La justicia europea acepta la tasa española a las empresas eléctricas por comerciar con derechos de emisión si no merma el ahorro

Las empresas Iberdrola, Gas Natural Fenosa, Bizkaia Energía, Bahía de Bizkaia Electricidad y E.ON interpusieron recursos contra esa medida, al considerar que pueden beneficiarse de los derechos obtenidos gratuitamente dado que la directiva reconoce que, aunque se concedan gratis, tienen un valor económico y pueden ser comerciados y que, por tanto deben poder conservar las ganancias obtenidas a partir de estos derechos.

El Tribunal Supremo, que analizó el caso, preguntó a la corte europea si la tasa española, cuyo objetivo era reducir el déficit de tarifa, es compatible con las normas comunitarias, al reducir la retribución por la producción de electricidad en función del incremento de los beneficios conseguido por la obtención gratuita de derechos de emisión.

En sus conclusiones, la abogada general del TUE consideró que esa minoración no es contraria a la directiva en el sentido de que se trata de un gravamen sobre la producción de energía eléctrica, en el que la asignación de derechos de emisión es sólo un factor entre varios a efectos de su cálculo. No obstante, Kokott desestimó el argumento de las eléctricas y afirmó que los Estados pueden retirar los beneficios de uso de estos derechos.

Además, señaló que la ley española no obstaculiza el objetivo de crear un mecanismo de mercado de comercio de derechos de emisión y rechazó todos los argumentos presentados por las eléctricas en ese sentido.

En su análisis de los efectos de la tasa sobre los precios al consumo, concluyó que el gravamen no es contrario a la directiva al estar vinculado a un crédito que se prevé que en el futuro paguen los consumidores finales particulares (el «déficit tarifario»), algo que cree que es «demasiado incierto» para perturbar la señal de precios.

No obstante, la abogada afirmó que el sistema que impone la ley española para calcular la minoración sobre la retribución por la producción de energía eléctrica está diseñado de modo que «merma el estímulo para que se reduzcan las emisiones», lo que va en contra de los objetivos de la directiva. En su opinión, socava el objetivo de la Directiva de reducir las emisiones de CO2 y es «incompatible» con ella.

Sin embargo, precisó que «no se cuestiona por ello el gravamen en su totalidad», y sugirió que «basta con aplicar la norma de modo que una mejora de la eficiencia energética de una central no conduzca a un incremento de la minoración que se aplica a la retribución de la empresa productora de electricidad».

Los jueces empiezan ahora a deliberar y la sentencia final se dictará en un momento posterior y aunque la opinión de la abogada general no es vinculante, el Tribunal de Luxemburgo sigue sus recomendaciones en el 80% de los casos.

España impuso en 2006 a las compañías eléctricas una tasa por el «sobreingreso» obtenido en el mercado por los derechos de emisión recibidos gratuitamente en el marco de la directiva de 2003 que creó el régimen europeo de derechos de emisión de gases.

En concreto, la medida española en cuestión dispuso que la retribución de la actividad de producción de energía eléctrica se debía minorar por el importe equivalente al valor de los derechos de emisión de gases de efecto invernadero asignados gratuitamente a los productores de energía eléctrica para el periodo 2005-2007.

La Unión Europea reforzará la seguridad en las perforaciones petrolíferas y gasistas en alta mar

Las empresas petrolíferas y de gas serán «plenamente responsables» de los daños medioambientales que causen a las especies marinas protegidas y a los hábitats naturales. Y deberán demostrar que tienen suficiente capacidad técnica y financiera para cubrir las consecuencias de un posible incidente.

La zona sobre la que tendrán responsabilidad en el mar se extiende a todas las aguas marinas de la Unión Europea, incluidas la zona económica exclusiva (hasta 370 km más allá de la costa) y la plataforma continental donde el país en cuestión tenga jurisdicción, mientras que ahora estaba restringida a 22 kilómetros (las aguas territoriales).

La nueva directiva introduce también «reglas claras para una prevención efectiva y la respuesta en el caso de accidentes graves» de cara a la concesión de licencias.

