Una conversación posible sobre el déficit tarifario

– Buenos días. Hay que acabar con el déficit tarifario, porque esto se nos descontrola cada día más, la diferencia entre la tarifa eléctrica y el coste del suministro cada vez es mayor y hay que financiarlo como si fuera deuda pública. Vamos ya por los 24.000 millones de euros y no hay respiro. Esto nos come.

– Sí, pero hay que ver quién lo paga, porque es un asunto político que se nos puede volver en contra y con la sensibilidad social que hay a las subidas de precios y con la crisis esto se pone feo para llevar a cabo esta operación. Además el kilowatio sigue nuestro último precio intervenido y nos van a echar la culpa, al Gobierno.

– Sí, y hasta el trimestre pasado la subasta del mercado nos salía bien y podíamos comernos la bajada del precio de la electricidad para pagar las primas y los costes regulados.

– El problema es que los sucesivos gobiernos no subieron la tarifa conforme a las decisiones que ejercían en energía y ahora nos toca a nosotros subir la luz, ¡qué calamidad! ¡Otra vez la herencia!

Lo mejor es crear impuestos a la generación.

– Sí, pero, ¿general o por tecnologías?

Mejor que sea general y así que se reparta para todas, que si no esto se convierte en una jaula de grillos. Nos van a acusar de cualquier cosa si lo aplicamos a una tecnología en concreto…

– Pues yo pienso que mejor selectivo y por tecnologías. Con las renovables se nos fue la mano con la retribución y con la autorización de potencia en fotovoltaica y termosolar y ahora habría que corregir eso. Además hay evoluciones tecnológicas que han abaratado la generación y el «títere» se puede abaratar. Lo mejor es un impuesto y que la instalación de renovable se ralentice hasta el final para cumplir el 20-20-20.

– Pero tú sabes que la mayoría de los titulares de los proyectos se ha gastado la plusvalía de la instalación en las autorizaciones y está todo el mundo «pringado». A algunos hasta les han engañado o les han dejado colgados. Además las instituciones financieras tienen proyectos financiados como si fueran rentas y no les va a hacer gracia que les metamos un recorte por vía tributaria. Se puede liar.

– Buen argumento, ahora con lo de la reforma financiera y la reconversión bancaria esto asusta mucho porque puede haber insolvencias en cadena. Los fotovoltaicos se pueden poner de pies en pared y entonces llamar a los bancos alemanes y americanos para que amenacen con lo gordo y asusten al Gobierno y así cogernos de pies y manos. Algo se ha movido ya.

– El riesgo existe y es real. Aunque eso quiere decir que también hay que pagar ese sobrecoste, sin remedio. Y, claro, ya sabes que venimos de autorizar potencia renovable a troche y moche, poner subvenciones y primas sin control, dejar a las Comunidades Autónomas que hagan su agosto particular con esto y ofrecer sus dádivas a sus redes clientelares.

– Además, las renovables, con burbuja y todo, son «so cool». Si hasta entraron Florentino y Abengoa…. Algo tendrán.

– ¿Y por qué no ponemos el impuesto a la nuclear y a la hidráulica, decimos que estas tecnologías tienen beneficios extraordinarios porque están amortizadas y podemos seguir así con la retribución de la distribución por tecnologías y dando subvenciones, que es lo nuestro, el modelo español de intervencionismo genuino? De paso, nos cargamos el precio medio de mercado e intervenimos el sector.

Los retroprogresivos nos hacen el trabajo sucio, con Narbona y Fabra, que se saben lo de Fukushima como el Padre Nuestro y que ya han convencido a todos de eso de los windfall profits, aprovechando que no hay cultura económica, de mercado y nos da igual cargarnos el sector empresarial y la seguridad jurídica. Luego de rondón, meten la hidráulica en el impuesto y de ahí sacamos la pasta.

– Eso, eso. Nosotros asentimos con que la nuclear y la hidráulica tienen beneficios caídos del cielo y más si nos olvidamos de la contabilidad financiera y del Plan General Contable. ¡Al cuerno las amortizaciones y la inversión en mantenimiento y seguridad! Como además nos acusan de pronucleares, nos vamos al otro lado y les ganamos la partida.

– A ver si nos cargamos el modelo, el mercado y todo se va al garete. El precio de mercado de la electricidad es el más bajo de Europa. La crisis golpea y hay un exceso de capacidad, los ciclos combinados están en mínimos. Además, lo que ha crecido ya son los costes regulados, más del 50% de la tarifa son costes regulados, además de componentes que deberían estar fuera de la factura, como los costes extrapeninsulares, la financiación del déficit, etc…

– Pero si se van fuera de la tarifa tendrían que ir a los Presupuestos y no caben. ¡De ninguna manera!

Habría que sentarse con todas las empresas, sectores y poner una solución eficiente encima de la mesa y negociar a fondo…

– Ni hablar. Y, además de que se nos ha ido el tiempo, hay prisa, eso lo alarga y, para más inri,… no tenemos quien lo haga.

Lo mejor es cuestionar el mercado y decir que hay tecnologías que se lucran y que la sombra de la duda se proyecte sobre las grandes empresas, que una teoría conspiratoria siempre funciona bien si hay que hacer un «trabajito fino». Les echamos la cuenta de los presuntos rendimientos y nos ponemos a ello. Nos ayudará el PSOE.

– Pero el mercado casa precios entre 45 y 60 euros el MWh y las primas a tecnologías como la termosolar y la fotovoltaica llegan a los 270 euros por MWh. ¿Quién se va a creer con esta diferencia esta teoría, o es tomar el todo por la parte? En el mix de generación hay una bomba.

– ¿Y eso quién lo sabe? Además en esto podemos apelar a la seguridad jurídica y la estabilidad regulatoria y el que venga detrás ya se encontrará el desaguisado.

– Sí, porque la seguridad jurídica y la estabilidad regulatoria las dejamos para las primas, todo lo demás es expropiable.

– Pareces Fabra, ¡qué pico tienes!

(Continuará)

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