos de energía. Si tenemos en cuenta que hasta el año 1800, la población del planeta no supera los 1.000 millones de personas, en 1920 supera los 2.000 millones, en los años 60 no supera todavía los 3.000 millones y que desde los años 60 hasta el 2000 la población de la tierra se dobla hasta los 6.000, esto quiere decir que se van a consumir grandes cantidades de energía, porque toda la población de países con China, el Sudeste Asiático que están multiplicando sus poblaciones y tienen derecho a consumir energía. Tenemos, por tanto, que hacer una reflexión profunda de cómo se va a realizar ese proceso, qué energías vamos a consumir, como nos van a ayudar a progresar y hacer que este progreso sea compatible con que el crecimiento sea sostenible o que no se dañe al medioambiente. Todas ellas son cuestiones que se deben tratar de formar profesional y rigurosa.

E.D.: Sobre el tema del déficit tarifario, ¿existe conocimiento a nivel de calle de las consecuencias de una negociación como la que se está llevando a cabo? ¿Hay transparencia sobre el tema?

I.G.: La sociedad no tiene ni idea del problema que es el déficit tarifario. Entre otras cosas, la gente piensa que se trata de un problema de las eléctricas y, verdaderamente, puede llegar a serlo. Para explicarlo de forma fácil, el problema surge del hecho que las tarifas están intervenidas, puesto que el último que las fija es el Gobierno y, por ello, se han utilizado unas veces para controlar la inflación y otras veces no se han subido porque no convenía políticamente. Todo esto ha llevado a una dinámica perversa y es que las materias primas y el coste de producción de energía han estado subiendo mientras que las tarifas, fijadas políticamente, no reflejan esos costes de producción. Esa diferencia entre el coste real de producción y lo que paga el consumidor es el déficit de tarifa. Los políticos sabían que con los precios aplicados, las eléctricas no estaban recuperando los costes de producción. Pero, por decirlo de alguna forma, es como si los políticos estuvieran diciendo a las eléctricas “no os preocupéis, que nosotros vamos a ir subiendo la luz para que recuperéis todo lo que habéis dejado de ingresar”. El problema es que esto no se lo han dicho a los ciudadanos. Pero como el precio de la luz tenía que haber crecido mucho más y al mismo tiempo que esto ocurría, las eléctricas han estado apuntando en una cuenta una deuda que los ciudadanos debemos a las compañías. Pues esa cifra ha ido creciendo año tras año y al final de este año la deuda contraída por los ciudadanos con las eléctricas ascenderá a unos 20.000 millones de euros. El problema es doble, porque en los años pasados cuando subieron las materias primas y este país vivía una situación económica muy favorable, se daban las condiciones para que los ciudadanos hubieran podido asumir un coste mayor por el precio de la energía que estaban consumiendo en ese momento. Pero en un momento como el actual de crisis, con mucha gente que va al paro, con mucha gente que ha visto mermados sus ingresos, es difícil proponer el hecho de que paguen ahora la luz que no han pagado durante todos estos años. Todo este problema lo desconoce la sociedad y en un momento dado habrá que enfrentarse a él. A esto hay que añadir, que en la calle la gente comenta que las eléctricas ganan mucho dinero y reparten dividendos. Pero hay que aclarar en este punto que el déficit de tarifa es un apunte contable, es decir, la promesa del Gobierno de pagar esos millones que se deben a las compañías, las cantidades se están apuntando en las cuentas de resultados y, a cuenta de ese dinero debido, se están pagando dividendos, etc. Por tanto es un dinero que ya está gastado, ya cuentan con ello y que la subida de tarifas por este concepto no aumentará el beneficio de las eléctricas.

E.D.: ¿Alguien está haciendo el esfuerzo de explicar esto a los españoles?

I.G.: Es cierto que los periódicos especializados hemos escrito sobre le el tema, pero no sé hasta qué punto esta información llega a la sociedad en general. Creo que la gente del sector o de la administración (por lo menos a nivel de los ministerios implicados) conoce perfectamente el problema. Otra cosa es cómo se va a afrontar o solucionar. De todas formas hay que ser muy didáctico para explicar esto al ciudadano medio o, de lo contrario, no se entendería el problema.