Antes de empezar cualquier perforación, los operadores tendrán que realizar planes de emergencia completos que cubran todos los posibles escenarios de riesgos y preparar un plan de emergencia de respuesta, que será examinado por la Agencia Europea de Seguridad Marítima. Y la actividad sólo podrá empezar tras la aprobación por parte de una autoridad nacional competente, que deberá ser independiente y responsable de la seguridad de las instalaciones, con la capacidad de imponer multas en el caso de que se incumplan las normas o, incluso, detener las extracciones.

Las empresas que operen en aguas comunitarias deberán demostrar además que su política de prevención de riesgos se aplica también fuera de la Unión Europea. Los Estados miembros se comprometen a promover los mayores estándares de seguridad en las perforaciones en el ártico, aunque la Unión Euopea no tenga aguas allí.

Los inspectores de plataformas que operan en alta mar deberán colaborar a nivel comunitario para asegurar el intercambio de buenas prácticas.

Además, las autoridades nacionales competentes deberán publicar información que sea accesible a los ciudadanos sobre las actividades de la industria, y los operadores deberán enviar informes de los incidentes graves en los que se hayan visto implicados.

El comisario europeo de Energía, Günther Oettinger, mostró su satisfacción por el acuerdo alcanzado, al que calificó de «paso de gran importancia» para reforzar la seguridad de las plataformas y minimizar el riesgo para el medioambiente y las poblaciones vecinas.

La organización ecologista Greenpeace celebró el acuerdo por considerar que las nuevas reglas «podrían limitar o incluso impedir las perforaciones petrolíferas en condiciones duras, como las del Ártico, donde la limpieza de un vertido es imposible».

La propuesta dirigida a las plataformas extractoras de gas y petróleo en alta mar fue planteada por la Comisión Europea en octubre de 2011, tras la catástrofe medioambiental provocada por el accidente sufrido por la plataforma «Deepwater Horizon» de BP en el Golfo de México en mayo de 2010.

El acuerdo tendrá que ser ahora aprobado formalmente por ambas instituciones en los próximos meses, antes de entrar en vigor.

Bruselas confirma la petición de la UE de registrar los paneles solares chinos en casos de «antidumping»

«La Comisión puede confirmar que la industria de la Unión Europea solicitó que las importaciones de paneles solares y sus principales componentes, como módulos y células, de China sean registradas«, según señaló el portavoz comunitario de Comercio, John Clancy.

«Vamos a ser muy claros: el registro de importaciones de cierto producto en los procedimientos de defensa comercial no es nada fuera de lo ordinario», especificó.

El portavoz precisó que ese registro «simplemente permite a la industria afectada marcar una fecha de referencia para que exista la opción de aplicar medidas retroactivas si el caso se resuelve a su favor».

Clancy recordó que este tipo de registro es «automático» en las acciones de defensa comercial que llevan a cabo otros países, mientras que en Europa «tiene que ser solicitado por la industria».

Así, pidió «no interpretarlo como una sugerencia de nada, sino que es simplemente un procedimiento administrativo«.

El representante comunitario apuntó que la posibilidad de registro, «como todos los aspectos de las investigaciones en el ámbito de la defensa comercial» de la Unión Europea, es consultada con los Estados miembros.

En cualquier caso, afirmó que los detalles de tales consultas «tienen que permanecer en la confidencialidad por ley», y añadió que, si la Comisión decide imponer el registro de esas importaciones, la decisión debe ser publicada en el Diario Oficial de la Unión Europea.

El registro de importaciones permitiría la aplicación retroactiva de derechos «antidumping» por un máximo de 90 días antes de la posible imposición de «derechos provisionales».

En el caso de esta investigación, la fecha límite para adoptar la decisión de si se imponen medidas «antidumping» provisionales es el 6 de junio próximo.

También indicaron que la decisión sobre la retroactividad de los derechos sólo será decidido al término de la investigación, cuya etapa final está prevista para diciembre.

En septiembre, Bruselas abrió una investigación «antidumping» a las importaciones de placas solares procedentes de China al considerar que hay «evidencias» de que pueden estar causando «daños» a la industria europea.

