La UE y China sientan las bases para solucionar «lo antes posible» el conflicto por los paneles solares

«Hemos comenzado discusiones a nivel técnico esta semana en Bruselas hacia una solución negociada, pero todavía es pronto en el proceso de negociación y hay que ser muy cuidadoso de no llegar a ninguna conclusión«, indicó el comisario en una rueda de prensa en la capital china, en la que puntualizó que «la buena noticia es que ambas partes se han comprometido para trabajar de cara a una solución amistosa».

De Gucht hizo estas declaraciones tras reunirse con su homólogo chino Gao Hucheng, quien aseguró que ambas partes acordaron resolver la disputa comercial a través de conversaciones para llegar a un «compromiso en materia de precios», un mecanismo al que el comisario europeo no se refirió directamente.

En este sentido, Hucheng urgió a la Unión Europea a mantener una actitud pragmática y a obrar con la cooperación chino-europea siempre en mente, por lo que aseguró que tanto el Gobierno chino como las empresas de productos fotovoltaicos del país se mantuvieron en estrecho contacto con la Comisión Europea para intentar negociar un «compromiso de precios».

«Obviamente no voy a revelar el contenido de las negociaciones», indicó De Gucht, quien sin embargo agregó que ambas partes «están más o menos de acuerdo en la forma de cómo debería ser la solución».

Hucheng dejó entrever que las discusiones se centran en materia de precios, un procedimiento que, según la Organización Mundial del Comercio (OMC), se basa en que el exportador, en este caso China, eleve el precio del producto para evitar que se le impongan aranceles.

«No esperen un gran anuncio hoy, pero los encuentros han sido exitosos y esperamos un resultado al respecto durante las próximas semanas», subrayó el alto cargo europeo, que se mostró optimista sobre las esperanzas de encontrar una solución antes del 6 de agosto, cuando la tasa que grava las importaciones de paneles solares chinos aumentará hasta el 47,6% de media. Desde principios de mes, la Unión Europea impuso un arancel temporal del 11,8% sobre las importaciones de paneles, células y obleas fotovoltaicos de China.

De Gucht trató la disputa comercial con su homólogo chino en el marco de la reunión anual de la comisión económica y comercial bilateral, y fue un asunto que se abordó a pesar de no estar en la agenda oficial del encuentro.

La Unión Europea se mantuvo en 2012 como el principal socio comercial de China a pesar de una disminución del 3,7% del volumen del intercambio entre ambos.

Desde hace meses China y la Unión Europea mantienen una batalla comercial por la supuesta competencia desleal en el comercio de varios productos, el más importante de ellos los paneles solares, pero que también afecta a los productos químicos, los equipos de telecomunicaciones, los tubos de acero inoxidable de alto rendimiento o hasta el vino.

La UE y China sientan las bases para solucionar «lo antes posible» el conflicto por los paneles solares

«Hemos comenzado discusiones a nivel técnico esta semana en Bruselas hacia una solución negociada, pero todavía es pronto en el proceso de negociación y hay que ser muy cuidadoso de no llegar a ninguna conclusión«, indicó el comisario en una rueda de prensa en la capital china, en la que puntualizó que «la buena noticia es que ambas partes se han comprometido para trabajar de cara a una solución amistosa».

De Gucht hizo estas declaraciones tras reunirse con su homólogo chino Gao Hucheng, quien aseguró que ambas partes acordaron resolver la disputa comercial a través de conversaciones para llegar a un «compromiso en materia de precios», un mecanismo al que el comisario europeo no se refirió directamente.

En este sentido, Hucheng urgió a la Unión Europea a mantener una actitud pragmática y a obrar con la cooperación chino-europea siempre en mente, por lo que aseguró que tanto el Gobierno chino como las empresas de productos fotovoltaicos del país se mantuvieron en estrecho contacto con la Comisión Europea para intentar negociar un «compromiso de precios».

«Obviamente no voy a revelar el contenido de las negociaciones», indicó De Gucht, quien sin embargo agregó que ambas partes «están más o menos de acuerdo en la forma de cómo debería ser la solución».

Hucheng dejó entrever que las discusiones se centran en materia de precios, un procedimiento que, según la Organización Mundial del Comercio (OMC), se basa en que el exportador, en este caso China, eleve el precio del producto para evitar que se le impongan aranceles.

