La gestión de residuos radiactivos en almacenes centralizados resulta 2,5 veces más barata que hacerlo en los centros individualizados

Así lo aseguró la ingeniera técnica del departamento de Ingeniería de Suelo de la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos (ENRESA), Silvia Rueda, que habló sobre el tratamiento de residuos radiactivos en el Curso de Verano de la Universidad de Cantabria (UC) «Actualidad energética y medio ambiente«.

Rueda, quien señaló que el económico «es un aspecto importante, pero lo que prima en estos temas es la seguridad», añadió que desde la empresa pública ENRESA se busca «proteger mucho más allá de lo que realmente se necesita», de manera que se pueda «garantizar» que los residuos radiactivos no supongan «ningún tipo de impacto ni para el medio ambiente ni para las personas».

La ingeniera explicó que el ATC que va a comenzar a construirse en el municipio de Villar de Cañas (Cuenca) a mediados del próximo año «va a ser una instalación centralizada donde se aglutinarán todo el combustible gastado y todos los residuos de alta actividad que se generan en España» y que «hoy día» se encuentran en «las piscinas de las centrales nucleares y en algunos casos en almacenes en seco».

Sin embargo, a partir de 2018, fecha prevista para la conclusión de las obras en Villar de Cañas, los residuos radiactivos pasarán a almacenarse en el ATI, lo que a juicio de la experta supondrá tener la gestión «más controlada» al «permitir tenerlo todo en una sola instalación».

Además, Rueda señaló que «el ATC va a permitir poder desmantelar todas las centrales nucleares y dejar los emplazamientos liberados sin ningún problema», además de que desarrollará un «centro tecnológico asociado» que, según sus palabras, «va a ser un referente nacional e internacional en investigación»

La ingeniera de ENRESA, que incidió en que «el 20% de la energía que consumimos en el país procede de las centrales nucleares», señaló que los residuos radiactivos proceden mayoritariamente de este tipo de instalaciones, «y en menor medida, como consecuencia de diversas aplicaciones en medicina, industria o investigación».

Teresa Rueda participó en la quinta y última jornada del monográfico «Actualidad energética y medio ambiente» que coordinó el profesor e investigador GTED-SE2 de la UC Francisco Javier Balbás en la sede de Santander -de la que es responsable José María Zamanillo.

En el seminario, que contó con una treintena de alumnos, colaboraron la Dirección General de Innovación e Industria del Gobierno de Cantabria, Comercial Hispanofil y Foro Nuclear.

El CSN lleva a cabo el simulacro de emergencia anual en la nuclear en desmantelamiento de José Cabrera

El regulador explicó que la operación, que contó con la participación de la Organización de Respuesta ante Emergencias, comenzó con una prealerta de emergencia a causa de un terremoto de 5,1 en la escala de Richter que notificó el titular de la instalación.

A partir de ahí, se procedió a declarar la alerta de emergencia a raíz de un incendio simulado en el área donde se compactan los bidones de residuos radiactivos de baja y media actividad y del que se asumió que ha «herido» a dos trabajadores, que fueron trasladados a los servicios médicos, añadió.

Otra de las incidencias simuladas fue la emisión de material radiactivo gaseoso en pequeñas cantidades, que llevó al CSN a recomendar al Centro de Coordinación Operativa de la Subdelegación del Gobierno de Guadalajara el control de accesos a la planta.

A raíz de estos sucesos, que habrían sido clasificados como una anomalía de nivel 1 en la Escala Internacional de Sucesos Nucleares (INES), el titular de la central declaró la categoría II de su Plan de Emergencia Interior (Alerta de Emergencia) y el CSN activó el modo 2 de su Organización de Respuesta ante Emergencias.

Durante todo el simulacro, el Consejo mantuvo una comunicación permanente con las organizaciones responsables de resolver la emergencia y supervisó el estado de planta desde la Sala de Emergencias (SALEM) y sobre el terreno.