Dos meses más tarde, la Comisión Europea decidió abrir en paralelo una investigación antisubsidios sobre esas mismas importaciones.

La Comisión Europea crea un observatorio de bioeconomía que vele por la economía sostenible

El observatorio, que comenzará a funcionar el próximo mes de marzo, velará por la transición de los Estados miembros de una economía basada en los combustibles fósiles a una bioeconomía sostenible, basada en la innovación y la investigación.

La iniciativa, además, contempla un proyecto de tres años de duración para medir el rendimiento a través de indicadores sobre economía, empleo e innovación, así como la productividad, el bienestar social y la calidad medioambiental.

En concreto, pretende optimizar los costes generados por los residuos alimentarios en la Unión Europea, que cuestan entre 55 y 90 euros por tonelada eliminada y producen 170 millones de toneladas de CO2, al tiempo que promueve la transformación de los mismos en bioenergía o en otros productos biológicos.

Por lo que respecta a la industria basada en la biomasa, la estrategia propuso dotarla de un marco regulador que garantice la disponibilidad de esos productos a precios competitivos, sin distorsionar el precio de los alimentos o sobrepasar la capacidad de los ecosistemas.

Por ejemplo, se intentarán combinar los objetivos de una agricultura sostenible con los de la seguridad alimentaria, así como el uso de energías renovables para fines industriales y la protección del medioambiente.

Bruselas recordó que los sectores de la bioeconomía en Europa ingresan al año unos 2 billones de euros y dan empleo a 22 millones de personas, y que más del 80% del territorio comunitario está cubierto por granjas o bosques.

La comisaria europea de Investigación e Innovación, Máire Geoghegan-Quinn, alabó la estrategia y destacó la importancia de llevar a cabo estas acciones para lograr un resultado beneficioso para el medio ambiente y la seguridad alimentaria y energética.

La comisaria también recalcó que el observatorio bioeconómico servirá para «mantener el pulso» de la competitividad europea de cara al futuro.

El Ejecutivo comunitario lleva a cabo esta acción en el marco del programa «Horizonte 2020« (la estrategia comunitaria para proyectos científicos entre 2014 y 2020), que contempla un presupuesto de 4.700 millones de euros para abordar el desafío de la seguridad alimentaría, la agricultura sostenible, la investigación marina y marítima y la bioeconomía.

La Comisión Europea crea un observatorio de bioeconomía que vele por la economía sostenible

El observatorio, que comenzará a funcionar el próximo mes de marzo, velará por la transición de los Estados miembros de una economía basada en los combustibles fósiles a una bioeconomía sostenible, basada en la innovación y la investigación.

La iniciativa, además, contempla un proyecto de tres años de duración para medir el rendimiento a través de indicadores sobre economía, empleo e innovación, así como la productividad, el bienestar social y la calidad medioambiental.

En concreto, pretende optimizar los costes generados por los residuos alimentarios en la Unión Europea, que cuestan entre 55 y 90 euros por tonelada eliminada y producen 170 millones de toneladas de CO2, al tiempo que promueve la transformación de los mismos en bioenergía o en otros productos biológicos.

Por lo que respecta a la industria basada en la biomasa, la estrategia propuso dotarla de un marco regulador que garantice la disponibilidad de esos productos a precios competitivos, sin distorsionar el precio de los alimentos o sobrepasar la capacidad de los ecosistemas.

Por ejemplo, se intentarán combinar los objetivos de una agricultura sostenible con los de la seguridad alimentaria, así como el uso de energías renovables para fines industriales y la protección del medioambiente.

Bruselas recordó que los sectores de la bioeconomía en Europa ingresan al año unos 2 billones de euros y dan empleo a 22 millones de personas, y que más del 80% del territorio comunitario está cubierto por granjas o bosques.

La comisaria europea de Investigación e Innovación, Máire Geoghegan-Quinn, alabó la estrategia y destacó la importancia de llevar a cabo estas acciones para lograr un resultado beneficioso para el medio ambiente y la seguridad alimentaria y energética.