«No esperen un gran anuncio hoy, pero los encuentros han sido exitosos y esperamos un resultado al respecto durante las próximas semanas», subrayó el alto cargo europeo, que se mostró optimista sobre las esperanzas de encontrar una solución antes del 6 de agosto, cuando la tasa que grava las importaciones de paneles solares chinos aumentará hasta el 47,6% de media. Desde principios de mes, la Unión Europea impuso un arancel temporal del 11,8% sobre las importaciones de paneles, células y obleas fotovoltaicos de China.

De Gucht trató la disputa comercial con su homólogo chino en el marco de la reunión anual de la comisión económica y comercial bilateral, y fue un asunto que se abordó a pesar de no estar en la agenda oficial del encuentro.

La Unión Europea se mantuvo en 2012 como el principal socio comercial de China a pesar de una disminución del 3,7% del volumen del intercambio entre ambos.

Desde hace meses China y la Unión Europea mantienen una batalla comercial por la supuesta competencia desleal en el comercio de varios productos, el más importante de ellos los paneles solares, pero que también afecta a los productos químicos, los equipos de telecomunicaciones, los tubos de acero inoxidable de alto rendimiento o hasta el vino.

La UE y China sientan las bases para solucionar «lo antes posible» el conflicto por los paneles solares

«Hemos comenzado discusiones a nivel técnico esta semana en Bruselas hacia una solución negociada, pero todavía es pronto en el proceso de negociación y hay que ser muy cuidadoso de no llegar a ninguna conclusión«, indicó el comisario en una rueda de prensa en la capital china, en la que puntualizó que «la buena noticia es que ambas partes se han comprometido para trabajar de cara a una solución amistosa».

De Gucht hizo estas declaraciones tras reunirse con su homólogo chino Gao Hucheng, quien aseguró que ambas partes acordaron resolver la disputa comercial a través de conversaciones para llegar a un «compromiso en materia de precios», un mecanismo al que el comisario europeo no se refirió directamente.

En este sentido, Hucheng urgió a la Unión Europea a mantener una actitud pragmática y a obrar con la cooperación chino-europea siempre en mente, por lo que aseguró que tanto el Gobierno chino como las empresas de productos fotovoltaicos del país se mantuvieron en estrecho contacto con la Comisión Europea para intentar negociar un «compromiso de precios».

«Obviamente no voy a revelar el contenido de las negociaciones», indicó De Gucht, quien sin embargo agregó que ambas partes «están más o menos de acuerdo en la forma de cómo debería ser la solución».

Hucheng dejó entrever que las discusiones se centran en materia de precios, un procedimiento que, según la Organización Mundial del Comercio (OMC), se basa en que el exportador, en este caso China, eleve el precio del producto para evitar que se le impongan aranceles.

«No esperen un gran anuncio hoy, pero los encuentros han sido exitosos y esperamos un resultado al respecto durante las próximas semanas», subrayó el alto cargo europeo, que se mostró optimista sobre las esperanzas de encontrar una solución antes del 6 de agosto, cuando la tasa que grava las importaciones de paneles solares chinos aumentará hasta el 47,6% de media. Desde principios de mes, la Unión Europea impuso un arancel temporal del 11,8% sobre las importaciones de paneles, células y obleas fotovoltaicos de China.

De Gucht trató la disputa comercial con su homólogo chino en el marco de la reunión anual de la comisión económica y comercial bilateral, y fue un asunto que se abordó a pesar de no estar en la agenda oficial del encuentro.

La Unión Europea se mantuvo en 2012 como el principal socio comercial de China a pesar de una disminución del 3,7% del volumen del intercambio entre ambos.

Desde hace meses China y la Unión Europea mantienen una batalla comercial por la supuesta competencia desleal en el comercio de varios productos, el más importante de ellos los paneles solares, pero que también afecta a los productos químicos, los equipos de telecomunicaciones, los tubos de acero inoxidable de alto rendimiento o hasta el vino.

La Unión Europea y China negocian una posible solución pactada al conflicto por los paneles solares

El comisario de Comercio, Karel De Gucht, abordará además esta disputa, que amenaza con convertirse en una guerra comercial, con su homólogo chino, Gao Hucheng, el próximo viernes en Pekín.

La Unión Europea impuso desde el pasado 6 de junio un recargo arancelario del 11,8% a los paneles solares procedentes de China como represalia por considerar que el país asiático vende estos productos por debajo del precio de coste (práctica conocida como «dumping») y perjudica a la industria europea. La sanción aumentará al 47,6% en agosto si Pekín no ofrece medidas correctivas.