La Plataforma contra el ATC nuclear de Villar de Cañas presenta más de 2.000 alegaciones en su contra

El portavoz de la Plataforma, Job Moya, aseguró que la ubicación del ATC en Villar de Cañas obedece a una decisión «política» y con la que están de acuerdo «el alcalde y un centenar de vecinos agradecidos que no pueden condicionar el modo de vida y la economía de una comarca y una región». Igualmente, Moyá indicó que el objetivo con las alegaciones presentadas es lograr la declaración negativa por parte del Ministerio de Medio Ambiente o al menos «eliminar las presiones políticas y que se hagan las cosas con criterios técnicos y científicos, que por desgracia son los que menos pesan en esta decisión».

En este sentido puso en duda la neutralidad del Consejo de Seguridad Nuclear por la «amistad que une al presidente del CSN, Fernando Martí Scharfhausen, con Ignacio López del Hierro, que actualmente trabaja en Iberdrola, a la que le han sido asignados cuatro proyectos del ATC». Moyá aseguró que estarán vigilando para que las cosas «se hagan bien» porque «hay muchos sobres que repartir». «Vivimos en un país arruinado por obras faraónicas y éste puede contribuir a hacer la vaca todavía más flaca», sentenció Moya.

Nuclenor asegura que recurrirá la multa de la CNMC porque extraer el combustible era «responsable» y «la única salida viable» en 2012

Nuclenor, sociedad participada al 50% por Endesa e Iberdrola, recurrirá ante la Audiencia Nacional la resolución adoptada por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) por la que le impone una multa de 18,4 millones de euros por el cierre «sin autorización» de la central nuclear de Santa María de Garoña (Burgos) en diciembre de 2012. Competencia fundamentó la sanción a Nuclenor en la infracción de un artículo de la Ley del Sector Eléctrico, consistente en «la reducción, sin autorización, de la capacidad de producción o de suministro de energía eléctrica» como consecuencia del cierre de Garoña.

Como respuesta a la CNMC, Nuclenor subraya que la decisión de extraer el combustible en diciembre de 2012, tomada a raíz de la aprobación para 2013 de un impuesto sobre el combustible nuclear gastado en la Ley de Medidas Fiscales para la Sostenibilidad Energética, fue «responsable» y «la única salida viable» a la situación de «insolvencia» en que habría entrado la planta tras la aprobación de dicha normativa que le suponía desembolsar unos 153 millones de euros en enero de 2014 por el nuevo tributo.

De este modo, el titular anunció que recurrirá ante la Sala de lo Contencioso Administrativo de la Audiencia Nacional la resolución adoptada por la CNMC que considera responsable a la empresa de una infracción de lo dispuesto en la Ley del Sector Eléctrico de 1997, vigente entonces. Asimismo, Nuclenor explica que su recurso se basará en los argumentos que ya ha defendido durante el proceso administrativo que comenzó el 25 de julio del año pasado y en el que la CNMC acordó iniciar un expediente sancionador por la parada del reactor de la central nuclear de Santa María de Garoña.

Entonces, la empresa alegó que la parada que realizó en diciembre de 2012 estaba «incluida en sus competencias» y que no se requería de una autorización especial para dicha acción. En este sentido, recuerda que sus argumentos se basan en que Nuclenor cumplió con lo exigido en la Ley de Energía Nuclear, que es una legislación especial que «prevalece» sobre la Ley del Sector Eléctrico y en que el cese de explotación, comunicado al Ministerio de Industria, Energía y Turismo y al Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) el 28 de diciembre de 2012, «cumplía además la condición de deberse a causas imprevistas», contemplada en la autorización vigente en esa fecha.

De este modo, Nuclenor sostiene que la Ley de Medidas Fiscales para la Sostenibilidad Energética, que establecía el impuesto sobre el combustible nuclear gastado, «se consideró una causa del todo imprevisible e imprevista» y de «entidad suficiente» como para justificar la decisión adoptada. Por ello, Nuclenor asegura que la decisión de parar la central de Garoña el 14 de diciembre de 2012 se adoptó para cumplir con sus obligaciones societarias dado que el quebranto económico que suponía para la sociedad la nueva fiscalidad y el riesgo de incumplir lo establecido en la Ley de Energía Nuclear, que requiere que el titular cuente con medios económicos-financieros para garantizar un explotación segura.