E.D.: Y ahora sería ya un poco precipitado explicar todo esto porque es un problema que está ahí, que necesita una solución.

I.G.: Cierto, tiempo hay cada vez menos. Lo primero que debería hacerse es actualizar los precios de la energía para que, al menos, no se siga generando más déficit. Como ya he comentado, dentro de ese déficit estamos pagando el coste que tienen las energías renovables: las primas a la solar o la eólica y el alto coste de producción están dentro de ese sobrecoste que los ciudadanos tenemos que pagar, pero que no hemos hecho porque los políticos no han tenido en su momento la valentía de subir las tarifas o de liberalizarlas como estaba previsto

E.D.: ¿Y por qué al precio de la energía se le ha quedado ese estigma de ser un precio intervenido? Igual que pasa con las empresas eléctricas, que no son vistas como empresas sino como una especie de provisoras de un “bien público” no de un suministro.

Supongo que es por el hecho de que haya del orden de 15 ó 16 millones de contratos entre particulares e industrias en este país y que los políticos que son los que tienen la capacidad para desregular un sector y abrirlo a la competencia, etc., temen que el hecho de que los precios de la energía suban mucho y que ello les penalice políticamente. Por tanto, siempre han tenido la intención de mantener este tema bien controlado. Si, por otro lado, alguien se pregunta por qué a pesar de estar teóricamente liberalizado el sector de la energía en España no se ha incrementado la competencia, se le podría responder que hasta que no se liberalicen las tarifas, no puede existir competencia completa contra una tarifa que está fijada y que tiene un tope que, a veces, está por debajo de los costes. Ha habido intentos y proyectos, pero no hay compañías importantes que hayan venido a hacer inversión intensiva porque existía esa inseguridad de un escenario en el que habría que vender la energía por debajo del precio que me está costando producirla. Con una verdadera liberalización completada, hubieran llegado muchas más compañías, se habrían hecho muchas más instalaciones y gracias a una competencia más o menos normalizada se podrían haber obtenido precios más interesantes para el consumidor. La ley no lo impide, cualquiera puede venir a este país y montar su ciclo combinado o incluso una nuclear (si consigue superar todos los pasos anteriores), pero la liberalización en ese sentido ha fracasado.

Nuestros lectores podrán leer mañana la segunda parte de la entrevista a Iñaki Garay que abordará temas como el mercado eléctrico de generación, el funcionamiento de la CNE, el debate nuclear, las renovables, el medio ambiente o la crisis económica.

Una amenaza creciente

La llegada de los últimos inviernos ha coincidido con el enfriamiento de las relaciones entre Rusia y su vecino ucraniano, alcanzando este año su punto álgido en dichas relaciones, con los consiguientes cortes de gas que han paralizado las vidas del este continental: paros en la producción industrial, vecinos haciendo acopio de leña y protestas en las calles. Por desgracia, este no es el único caso de controversia que el Ejecutivo ruso ha vivido en los últimos meses con respecto al ámbito energético. El conflicto con Georgia del pasado verano volvió a poner de manifiesto la fragilidad de las economías europeas, dependientes del flujo energético proveniente de los Urales.

Ante este panorama, es de suponer que los Estados europeos ya habrían adoptado medidas urgentes y de gran calado para evitar, en la medida de lo posible, estar condicionados por los vaivenes de las complicadas relaciones transfronterizas que Moscú mantiene con los países de la órbita soviética. Sin embargo, año tras año, la realidad nos dice todo lo contrario: según se recoge en la décima edición del Observatorio Europeo de los Mercados de Energía, la amenaza del desabastecimiento que se torna en realidad de forma esporádica podría ser un hecho permanente de no acometerse las obras en infraestructuras que tanta falta hacen en el continente.

El gas no es, ni mucho menos, el único nubarrón que se cierne sobre el mercado energético europeo. Las redes eléctricas requieren de una intervención inmediata y conjunta de los operadores presentes en cada país; las centrales existentes claman por modernizarse; y, visto que resultan insuficientes dado el paulatino incremento del consumo, nuevas centrales se convierten en indispensables para el crecimiento económico y demográfico.