La comisaria también recalcó que el observatorio bioeconómico servirá para «mantener el pulso» de la competitividad europea de cara al futuro.

El Ejecutivo comunitario lleva a cabo esta acción en el marco del programa «Horizonte 2020« (la estrategia comunitaria para proyectos científicos entre 2014 y 2020), que contempla un presupuesto de 4.700 millones de euros para abordar el desafío de la seguridad alimentaría, la agricultura sostenible, la investigación marina y marítima y la bioeconomía.

La Comisión Europea crea un observatorio de bioeconomía que vele por la economía sostenible

El observatorio, que comenzará a funcionar el próximo mes de marzo, velará por la transición de los Estados miembros de una economía basada en los combustibles fósiles a una bioeconomía sostenible, basada en la innovación y la investigación.

La iniciativa, además, contempla un proyecto de tres años de duración para medir el rendimiento a través de indicadores sobre economía, empleo e innovación, así como la productividad, el bienestar social y la calidad medioambiental.

En concreto, pretende optimizar los costes generados por los residuos alimentarios en la Unión Europea, que cuestan entre 55 y 90 euros por tonelada eliminada y producen 170 millones de toneladas de CO2, al tiempo que promueve la transformación de los mismos en bioenergía o en otros productos biológicos.

Por lo que respecta a la industria basada en la biomasa, la estrategia propuso dotarla de un marco regulador que garantice la disponibilidad de esos productos a precios competitivos, sin distorsionar el precio de los alimentos o sobrepasar la capacidad de los ecosistemas.

Por ejemplo, se intentarán combinar los objetivos de una agricultura sostenible con los de la seguridad alimentaria, así como el uso de energías renovables para fines industriales y la protección del medioambiente.

Bruselas recordó que los sectores de la bioeconomía en Europa ingresan al año unos 2 billones de euros y dan empleo a 22 millones de personas, y que más del 80% del territorio comunitario está cubierto por granjas o bosques.

La comisaria europea de Investigación e Innovación, Máire Geoghegan-Quinn, alabó la estrategia y destacó la importancia de llevar a cabo estas acciones para lograr un resultado beneficioso para el medio ambiente y la seguridad alimentaria y energética.

La comisaria también recalcó que el observatorio bioeconómico servirá para «mantener el pulso» de la competitividad europea de cara al futuro.

El Ejecutivo comunitario lleva a cabo esta acción en el marco del programa «Horizonte 2020« (la estrategia comunitaria para proyectos científicos entre 2014 y 2020), que contempla un presupuesto de 4.700 millones de euros para abordar el desafío de la seguridad alimentaría, la agricultura sostenible, la investigación marina y marítima y la bioeconomía.

España es uno de los países de la Unión Europea donde más baja el consumo de energía por la crisis

Según indicó la oficina de estadísticas comunitaria, la desaceleración económica derivada de la crisis financiera tuvo un impacto en el consumo energético.

El consumo interior bruto de energía en la Unión Europea pasó «de 1.800 millones de toneladas equivalentes de petróleo (tep) en 2008 a 1.700 millones en 2009; después aumentó en 2010 hasta alcanzar 1.760 millones de tep, antes de volver a caer hasta 1.700 millones en 2011«, explicó Eurostat.

Así, entre 2008 y 2011, de los 27 países miembros de la Unión Europea, 23 registraron bajadas en el consumo energético, mientras que solo cuatro consumieron más energía.

Las caídas más pronunciadas se produjeron en Lituania (24,5%), Irlanda y Grecia (12,3% cada uno), Rumanía (10,2 %), y España y Reino Unido (9,4% cada uno). También descendieron Alemania (7,7%), Francia (4,6%) o Italia (4,8%). Por su parte, las mayores subidas se registraron en Malta (16,9%) y en Estonia (4,8%).

En el caso español, el consumo de energía pasó de ser de 141,9 millones de tep en 2008 a 128,5 millones.

No obstante, los principales consumidores de energía de la Unión Europea en 2011 fueron Alemania, con 316 millones de tep, Francia (260 millones), Reino Unido (199 millones), Italia (173 millones), y España (129 millones).

