Un acuerdo para llegar a un acuerdo para llegar a un acuerdo

Consecuentemente, la incendiaria noticia de que el Ejecutivo retirase su participación prevista en el coste del suministro eléctrico, merced a las enmiendas en el Senado a la Ley del Sector Eléctrico, lo único que hacía era certificar que esa deuda se iba a acrecentar en el futuro.

Asimismo, con este hecho se reconoce que el déficit tarifario se trata de una deuda política. El déficit tarifario surge de la intervención pública en un doble sentido que determina, en primer lugar, mayores costes del suministro (fundamentalmente en primas y costes regulados) y, en segundo lugar, y a la vez, interviene en los precios que se giran al consumidor (la tarifa); una pinza generadora de déficit en la que los deudores son los consumidores que, además, acaban siendo fantasmagorizados por precios irreales y artificiales, que no reflejan las consecuencias de las decisiones políticas.

Por tanto, el Estado tiene responsabilidad sobre las decisiones pasadas tanto en relación a las primas y los costes regulados como a las tarifas: es una relación biunívoca. Como deuda de origen político, derivada de las decisiones de los sucesivos Gobiernos y motivada por su intervención pública, es razonable que se avale por el Estado.

La siguiente disfunción es que, una vez liquidados todos los componentes del suministro y habiendo recibido todos los agentes sus ingresos correspondientes, dicha deuda se apuntara únicamente en el pasivo del balance de las empresas eléctricas distribuidoras, financiándolo durante el tiempo que transcurre hasta que se produce su titulización o su pago. Además, se alimentan durante todo ese tiempo, y conforme crece el déficit, aumentan las ideas de posibles desenlaces creativos para evitar afrontar la deuda.

Por tanto, la noticia de que dicha deuda sea avalada es positiva, despejando dudas, dando un cierto soporte y estabilidad, revitalizando el mecanismo creado del FADE, merced al acuerdo entre el sector y el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, que en una semana ha cambiado de posición (al menos en lo mediático) con respecto a este sector. El déficit será titulizable y, a cambio, el sector eléctrico se compromete a retirar los últimos recursos judiciales.

Que además se atisbe un nuevo clima, un cierto grado de diálogo y receptividad también es positivo (viniendo de un modelo de negociación de reto, amenaza, tentetieso y ausencia de fiabilidad, factoría Nadal-Soria), y deseable a efectos de que entre en una senda de normalización. No obstante, el problema de base, que es la forma en que sigue creciendo el déficit, sigue vivo y desbordante. Se puede considerar un acuerdo para llegar a un acuerdo para llegar a un acuerdo.

Las siguientes lecturas tienen que ver con el papel del propio Ministerio de Industria, Energía y Turismo, con cómo se queda tras el acuerdo y cuál es su posición política. Soria, tras la zozobra del fin de semana, prosiguió con su propia agenda, como si nada hubiera pasado, sin comprender la responsabilidad, magnitud y gravedad del problema que emergía en ese momento para la propia política económica y teniendo la reforma eléctrica encima de la mesa.

De hecho, la noticia del acuerdo entre Montoro y las eléctricas le ha pillado al ministro en Bruselas, dando abrazos y manteniendo un discurso naif de frases hechas, lugares comunes y buenismo zapateril. Soria ha afirmado, sin ningún pudor, que había puesto a disposición de la Unión Europa la experiencia española en el afrontamiento del problema del déficit tarifario. A la vista de las cifras y el crecimiento del déficit de este año, la hoja de servicios del ministro no es especialmente presentable y sus resultados no son nada edificantes. Por otro lado, el déficit tarifario es una figura netamente patria, española, como para que ese tipo de problemas los exportemos a nuestros socios europeos (aunque medidas como ciertos nuevos impuestos afecten al mercado ibérico). Nos tememos que pocos países estarán deseosos de recibir ese legado y aceptar la invitación del ministro.

Pero hay que reconocer que Soria tiene un gran olfato político para encontrar alimenticio el devenir de los hechos, sus fracasos y las responsabilidades de su ejercicio político y proseguir su camino sin una sola mácula que le afecte, con porte de Don Tancredo. En una semana, le han quitado la financiación para la reforma y le han hecho un acuerdo en el que ha quedado en posición de irrelevancia.

Por eso, Soria ahora pasa al ataque y, tras el acuerdo, lo ha hecho suyo, emite nuevas advertencias al sector con sus declaraciones por las posibles futuras subidas, control de los peajes, costes regulados y reclama su aquí estoy yo. Poca mentalidad de acuerdo. De raza.

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