«Lejos de ahorrarse 150 millones de euros, lo que hizo Nuclenor fue salvaguardar el patrimonio de la sociedad y los derechos de los trabajadores, permitiendo de esta manera mantener una plantilla de más de 600 personas entre empleados de Nuclenor y de empresas colaboradoras», subrayó la sociedad propietaria de Garoña. En este sentido, añadió que este hecho se produjo en un año en el que la central «no ha tenido un solo ingreso por estar parada», por lo que a su juicio muestra que «Nuclenor no trató de eludir el pago de un tributo, sino salvaguardar su situación económico-financiera cumpliendo así con la normativa nuclear«.

«Que no permita la reapertura»

Equo reclamó al Gobierno que no permita la reapertura de la central nuclear de Garoña a raíz de la multa de la CNMC. Así, la formación política calificó de «oscuras» las «maniobras» de Endesa e Iberdrola, propietarias de Nuclenor, ya que cerraron la planta en diciembre de 2012 «sin autorización» y casi seis meses antes de la fecha fijada por orden ministerial. Para el coportavoz de Equo, Juan López de Uralde, «en ningún caso puede permitirse la reapertura de la central de Garoña». «La sanción de la CMNC por el cierre ilegal es la punta del iceberg de una forma de actuar en Garoña inaceptable por parte de Nuclenor durante los últimos años», aseguró Uralde.

Ante la solicitud de Nuclenor para la reapertura de la central nuclear de Garoña hasta 2031, fecha en la que cumpliría 60 años de actividad, el fundador de Equo insistió en que reabrir este reactor supone un «riesgo inaceptable para la ciudadanía y el medio ambiente». Finalmente, Uralde calificó de «disparate» el alargamiento de la vida de las centrales nucleares hasta los 60 años de vida y recordó que es una de las reclamaciones del «oligopolio eléctrico» que ha sido atendida por el Ejecutivo de Mariano Rajoy; también advirtió que el Consejo de Seguridad Nuclear admitió que las incidencias en las centrales nucleares han aumentado.

«Ha estado toreando al Gobierno»

Ecologistas en Acción aseguró que la sanción de 18,4 millones de euros por la CNMC a Nuclenor, titular de la central nuclear, es «merecida, en tanto que ha estado toreando a la Administración«. Desde esta organización subrayaron que desconectar la planta atómica y sacar el combustible «sin permiso» es un hecho de fuerza que «no se puede aceptar». «Es un chantaje inaceptable, más aún con todas las veces que el Gobierno le ha puesto en bandeja la continuidad y lo ha rechazado», afirmaron. No obstante, a su juicio, la actuación del Gobierno, que ha cambiado las leyes «a la medida de Garoña» para facilitar que vuelva a generar electricidad, «también necesitaría sanción porque es inadmisible«.

Respecto a la actuación de la CNMC, que ha impuesto la multa máxima que podía imponer, celebraron que «al menos alguien pone un poco de sensatez sobre este proceso loco» y confiaron en que, aunque Nuclenor recurrirá, sus argumentos son «muy sólidos». En todo caso, descartan que la multa pueda echar atrás a Nuclenor en su intención de reanudar su actividad ya que, en el caso de que el Consejo de Seguridad Nuclear lo considere posible y que el Gobierno lo autorice, consideran que Nuclenor podría recuperar el dinero que van a tener que desembolsar.