En conjunto, estos cinco Estados representaron dos tercios del consumo total de energía de la Europa de los Veintisiete, según los datos de Eurostat.

Sin embargo, la dependencia de España, es decir, la relación entre las importaciones netas y el consumo bruto de energía (76,4%) es muy superior a la media comunitaria (53,8%) y a la del resto de grandes países. Los Estados miembros menos dependientes son Estonia (12%), Rumanía (21%), República Checa (29%), Países Bajos (30%), Polonia (34%) y Reino Unido (36%).

Dinamarca (-9%) es un exportador neto de energía, mientras que las mayores tasas de dependencia energética corresponden a Malta (101%), Luxemburgo (97%), Chipre (93%) e Irlanda (89%).

España es uno de los países de la Unión Europea donde más baja el consumo de energía por la crisis

Según indicó la oficina de estadísticas comunitaria, la desaceleración económica derivada de la crisis financiera tuvo un impacto en el consumo energético.

El consumo interior bruto de energía en la Unión Europea pasó «de 1.800 millones de toneladas equivalentes de petróleo (tep) en 2008 a 1.700 millones en 2009; después aumentó en 2010 hasta alcanzar 1.760 millones de tep, antes de volver a caer hasta 1.700 millones en 2011«, explicó Eurostat.

Así, entre 2008 y 2011, de los 27 países miembros de la Unión Europea, 23 registraron bajadas en el consumo energético, mientras que solo cuatro consumieron más energía.

Las caídas más pronunciadas se produjeron en Lituania (24,5%), Irlanda y Grecia (12,3% cada uno), Rumanía (10,2 %), y España y Reino Unido (9,4% cada uno). También descendieron Alemania (7,7%), Francia (4,6%) o Italia (4,8%). Por su parte, las mayores subidas se registraron en Malta (16,9%) y en Estonia (4,8%).

En el caso español, el consumo de energía pasó de ser de 141,9 millones de tep en 2008 a 128,5 millones.

No obstante, los principales consumidores de energía de la Unión Europea en 2011 fueron Alemania, con 316 millones de tep, Francia (260 millones), Reino Unido (199 millones), Italia (173 millones), y España (129 millones).

En conjunto, estos cinco Estados representaron dos tercios del consumo total de energía de la Europa de los Veintisiete, según los datos de Eurostat.

Sin embargo, la dependencia de España, es decir, la relación entre las importaciones netas y el consumo bruto de energía (76,4%) es muy superior a la media comunitaria (53,8%) y a la del resto de grandes países. Los Estados miembros menos dependientes son Estonia (12%), Rumanía (21%), República Checa (29%), Países Bajos (30%), Polonia (34%) y Reino Unido (36%).

Dinamarca (-9%) es un exportador neto de energía, mientras que las mayores tasas de dependencia energética corresponden a Malta (101%), Luxemburgo (97%), Chipre (93%) e Irlanda (89%).

España es uno de los países de la Unión Europea donde más baja el consumo de energía por la crisis

Según indicó la oficina de estadísticas comunitaria, la desaceleración económica derivada de la crisis financiera tuvo un impacto en el consumo energético.

El consumo interior bruto de energía en la Unión Europea pasó «de 1.800 millones de toneladas equivalentes de petróleo (tep) en 2008 a 1.700 millones en 2009; después aumentó en 2010 hasta alcanzar 1.760 millones de tep, antes de volver a caer hasta 1.700 millones en 2011«, explicó Eurostat.

Así, entre 2008 y 2011, de los 27 países miembros de la Unión Europea, 23 registraron bajadas en el consumo energético, mientras que solo cuatro consumieron más energía.

Las caídas más pronunciadas se produjeron en Lituania (24,5%), Irlanda y Grecia (12,3% cada uno), Rumanía (10,2 %), y España y Reino Unido (9,4% cada uno). También descendieron Alemania (7,7%), Francia (4,6%) o Italia (4,8%). Por su parte, las mayores subidas se registraron en Malta (16,9%) y en Estonia (4,8%).