China protestó por estas medidas no sólo ante la Comisión sino ante Estados miembros como Alemania y amenazó con imponer recargos arancelarios a las importaciones de vino europeo, medida que perjudicaría especialmente a España. Y Bruselas acaba de denunciar a Pekín ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) por los recargos a los tubos de acero.

«Puedo confirmar que se han iniciado discusiones confidenciales a nivel técnico con un equipo de expertos de China en Bruselas desde principios de semana en un intento de lograr una solución negociada», dijo el portavoz de Comercio, John Clancy.

«La ambición de la Unión Europea sigue siendo encontrar una solución amigable lo antes posible, pero debo subrayar que las discusiones acaban de empezar y que estamos en una fase muy inicial de las negociaciones«, concluyó Clancy.

La Unión Europea y China negocian una posible solución pactada al conflicto por los paneles solares

El comisario de Comercio, Karel De Gucht, abordará además esta disputa, que amenaza con convertirse en una guerra comercial, con su homólogo chino, Gao Hucheng, el próximo viernes en Pekín.

La Unión Europea impuso desde el pasado 6 de junio un recargo arancelario del 11,8% a los paneles solares procedentes de China como represalia por considerar que el país asiático vende estos productos por debajo del precio de coste (práctica conocida como «dumping») y perjudica a la industria europea. La sanción aumentará al 47,6% en agosto si Pekín no ofrece medidas correctivas.

China protestó por estas medidas no sólo ante la Comisión sino ante Estados miembros como Alemania y amenazó con imponer recargos arancelarios a las importaciones de vino europeo, medida que perjudicaría especialmente a España. Y Bruselas acaba de denunciar a Pekín ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) por los recargos a los tubos de acero.

«Puedo confirmar que se han iniciado discusiones confidenciales a nivel técnico con un equipo de expertos de China en Bruselas desde principios de semana en un intento de lograr una solución negociada», dijo el portavoz de Comercio, John Clancy.

«La ambición de la Unión Europea sigue siendo encontrar una solución amigable lo antes posible, pero debo subrayar que las discusiones acaban de empezar y que estamos en una fase muy inicial de las negociaciones«, concluyó Clancy.

La Unión Europea y China negocian una posible solución pactada al conflicto por los paneles solares

El comisario de Comercio, Karel De Gucht, abordará además esta disputa, que amenaza con convertirse en una guerra comercial, con su homólogo chino, Gao Hucheng, el próximo viernes en Pekín.

La Unión Europea impuso desde el pasado 6 de junio un recargo arancelario del 11,8% a los paneles solares procedentes de China como represalia por considerar que el país asiático vende estos productos por debajo del precio de coste (práctica conocida como «dumping») y perjudica a la industria europea. La sanción aumentará al 47,6% en agosto si Pekín no ofrece medidas correctivas.

China protestó por estas medidas no sólo ante la Comisión sino ante Estados miembros como Alemania y amenazó con imponer recargos arancelarios a las importaciones de vino europeo, medida que perjudicaría especialmente a España. Y Bruselas acaba de denunciar a Pekín ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) por los recargos a los tubos de acero.

«Puedo confirmar que se han iniciado discusiones confidenciales a nivel técnico con un equipo de expertos de China en Bruselas desde principios de semana en un intento de lograr una solución negociada», dijo el portavoz de Comercio, John Clancy.

«La ambición de la Unión Europea sigue siendo encontrar una solución amigable lo antes posible, pero debo subrayar que las discusiones acaban de empezar y que estamos en una fase muy inicial de las negociaciones«, concluyó Clancy.

La Comisión Europea propone revisiones obligatorias cada seis años a las 132 nucleares europeas

«Depende de los Estados miembros decidir si quieren o no producir energía nuclear», señaló el comisario europeo de Energía, Günter Oettinger, que precisó que «hay 132 reactores nucleares en funcionamiento en la Europa actual. Nuestra tarea en la Comisión es asegurarse de que a la seguridad se da la máxima prioridad en todos y cada uno de ellos».

Una de las novedades más destacadas es la obligación de que las centrales pasen revisiones formadas por expertos de los otros países europeos (revisiones interpares o «peer reviews») cada seis años para comprobar que se cumplen con los estándares de seguridad ante situaciones extremas, como catástrofes naturales, y en las que participarán expertos de otros Estados miembros para garantizar su objetividad.