Vista la realidad y los numerosos actores que la protagonizan, ¿cómo garantizar el suministro? ¿Qué medidas deben fomentar las Administraciones estatales y supranacionales para que no sean los ciudadanos quienes paguen por una mala planificación en este campo? En primer lugar, Europa debe incrementar sus capacidades de almacenamiento de gas: en 2007, ésta aumentó en aproximadamente un 7% hasta situarse en casi 80 bcm (miles de millones de metros cúbicos). Las predicciones apuntan hacia un incremento de la capacidad de almacenamiento adicional en más de 59 bcm dentro de seis años. En España están en marcha proyectos para incrementar la capacidad de almacenamiento tanto en tanques de GNL como en almacenamientos subterráneos con el objetivo de acercarnos del aproximadamente 11% actual a la media europea del 16% de capacidad de almacenamiento en relación al consumo anual.

Por otra parte, se hace indispensable desarrollar una mayor fluidez dentro del mercado europeo, con vistas a permitir una puesta en común más eficiente de los recursos entre los diferentes países. Cimentándose en una sólida política energética común, por supuesto. No olvidemos que el germen de la Unión Europea hay que buscarlo en la CECA y en Euratom, organismos nacidos para facilitar las relaciones económicas entorno a las materias primas necesarias para la producción industrial y el consumo energético particular.

Y por último, el asunto de mayor actualidad, el referido a las fuentes de suministro. Europa, que no puede permitirse volver a vivir un incidente de esta envergadura, debe incrementar la diversificación de fuentes, basándose principalmente en la importación de mayores volúmenes de gas natural licuado (GNL). Aunque las importaciones representan actualmente tan sólo el 7% del consumo europeo de gas, se estima que el GNL podría representar entre el 15% y el 18% del suministro de gas europeo dentro de una década, una tendencia creciente de la que España ha demostrado su buen funcionamiento. Actualmente existen en España seis plantas de regasificación, algunas con proyectos para incrementar su capacidad, y se va a construir una séptima.

No estaría de más mencionar aquí un más que deseable cambio de mentalidad de los usuarios, que deberían tomar conciencia de la necesidad de reducir su consumo energético en la medida de lo posible. Instalar dispositivos como los contadores inteligentes puede ahorrar cantidades considerables de energía y emisiones de CO2, llegando a suponer entre el 25 y el 50% de los objetivos de la Unión Europea para 2020. Aunque este es un tema que bien merece otro artículo.

Una vez mencionadas todas las reformas a acometer en los próximos años, llega la hora de pedir presupuesto: las obras necesarias en infraestructuras energéticas están valoradas en aproximadamente un billón de euros. Un millón de millones que no podían necesitarse en un momento más delicado, dada la coyuntura económica reinante. Con el sistema financiero tambaleándose y los créditos concedidos con cuentagotas, corresponde a los Estados el deber de priorizar las obras necesarias para salir de la crisis con la seguridad de que las infraestructuras que se hayan desarrollado van a contribuir a otorgar seguridad en un campo tan indispensable como el energético.

Plasmar iniciativas sobre un papel es sencillo; la dificultad radica en convertirlas en una realidad. Sin embargo, me atrevería a apostar que, de estudiarse con detenimiento las positivas repercusiones que estas inversiones acarrearían, los Estados fomentarían estas infraestructuras sin demora. Ojala no me equivoque.

Una amenaza creciente

La llegada de los últimos inviernos ha coincidido con el enfriamiento de las relaciones entre Rusia y su vecino ucraniano, alcanzando este año su punto álgido en dichas relaciones, con los consiguientes cortes de gas que han paralizado las vidas del este continental: paros en la producción industrial, vecinos haciendo acopio de leña y protestas en las calles. Por desgracia, este no es el único caso de controversia que el Ejecutivo ruso ha vivido en los últimos meses con respecto al ámbito energético. El conflicto con Georgia del pasado verano volvió a poner de manifiesto la fragilidad de las economías europeas, dependientes del flujo energético proveniente de los Urales.