La multa «es una minucia»

La organización Greenpeace aseveró que la multa de 18,4 millones de euros impuesta por la CNMC es «una minucia» para Nuclenor, titular de la central de Santa María de Garoña, que con la extracción del combustible evitó tener que pagar 153 millones de euros. «Cerraron la central para ahorrarse 153 millones de euros, por lo que 18,4 millones es una minucia que no va a echar para atrás a Nuclenor en su petición de reabrir Garoña», manifestó el portavoz de energía de Greenpeace, Julio Barea. Además, ante el anuncio de Nuclenor de recurrir la sanción, Barea pronosticó que al final se le exonerará del pago que tiene que hacer, del mismo modo que «ya se le han perdonado» otras obligaciones económicas porque «el Gobierno está empeñado en que siga abierta«.

Por ello, reclamó al Consejo de Seguridad Nuclear que no autorice la reanudación de actividad hasta 2031 de Garoña, de la que recordó que actualmente es la central atómica más antigua de Europa y la quinta más vieja del mundo. «Tiene que cerrar ya», sentenció. En este sentido, subrayó que antes de su reapertura, la planta tendría que acometer numerosas obras de reparación, algunas de las cuales «inviables». Por ello, indicó que desde Greenpeace seguirán trabajando para lograr su cierre. «Queremos que por seguridad, coherencia y porque no necesitamos más centrales nucleares, se cierre esta y todas las demás», concluyó.

La CNMC multa a Nuclenor con 18,4 millones de euros por el cierre de Garoña en 2012 «sin autorización»

El organismo regulador consideró que se trata de una infracción muy grave porque «no se puede reducir la capacidad de producción o de suministro de energía eléctrica sin la correspondiente autorización».

El consejo de Nuclenor, sociedad participada al 50% por Iberdrola y Endesa y que gestiona la central, acordó «la adopción de las medidas necesarias para la extracción definitiva del combustible nuclear irradiado en la central y su descarga en la piscina de combustible gastado, con el consiguiente cese definitivo de la central con anterioridad al 31 de diciembre de 2012».

Por este motivo, acordó el cese de explotación de la central burgalesa el 16 de diciembre de 2012, casi seis meses antes de la fecha inicialmente fijada por orden ministerial, que era la del 6 de julio de 2013, según la Orden IET 1785/2009.

Iberdrola y Endesa decidieron parar Garoña en respuesta a las nuevas tasas e impuestos a los residuos nucleares aprobados por el Gobierno para atajar el déficit de tarifa eléctrica y que, en su opinión, hacía la central «inviable».

Por ello, la CNMC acordó iniciar un expediente regulador contra Nuclenor el 25 de julio de 2013, puesto que «la decisión de parar el funcionamiento de la central y la ejecución de las actuaciones necesarias para la descarga completa del combustible se adoptaron estando plenamente vigente y operativa la autorización de explotación de la central y sin que concurrieran las circunstancias de parada previamente programada, ni circunstancias imprevistas de carácter técnico o de seguridad que aconsejaran o hicieran necesaria la parada».

La planta nuclear cuenta con una potencia neta de 455,29 megavatios (MW) que no estuvo a disposición del sistema eléctrico en el periodo comprendido entre el 16 de diciembre de 2012 y el 6 de julio de 2013.

Desde entonces, el Ejecutivo ha mantenido abierta la puerta a que la planta atómica retome la actividad y actualmente, el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) evalúa la petición de la central de renovar su permiso de explotación hasta el 2031, cuando sumaría 60 años de antigüedad.

El 27 de mayo, Nuclenor presentó dicha solicitud y dos días después el Gobierno solicitó al CSN el informe preceptivo. Si este es negativo obligará al cierre de la planta y si es positivo dejará la decisión en manos de Industria y del Consejo de Ministros.

El importe de la sanción, añadió el organismo presidido por José María Marín, se calculó conforme a los criterios de graduación previstos en la Ley, en particular el daño causado y el beneficio ilícito obtenido.

No obstante, el importe final queda limitado por la regla de máximos, del artículo 67.2 de la Ley 24/2013 del Sector Eléctrico, en virtud de la cual la cuantía de la multa no podrá superar el 10% del importe neto anual de la facturación del infractor.

La cifra neta de negocio de Nuclenor en 2011 (último ejercicio completo antes del cese de actividad) ascendió a 184 millones de euros, por lo que la multa se limita a 18,4 millones de euros.