Al contrario de las conclusiones de la ronda de pruebas de resistencia voluntarias puestas en marcha por Bruselas a raíz del desastre de la planta japonesa de Fukushima, los países tendrán que cumplir con estas recomendaciones o plantear medidas alternativas pero equivalentes para reforzar la seguridad.

De no ser así, una «misión de supervisión especial» viajará al país para estudiar el caso concreto y, en caso de que se concluya que éste está incumpliendo la nuevas exigencias legislativa, la Comisión Europea podrá abrir un procedimiento de infracción que en último extremo podría conllevar la imposición de una multa si el Tribunal de Justicia de la Unión Europea falla en contra del país denunciado.

Además de las inspecciones a escala europea cada seis años, Bruselas también pide revisiones nacionales «cómo mínimo cada diez años» que, en el caso de centrales a las que se quiere ampliar su periodo de vida útil, deberá completarse con una evaluación «específica», apuntó el comisario.

La propuesta también plantea el establecimiento de nuevos objetivos y requisitos en cuestión de seguridad, según el borrador del texto, que en última instancia buscan impedir que en caso de accidente haya fugas de radiactividad que afecten al medioambiente y, por tanto, a los ciudadanos.

Bruselas quiere, además, asegurar una mayor transparencia sobre la seguridad del parque europeo nuclear para que la opinión pública sea informada no sólo en caso de accidente, sino también sobre el funcionamiento habitual de las plantas.

También se pretende reforzar la independencia de los reguladores nacionales atómicos, que asumirán poderes como decidir si se prolonga la vida o no de una central nuclear o la concesión de licencias de construcción de instalaciones atómicas, un proceso en el que la nueva directiva establece que se deberá «consultar» a los ciudadanos.

Las decisiones de los reguladores deberán responder sólo a criterios técnicos y de seguridad, «no a razones políticas o económicas», según fuentes europeas, y los países tendrán que asegurar para ello que cuentan con los recursos y el personal especializado suficiente para llevar a cabo su tarea.

Sobre las nuevas centrales nucleares (hay unos 16 reactores nuevos planificados en la Unión Europea), el cambio de la normativa supondría la exigencia de que su diseño garantice que si el núcleo del reactor sufre daños, no tendrá consecuencias fuera de la instalación.

Por último, se pedirá a cada central nuclear que cuente con un centro de respuesta a emergencias que esté protegido contra la radiactividad y los terremotos o inundaciones y que aplique directrices estrictas en materia de gestión de accidentes.

Desde los servicios de la comisaría europea de Energía afirmaron que no es un intento por retirar competencias a los gobiernos europeos, que conservan plena competencia en materia nuclear, sino de ganar un papel de observador para acompañar y verificar que se cumplen las normas. «En los últimos 50 años no hemos recibido la menor información de ningún país sobre el estado de la seguridad», se quejaba un experto comunitario, para explicar la importancia de que la propuesta de Oettinger.

«Estamos europeizando la seguridad nuclear. Queremos que los controles europeos sean los importantes, que no sean sólo nacionales, sino que haya expertos internacionales y los controles sean en profundidad», explicó el comisario europeo de Energía.

La propuesta deberá ser analizada por los Estados miembros pero no por el Parlamento Europeo, que sólo podrá expresar una opinión no vinculante, y tendrá que recibir el visto bueno de los mismos por mayoría cualificada para su entrada en vigor.

Los servicios del comisario Oettinger confían en que la propuesta logre el apoyo de los Estados miembros y se apruebe el año próximo, lo que permitiría su aplicación un año y medio después, que es el tiempo que daría a los gobiernos para trasladar a la norma a su legislación nacional.

A Bruselas le bastaría el apoyo de una mayoría cualificada de Estado miembros para que prospere la norma, pero los países necesitarían una decisión por unanimidad para introducir algún cambio en la misma, según fuentes comunitarias.

Esto «hace bastante difícil que los Estados miembros rechacen la propuesta», aunque sí podría crearse una minoría de países que bloqueen su aprobación, lo que llevaría a iniciar un sistema de votación más complicado, previsto en los Tratados.

Los ecologistas acogieron con decepción la propuesta de Bruselas porque la consideran insuficiente y porque aseguraron que no evitaría que se repitiera en Europa la situación de crisis que se dio en Fukushima hace dos años.