En el caso español, el consumo de energía pasó de ser de 141,9 millones de tep en 2008 a 128,5 millones.

No obstante, los principales consumidores de energía de la Unión Europea en 2011 fueron Alemania, con 316 millones de tep, Francia (260 millones), Reino Unido (199 millones), Italia (173 millones), y España (129 millones).

En conjunto, estos cinco Estados representaron dos tercios del consumo total de energía de la Europa de los Veintisiete, según los datos de Eurostat.

Sin embargo, la dependencia de España, es decir, la relación entre las importaciones netas y el consumo bruto de energía (76,4%) es muy superior a la media comunitaria (53,8%) y a la del resto de grandes países. Los Estados miembros menos dependientes son Estonia (12%), Rumanía (21%), República Checa (29%), Países Bajos (30%), Polonia (34%) y Reino Unido (36%).

Dinamarca (-9%) es un exportador neto de energía, mientras que las mayores tasas de dependencia energética corresponden a Malta (101%), Luxemburgo (97%), Chipre (93%) e Irlanda (89%).

Bruselas pide a Ucrania y Rusia que aseguren que no habrá más cortes de gas a la Unión Europea

«Esperamos que ambas partes, Rusia y Ucrania, aseguren que no hay interrupciones en el suministro de gas a la Unión Europea y que la distribución se mantenga como siempre», afirmó la portavoz comunitaria de Energía, Marlene Holzner, en la rueda de prensa diaria de la Comisión Europea.

Holzner no quiso entrar a valorar las discrepancias surgidas entre ambas partes a raíz de los contratos de largo término que mantienen, pero señaló que la Comisión Europea apuesta por que todos los países puedan contar con la posibilidad de acudir también a los mercados a adquirir gas libremente.

«No estamos en contra de los acuerdos a largo plazo, pero nos gustaría ver ambas opciones, que por una parte se pueda acudir al mercado si hay oportunidades mas baratas, pero por razones de seguridad siempre habrá contratos a largo plazo, también para la Unión Europea», indicó.

En concreto, la portavoz se refirió al gas de esquisto, «un mercado bastante nuevo que comenzó sobre el año 2000, en el que vemos que es fácil para algunos países conseguir gas más barato que con los acuerdos a largo plazo». Además, Holzner señaló que la Unión Europea mantiene «contactos regulares» con ambas partes.

Sobre la posibilidad de que se repita una crisis como las vividas en los inviernos de 2006 y 2009, en la que las desavenencias entre Moscú y Kiev desembocaron en una «guerra del gas» con cortes en el suministro, la portavoz recalcó que la Unión Europea tomó medidas para evitar que se repita el desabastecimiento sufrido en aquellas ocasiones.

«Nadie está hablando de crisis. Desde las crisis que realmente tuvimos, la Unión Europea ha puesto en marcha varias medidas para reaccionar en el caso de que haya cortes de suministro», destacó.

El año pasado, nueve países europeos –Bulgaria, Eslovaquia, Austria, Hungría, Polonia, Grecia, Italia, Alemania y Rumanía- sufrieron descensos en el suministro de gas importado desde Rusia en plena ola de frío siberiano, que no generaron grandes problemas.

La normativa comunitaria exige ahora a los Estados miembros que mantengan unas reservas de gas suficientes para satisfacer el consumo del país durante 30 días como medida de prevención en caso de nuevas interrupciones en el suministro.

Además, se puso en marcha un complejo mecanismo de interconexión entre los países mediante gasoductos en una doble dirección y tratando de evitar su monopolio por parte de una empresa o país.

Sin embargo, aún existen deficiencias en la aplicación de esta normativa europea que llevó a Bruselas a abrir procesos de infracción contra trece países europeos, entre ellos España.

Por el sistema de gasoductos ucranianos transita aproximadamente el 80% de las exportaciones de gas natural ruso con destino a la Unión Europea, de modo que la falta de conexiones alternativas -gasoductos- hace a los Veintisiete especialmente vulnerables a las crisis entre Kiev y Moscú.