La central de Zorita comienza el corte de la vasija de su reactor nuclear

El desmantelamiento de esta planta nuclear, la más antigua de España y que cesó su actividad después de 38 años de vida, se inició en 2010 por parte de la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos (ENRESA) y la previsión es que concluya en 2017. Se trata del primer desmantelamiento completo de una planta nuclear que se realiza en España; este hecho, unido a la utilización de una técnica de corte mecánico bajo el agua que es pionera en el mundo, es lo que, según señaló el responsable de dicho desmantelamiento, Manuel Rodríguez, ha «despertado» el interés de la comunidad científica y técnica de distintos países.

El presupuesto previsto para todo el proceso de desmantelamiento alcanza los 160 millones de euros. Hasta ahora no se han producido desviaciones presupuestarias relevantes, apuntó Manuel Rodríguez, que también aseguró que no se ha generado impacto medio ambiental negativo en el entorno ni incidentes significativos en la planta. Por ahora se están cumpliendo las previsiones habiéndose superado el ecuador del proceso de desmantelamiento, pues ya se ha alcanzado más del 60% de los trabajos previstos.

Hasta la fecha y desde que Enresa asumiera en 2010 la titularidad de la planta se han generado 7.847 toneladas de materiales, de las que algo más de 1.700 son de residuos radiactivos. De estas, 778 ya han sido envidas a El Cabril (Córdoba), donde se guardan los residuos de media y baja actividad, mientras que los de alta actividad se han gestionado en cuatro contenedores y han sido almacenados en el Almacén Temporal Individualizado (ATI) que hay en la propia central de Zorita, cuya capacidad ya ha sido completada.

En cuanto a la vasija, de 100 toneladas de peso, según precisó Rodríguez, será cortada o segmentada en 120 piezas con una técnica novedosa bajo el agua, similar a la utilizada con los elementos internos del reactor, trabajos que tendrán una duración de seis meses y darán empleo a 250 trabajadores de 34 empresas. Las piezas resultantes serán también acondicionadas en contenedores y en este caso no se quedarán en el ATI, por no ser de alta actividad, sino que se enviarán a El Cabril.

Apenas se han desmantelado completamente una decena de reactores de características similares al de Zorita en todo el mundo, y es la primera vez que se realiza un trabajo así en España. Las técnicas y metodología de corte y acondicionamiento de residuos radiactivos aplicadas por Enresa en esta planta constituyen una novedad. De hecho, este desmantelamiento se ha convertido en un centro e interés a nivel nacional e internacional y más de 2.500 personas visitaron las instalaciones desde que se iniciara el proceso en 2010.

La francesa Areva desmantelará dos centrales nucleares en Suecia

El cometido de Areva, que empezará a trabajar allí durante el primer semestre de 2015, es realizar una planificación detallada del proyecto para desmantelar los reactores R2-0 y R2 situados cerca de Nyköping, explicó la compañía, que destacó que se trata del primer proyecto de este tipo en Suecia desde 1980.

Según el director de Areva para esta actividad, Stephan Krueger, «el contrato refuerza la posición del grupo en el mercado del desmantelamiento de reactores», que «se ha convertido en un actor de referencia para responder a las necesidades de las centrales».

Este proyecto se suma a otros que la empresa gala ya tiene en marcha en Francia o Alemania, donde se ocupa de todo el desmantelamiento de algunas centrales nucleares cerradas en 2011, después de que el país tomase la decisión de abandonar la energía nuclear.

El CSN solicita información adicional a los técnicos y aplaza la decisión de reapertura de la central de Garoña

El consejo de administración de Nuclenor, titular de la planta participada al 50% por Endesa e Iberdrola, acordó el pasado 27 de mayo pedir la renovación de la autorización de explotación de la central nuclear de Santa María de Garoña hasta 2031, una fecha con la que la planta atómica burgalesa se situaría en los 60 años de edad. Dos días más tarde, el Gobierno solicitó al CSN el informe preceptivo.