En opinión de Greenpeace, las revisiones cada seis años sólo permitirían un examen «parcial» y dejarían partes de las instalaciones sin revisar «durante décadas» y los objetivos de seguridad que define Bruselas no han tenido en cuenta elementos de riesgo importantes. «Las nuevas reglas ignoran el factor humano, el riesgo de atentado terrorista o de sabotaje», criticó el experto en energía nuclear Jan Haverkamp.

Por el contrario, la industria nuclear europea, a través de FORATOM, expresó su «preocupación», porque considera que la nueva norma es «demasiado detallada» y «mina la autoridad de los reguladores de seguridad nacionales».

Además consideró que Bruselas se precipitó al plantear esta revisión antes de conocer los resultados de la evaluación «post-Fukushima» emprendidos por otros órganos internacionales, como la Organización Internacional de Energía Atómica.

La Comisión Europea propone revisiones obligatorias cada seis años a las 132 nucleares europeas

«Depende de los Estados miembros decidir si quieren o no producir energía nuclear», señaló el comisario europeo de Energía, Günter Oettinger, que precisó que «hay 132 reactores nucleares en funcionamiento en la Europa actual. Nuestra tarea en la Comisión es asegurarse de que a la seguridad se da la máxima prioridad en todos y cada uno de ellos».

Una de las novedades más destacadas es la obligación de que las centrales pasen revisiones formadas por expertos de los otros países europeos (revisiones interpares o «peer reviews») cada seis años para comprobar que se cumplen con los estándares de seguridad ante situaciones extremas, como catástrofes naturales, y en las que participarán expertos de otros Estados miembros para garantizar su objetividad.

Al contrario de las conclusiones de la ronda de pruebas de resistencia voluntarias puestas en marcha por Bruselas a raíz del desastre de la planta japonesa de Fukushima, los países tendrán que cumplir con estas recomendaciones o plantear medidas alternativas pero equivalentes para reforzar la seguridad.

De no ser así, una «misión de supervisión especial» viajará al país para estudiar el caso concreto y, en caso de que se concluya que éste está incumpliendo la nuevas exigencias legislativa, la Comisión Europea podrá abrir un procedimiento de infracción que en último extremo podría conllevar la imposición de una multa si el Tribunal de Justicia de la Unión Europea falla en contra del país denunciado.

Además de las inspecciones a escala europea cada seis años, Bruselas también pide revisiones nacionales «cómo mínimo cada diez años» que, en el caso de centrales a las que se quiere ampliar su periodo de vida útil, deberá completarse con una evaluación «específica», apuntó el comisario.

La propuesta también plantea el establecimiento de nuevos objetivos y requisitos en cuestión de seguridad, según el borrador del texto, que en última instancia buscan impedir que en caso de accidente haya fugas de radiactividad que afecten al medioambiente y, por tanto, a los ciudadanos.

Bruselas quiere, además, asegurar una mayor transparencia sobre la seguridad del parque europeo nuclear para que la opinión pública sea informada no sólo en caso de accidente, sino también sobre el funcionamiento habitual de las plantas.

También se pretende reforzar la independencia de los reguladores nacionales atómicos, que asumirán poderes como decidir si se prolonga la vida o no de una central nuclear o la concesión de licencias de construcción de instalaciones atómicas, un proceso en el que la nueva directiva establece que se deberá «consultar» a los ciudadanos.

Las decisiones de los reguladores deberán responder sólo a criterios técnicos y de seguridad, «no a razones políticas o económicas», según fuentes europeas, y los países tendrán que asegurar para ello que cuentan con los recursos y el personal especializado suficiente para llevar a cabo su tarea.

Sobre las nuevas centrales nucleares (hay unos 16 reactores nuevos planificados en la Unión Europea), el cambio de la normativa supondría la exigencia de que su diseño garantice que si el núcleo del reactor sufre daños, no tendrá consecuencias fuera de la instalación.

Por último, se pedirá a cada central nuclear que cuente con un centro de respuesta a emergencias que esté protegido contra la radiactividad y los terremotos o inundaciones y que aplique directrices estrictas en materia de gestión de accidentes.