Ante este panorama, es de suponer que los Estados europeos ya habrían adoptado medidas urgentes y de gran calado para evitar, en la medida de lo posible, estar condicionados por los vaivenes de las complicadas relaciones transfronterizas que Moscú mantiene con los países de la órbita soviética. Sin embargo, año tras año, la realidad nos dice todo lo contrario: según se recoge en la décima edición del Observatorio Europeo de los Mercados de Energía, la amenaza del desabastecimiento que se torna en realidad de forma esporádica podría ser un hecho permanente de no acometerse las obras en infraestructuras que tanta falta hacen en el continente.

El gas no es, ni mucho menos, el único nubarrón que se cierne sobre el mercado energético europeo. Las redes eléctricas requieren de una intervención inmediata y conjunta de los operadores presentes en cada país; las centrales existentes claman por modernizarse; y, visto que resultan insuficientes dado el paulatino incremento del consumo, nuevas centrales se convierten en indispensables para el crecimiento económico y demográfico.

Vista la realidad y los numerosos actores que la protagonizan, ¿cómo garantizar el suministro? ¿Qué medidas deben fomentar las Administraciones estatales y supranacionales para que no sean los ciudadanos quienes paguen por una mala planificación en este campo? En primer lugar, Europa debe incrementar sus capacidades de almacenamiento de gas: en 2007, ésta aumentó en aproximadamente un 7% hasta situarse en casi 80 bcm (miles de millones de metros cúbicos). Las predicciones apuntan hacia un incremento de la capacidad de almacenamiento adicional en más de 59 bcm dentro de seis años. En España están en marcha proyectos para incrementar la capacidad de almacenamiento tanto en tanques de GNL como en almacenamientos subterráneos con el objetivo de acercarnos del aproximadamente 11% actual a la media europea del 16% de capacidad de almacenamiento en relación al consumo anual.

Por otra parte, se hace indispensable desarrollar una mayor fluidez dentro del mercado europeo, con vistas a permitir una puesta en común más eficiente de los recursos entre los diferentes países. Cimentándose en una sólida política energética común, por supuesto. No olvidemos que el germen de la Unión Europea hay que buscarlo en la CECA y en Euratom, organismos nacidos para facilitar las relaciones económicas entorno a las materias primas necesarias para la producción industrial y el consumo energético particular.

Y por último, el asunto de mayor actualidad, el referido a las fuentes de suministro. Europa, que no puede permitirse volver a vivir un incidente de esta envergadura, debe incrementar la diversificación de fuentes, basándose principalmente en la importación de mayores volúmenes de gas natural licuado (GNL). Aunque las importaciones representan actualmente tan sólo el 7% del consumo europeo de gas, se estima que el GNL podría representar entre el 15% y el 18% del suministro de gas europeo dentro de una década, una tendencia creciente de la que España ha demostrado su buen funcionamiento. Actualmente existen en España seis plantas de regasificación, algunas con proyectos para incrementar su capacidad, y se va a construir una séptima.

No estaría de más mencionar aquí un más que deseable cambio de mentalidad de los usuarios, que deberían tomar conciencia de la necesidad de reducir su consumo energético en la medida de lo posible. Instalar dispositivos como los contadores inteligentes puede ahorrar cantidades considerables de energía y emisiones de CO2, llegando a suponer entre el 25 y el 50% de los objetivos de la Unión Europea para 2020. Aunque este es un tema que bien merece otro artículo.

Una vez mencionadas todas las reformas a acometer en los próximos años, llega la hora de pedir presupuesto: las obras necesarias en infraestructuras energéticas están valoradas en aproximadamente un billón de euros. Un millón de millones que no podían necesitarse en un momento más delicado, dada la coyuntura económica reinante. Con el sistema financiero tambaleándose y los créditos concedidos con cuentagotas, corresponde a los Estados el deber de priorizar las obras necesarias para salir de la crisis con la seguridad de que las infraestructuras que se hayan desarrollado van a contribuir a otorgar seguridad en un campo tan indispensable como el energético.

Plasmar iniciativas sobre un papel es sencillo; la dificultad radica en convertirlas en una realidad. Sin embargo, me atrevería a apostar que, de estudiarse con detenimiento las positivas repercusiones que estas inversiones acarrearían, los Estados fomentarían estas infraestructuras sin demora. Ojala no me equivoque.