La empresa consideró que un marco temporal de explotación «de estas características es necesario para hacer viable el proyecto y proporcionaría la estabilidad y certidumbre adecuada para acometer las inversiones precisas».

Para operar hasta 2031, Nuclenor necesita un informe técnico del CSN que, si es negativo, obligaría al cierre de la planta y, si es positivo, dejaría la decisión última en manos del Ministerio de Industria, Energía y Turismo y el Consejo de Ministros.

El Pleno del CSN informó favorablemente en mayo de 2013 sobre la posibilidad de que el Industria modificase la orden ministerial de 29 de junio para permitir una prórroga de un año a la central nuclear de Garoña, aunque en ese tiempo, la planta debería permanecer en parada segura y sin combustible en el reactor.

El Pleno del CSN condicionó la autorización a que Garoña mantuviera durante ese tiempo «en cualquier caso» la situación de «parada segura y sin combustible en el reactor». Además, para reforzar la seguridad de la planta atómica, el regulador impuso la condición de que Nuclenor no pueda introducir combustible en el reactor sin la autorización previa del CSN, en el caso de que se modificara la orden ministerial.

Asimismo, para que Garoña pudiera realizar una hipotética carga del combustible, además de solicitar ese permiso tendría que realizar las modificaciones de diseño requeridas y establecidas en los anteriores informes del CSN, así como en las instrucciones técnicas complementarias.

Las medidas que se exigirán a Garoña son «insuficientes»

Por su parte, el físico nuclear Francisco Castejón aseguró que los dos paquetes de medidas que solicitará el CSN a Garoña para volver a operar resultan «insuficientes», ya que no solucionarán cuestiones como la corrosión de su circuito primario ni los problemas de su vasija, según explicó .

Según Castejón, que trabaja en el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat) y es portavoz de energía nuclear de Ecologistas en Acción, el CSN pedirá aplicar las medidas derivadas de las pruebas de estrés, impulsadas tras el accidente de Fuskushima, y las emanadas de las inspecciones de 2009 a raíz de la renovación de su permiso de explotación hasta 2013.

A su juicio ello resulta «insuficiente», ya que obvia cuestiones como la corrosión del circuito primario (sistema de circulación del fluido refrigerante usado para extraer el calor del núcleo de un reactor) y los problemas de su vasija.

Básicamente, el CSN pedirá a Nuclenor el cambio de «prácticamente todo el cableado de la central, mejorar los sistemas de vigilancia de gases radiactivos de la sala de sala de control y del sistema contra incendios».

A estas modificaciones se suma otro paquete de medidas que tienen que ver con las pruebas de estrés, entre ellas la mejora del sistema de venteo (garantiza la integridad de la contención ante un accidente severo); de los sistemas sísmicos, instalar un segundo panel de control para ser operado remotamente, un edificio de emergencia en el exterior, y dotarse de sistemas de alimentación y refrigeración portátiles.

Sobre la corrosión de su circuito primario, «aunque se haya intentando paliar, no hay solución. Ha afectado al barrilete, a las penetraciones inferiores y a algunas tuberías del circuito primario».

El barrilete, un elemento situado en la vasija, que sujeta los elementos combustibles y canaliza el flujo de refrigerante dentro del núcleo de la central, «tiene una fisura de prácticamente 360 grados y tiene soldados unas cinchas para que aguante».

A ello se suma el problema de las dos centrales belgas Doel 3 y Tihange 2, paralizadas por el Gobierno de Bélgica tras hallarse miles de pequeñas fisuras en el acero de la vasija, y cuyo fabricante es el mismo que el de Garoña.

En vez de meterse en todas estas reparaciones «lo más sensato sería el cierre. Pueden aparecer nuevas averías, por eso Nuclenor pide seguir operando hasta el 2031 y así poder recuperar las inversiones que tiene que realizar, en torno a 150 millones de euros«.