Desde los servicios de la comisaría europea de Energía afirmaron que no es un intento por retirar competencias a los gobiernos europeos, que conservan plena competencia en materia nuclear, sino de ganar un papel de observador para acompañar y verificar que se cumplen las normas. «En los últimos 50 años no hemos recibido la menor información de ningún país sobre el estado de la seguridad», se quejaba un experto comunitario, para explicar la importancia de que la propuesta de Oettinger.

«Estamos europeizando la seguridad nuclear. Queremos que los controles europeos sean los importantes, que no sean sólo nacionales, sino que haya expertos internacionales y los controles sean en profundidad», explicó el comisario europeo de Energía.

La propuesta deberá ser analizada por los Estados miembros pero no por el Parlamento Europeo, que sólo podrá expresar una opinión no vinculante, y tendrá que recibir el visto bueno de los mismos por mayoría cualificada para su entrada en vigor.

Los servicios del comisario Oettinger confían en que la propuesta logre el apoyo de los Estados miembros y se apruebe el año próximo, lo que permitiría su aplicación un año y medio después, que es el tiempo que daría a los gobiernos para trasladar a la norma a su legislación nacional.

A Bruselas le bastaría el apoyo de una mayoría cualificada de Estado miembros para que prospere la norma, pero los países necesitarían una decisión por unanimidad para introducir algún cambio en la misma, según fuentes comunitarias.

Esto «hace bastante difícil que los Estados miembros rechacen la propuesta», aunque sí podría crearse una minoría de países que bloqueen su aprobación, lo que llevaría a iniciar un sistema de votación más complicado, previsto en los Tratados.

Los ecologistas acogieron con decepción la propuesta de Bruselas porque la consideran insuficiente y porque aseguraron que no evitaría que se repitiera en Europa la situación de crisis que se dio en Fukushima hace dos años.

En opinión de Greenpeace, las revisiones cada seis años sólo permitirían un examen «parcial» y dejarían partes de las instalaciones sin revisar «durante décadas» y los objetivos de seguridad que define Bruselas no han tenido en cuenta elementos de riesgo importantes. «Las nuevas reglas ignoran el factor humano, el riesgo de atentado terrorista o de sabotaje», criticó el experto en energía nuclear Jan Haverkamp.

Por el contrario, la industria nuclear europea, a través de FORATOM, expresó su «preocupación», porque considera que la nueva norma es «demasiado detallada» y «mina la autoridad de los reguladores de seguridad nacionales».

Además consideró que Bruselas se precipitó al plantear esta revisión antes de conocer los resultados de la evaluación «post-Fukushima» emprendidos por otros órganos internacionales, como la Organización Internacional de Energía Atómica.

La Comisión Europea propone revisiones obligatorias cada seis años a las 132 nucleares europeas

«Depende de los Estados miembros decidir si quieren o no producir energía nuclear», señaló el comisario europeo de Energía, Günter Oettinger, que precisó que «hay 132 reactores nucleares en funcionamiento en la Europa actual. Nuestra tarea en la Comisión es asegurarse de que a la seguridad se da la máxima prioridad en todos y cada uno de ellos».

Una de las novedades más destacadas es la obligación de que las centrales pasen revisiones formadas por expertos de los otros países europeos (revisiones interpares o «peer reviews») cada seis años para comprobar que se cumplen con los estándares de seguridad ante situaciones extremas, como catástrofes naturales, y en las que participarán expertos de otros Estados miembros para garantizar su objetividad.

Al contrario de las conclusiones de la ronda de pruebas de resistencia voluntarias puestas en marcha por Bruselas a raíz del desastre de la planta japonesa de Fukushima, los países tendrán que cumplir con estas recomendaciones o plantear medidas alternativas pero equivalentes para reforzar la seguridad.

De no ser así, una «misión de supervisión especial» viajará al país para estudiar el caso concreto y, en caso de que se concluya que éste está incumpliendo la nuevas exigencias legislativa, la Comisión Europea podrá abrir un procedimiento de infracción que en último extremo podría conllevar la imposición de una multa si el Tribunal de Justicia de la Unión Europea falla en contra del país denunciado.

Además de las inspecciones a escala europea cada seis años, Bruselas también pide revisiones nacionales «cómo mínimo cada diez años» que, en el caso de centrales a las que se quiere ampliar su periodo de vida útil, deberá completarse con una evaluación «específica», apuntó el comisario.

La propuesta también plantea el establecimiento de nuevos objetivos y requisitos en cuestión de seguridad, según el borrador del texto, que en última instancia buscan impedir que en caso de accidente haya fugas de radiactividad que afecten al medioambiente y, por tanto, a los ciudadanos.

Bruselas quiere, además, asegurar una mayor transparencia sobre la seguridad del parque europeo nuclear para que la opinión pública sea informada no sólo en caso de accidente, sino también sobre el funcionamiento habitual de las plantas.

También se pretende reforzar la independencia de los reguladores nacionales atómicos, que asumirán poderes como decidir si se prolonga la vida o no de una central nuclear o la concesión de licencias de construcción de instalaciones atómicas, un proceso en el que la nueva directiva establece que se deberá «consultar» a los ciudadanos.

Las decisiones de los reguladores deberán responder sólo a criterios técnicos y de seguridad, «no a razones políticas o económicas», según fuentes europeas, y los países tendrán que asegurar para ello que cuentan con los recursos y el personal especializado suficiente para llevar a cabo su tarea.

Sobre las nuevas centrales nucleares (hay unos 16 reactores nuevos planificados en la Unión Europea), el cambio de la normativa supondría la exigencia de que su diseño garantice que si el núcleo del reactor sufre daños, no tendrá consecuencias fuera de la instalación.

Por último, se pedirá a cada central nuclear que cuente con un centro de respuesta a emergencias que esté protegido contra la radiactividad y los terremotos o inundaciones y que aplique directrices estrictas en materia de gestión de accidentes.

Desde los servicios de la comisaría europea de Energía afirmaron que no es un intento por retirar competencias a los gobiernos europeos, que conservan plena competencia en materia nuclear, sino de ganar un papel de observador para acompañar y verificar que se cumplen las normas. «En los últimos 50 años no hemos recibido la menor información de ningún país sobre el estado de la seguridad», se quejaba un experto comunitario, para explicar la importancia de que la propuesta de Oettinger.

«Estamos europeizando la seguridad nuclear. Queremos que los controles europeos sean los importantes, que no sean sólo nacionales, sino que haya expertos internacionales y los controles sean en profundidad», explicó el comisario europeo de Energía.

La propuesta deberá ser analizada por los Estados miembros pero no por el Parlamento Europeo, que sólo podrá expresar una opinión no vinculante, y tendrá que recibir el visto bueno de los mismos por mayoría cualificada para su entrada en vigor.

Los servicios del comisario Oettinger confían en que la propuesta logre el apoyo de los Estados miembros y se apruebe el año próximo, lo que permitiría su aplicación un año y medio después, que es el tiempo que daría a los gobiernos para trasladar a la norma a su legislación nacional.

A Bruselas le bastaría el apoyo de una mayoría cualificada de Estado miembros para que prospere la norma, pero los países necesitarían una decisión por unanimidad para introducir algún cambio en la misma, según fuentes comunitarias.

Esto «hace bastante difícil que los Estados miembros rechacen la propuesta», aunque sí podría crearse una minoría de países que bloqueen su aprobación, lo que llevaría a iniciar un sistema de votación más complicado, previsto en los Tratados.

Los ecologistas acogieron con decepción la propuesta de Bruselas porque la consideran insuficiente y porque aseguraron que no evitaría que se repitiera en Europa la situación de crisis que se dio en Fukushima hace dos años.

En opinión de Greenpeace, las revisiones cada seis años sólo permitirían un examen «parcial» y dejarían partes de las instalaciones sin revisar «durante décadas» y los objetivos de seguridad que define Bruselas no han tenido en cuenta elementos de riesgo importantes. «Las nuevas reglas ignoran el factor humano, el riesgo de atentado terrorista o de sabotaje», criticó el experto en energía nuclear Jan Haverkamp.

Por el contrario, la industria nuclear europea, a través de FORATOM, expresó su «preocupación», porque considera que la nueva norma es «demasiado detallada» y «mina la autoridad de los reguladores de seguridad nacionales».

Además consideró que Bruselas se precipitó al plantear esta revisión antes de conocer los resultados de la evaluación «post-Fukushima» emprendidos por otros órganos internacionales, como la Organización Internacional de Energía Atómica.

La Unión Europea obligará a las empresas de extracción energética a hacer públicos los detalles de sus pagos a los gobiernos extranjeros

Unión EuropeaEl objetivo es aumentar la transparencia en las relaciones entre los gobiernos regionales, nacionales o federales de todo el mundo y las compañías que manejan recursos estratégicos. Asimismo, se pretende proporcionar a la sociedad civil en los países ricos en recursos con la información necesaria para que los gobiernos rindan cuenta por cualquier ingreso realizado a través de la explotación de los mismos, al tiempo que se busca promover la adopción de la Iniciativa de Transparencia de las Industrias Extractivas (EITI) en estos mismos países.

La publicación por parte de las empresas extractoras de sus pagos a Gobiernos deberá llevarse a cabo de forma desagregada y proyecto por proyecto, por ejemplo, por cada contrato o licencia obtenida para acceder a los recursos.

Para garantizar la máxima transparencia, las empresas, cotizadas o no, deberán revelar todos los pagos superiores a 100.000 euros. La directiva incluye además una cláusula antievasión para asegurarse de que las empresas no puedan dividir los pagos artificialmente en otros menores para evitar su publicación.

«Durante las duras negociaciones con el Consejo (…), insistimos en que las normas fueran estrictas y que la publicación de los pagos fuese significativa. Nuestro objetivo también fue ofrecer una transparencia real», afirmó la socialista británica Arlene McCarthy (S&D), durante el debate parlamentario.

Entre los aspectos que tienen que hacer públicos figuran los derechos de producción, los impuestos, las regalías, los dividendos, los derechos de licencia, costos de alquiler, las bonificaciones, los honorarios y los pagos por mejoras de infraestructuras, según consta en la información publicada por la Comisión Europea.

Las pequeñas y medianas empresas estarán exentas de estas nuevas disposiciones y su carga administrativa disminuirá en comparación con las normas vigentes hasta ahora.

La Eurocámara logró en sus negociaciones con los Gobiernos eliminar del proyecto original el denominado «veto del tirano». Esta cláusula eximía a las empresas de sus obligaciones de información de los pagos en aquellos países en los que la legislación penal prohíbe esa relevación.

El Parlamento introdujo asimismo una cláusula que obliga a la Comisión Europea a estudiar la posibilidad de incluir sectores adicionales en el ámbito de aplicación de esta normativa en los tres años siguientes a su entrada en vigor.

La información publicada sobre los pagos a los gobiernos estará disponible públicamente para todos los interesados, ya sea mediante el repositorio de información de los mercados de valores o en el registro de empresas en el país de constitución (en la misma forma que los estados financieros estén disponibles). Los Estados miembros tendrán ahora dos años para adaptar estas normas a sus legislaciones nacionales.

El comisario europeo de Mercado Interior, Michael Barnier, mostró su satisfacción por el respaldo de los eurodiputados a la propuesta, pues «ayudará en la lucha contra la evasión fiscal y la corrupción».

Barnier defendió que «ahora hace falta ir más lejos y tomar medidas para tener más transparencia en la fiscalidad de todas las grandes empresas y grupos, como los impuestos que pagan, en qué cantidad y a quién».

Por su parte, las ONG aplaudieron el voto, una «muy luchada victoria por la transparencia en el sector extractivo» que supone un «paso adelante crucial en la lucha contra la evasión fiscal y la corrupción», en palabras de Oxfam.

«La UE debe ahora ampliar los estándares de transparencia exigidos a los bancos a todas las grandes empresas en todos los sectores. Sólo así Europa garantizará que las prácticas fiscales fraudulentas estén al descubierto para que todos lo vean», afirmó la ONG.

Por su parte, la asociación ONE dedicada a la lucha contra la pobreza extrema en África dio una «cálida bienvenida» a la aprobación de la directiva, la cual, dijo, «permitirá a la gente común en Angola, Nigeria y más allá saber lo que las compañías mineras, petroleras y gasísticas pagan a sus gobiernos».

Todos estos requisitos son muy similares a los establecidos por la Ley Dodd-Frank de Estados Unidos, pero van más allá en dos aspectos según informa Bruselas. En primer lugar, la industria de la explotación forestal de la Unión Europea se encuentra dentro del alcance de la obligación de información propuesto, además de las industrias de petróleo, gas y minería (en los EE.UU. sólo a los sectores de petróleo, gas y minería están cubiertos). En segundo lugar, las normas europeas también se aplicarán a las grandes empresas no cotizadas, así como de las sociedades cotizadas, mientras que las normas de Estados Unidos se limitan a las empresas extractivas que cotizan allí.