El pasado mes de junio, la Unión Europea respaldó la revisión de las normas sobre seguridad nuclear, como la revisión obligatoria cada seis años a las centrales, llevadas a cabo por expertos de otros países europeos.

«Esto tampoco beneficia a Garoña, ya que en España las revisiones son cada diez años», concluyó Castejón.

Foro Nuclear informa que el 90% de las instalaciones radiactivas en España son «para uso médico»

El organismo, que cita datos tanto de elaboración propia como del Ministerio de Industria, Energía y Turismo y el Consejo Superior Nuclear (CSN), cifra en 35.980 las instalaciones radiactivas que existen sobre suelo español. De ellas, el 34.952 son para «total» uso médico, 755 para uso industrial, 189 para usos de investigación y docencia y 84 para uso comercial, añade.

Además de las anteriores, el Foro Nuclear explica que existen 8 instalaciones con reactores nucleares en funcionamiento en España que, sumados, suponen una potencia instalada de 7.728 megavatios eléctricos (MWe). De ellas, dos contienen reactores de agua en ebullición (BWR, según sus siglas en inglés): la central de Cofrentes (Valencia), con una potencia instalada de 1.092 MWe y la de Santa María de Garoña (Burgos), con 466 MWe pero en situación de cese de actividad desde julio de 2013.

Los otros seis reactores, que funcionan en base a un sistema de agua a presión (PWR, según sus siglas en inglés), son, por orden decreciente de potencia instalada, Vandellós II (Tarragona), con 1.087,1 MWe, Trillo (Guadalajara), con 1.066 MWe, Almaraz I y II (Cáceres), con 1.049,4 y 1044,5 MWe, respectivamente y Ascó I y II (Tarragona), con 1.032,5 y 1.027,2 MWe, respectivamente.

El Foro Nuclear indica que existen dos instalaciones adicionales con reactores ya inactivos, sometidos a un proceso de desmantelamiento: la central de José Cabrera (Guadalajara) y Vandellós I (Tarragona).

Además, en España se encuentra una fábrica de elementos combustibles en Juzbago (Salamanca) y dos instalaciones de gestión y almacén de residuos, una ya construida en El Cabril (Córdoba) para residuos de baja y media actividad y el Almacén Temporal Centralizado (ATC) proyectado en Villar de Cañas (Cuenca) para residuos de alta actividad y combustible gastado.

Según datos del informe del Foro de la Industria Nuclear ‘Resultados y perspectivas nucleares para el año 2014’, la energía nuclear produjo el 19,8 por ciento de la producción eléctrica nacional en 2013 y fue responsable del 34,10 por ciento de la energía sin emisiones de gases de efecto invernadero.

El estudio destaca que en el conjunto de 2013, la nuclear ha obtenido «altos indicadores» de funcionamiento y su indicador de disponibilidad fue de un 88,45 por ciento. El factor de operación de las plantas fue del 89,40 por ciento, lo que según la industria es un indicador de que se trata de «una fuente segura y fiable de producción de electricidad en base».

En total, en 2013 el parque atómico realizó seis paradas programadas para recargar combustible y la planta de Santa María de Garoña (Burgos) ha continuado parada (desde diciembre de 2012). Los únicos reactores que no pararon por recarga fueron Almaraz I (Cáceres) y Ascó I (Tarragona).

El CSN informa favorablemente del Estudio de Impacto Ambiental del silo nuclear de Villar de Cañas

Así, el pleno del organismo regulador se centró en evaluar el análisis y la amplitud de la información contenida en el Estudio de Impacto Ambiental del ATC, en relación con los impactos radiológicos asociados al transporte, al público en general, los programas de vigilancia radiológica ambiental, los análisis de alternativas, e información sobre la peligrosidad sísmica e idoneidad del emplazamiento.

Además, verificó que la información es «coherente» con la que se presentó en la documentación de las autorizaciones previa y la de construcción, al tiempo que se comprobó que los comentarios efectuados por el CSN en la fase previa de consultas sobre la amplitud y el nivel de detalle del estudio ambiental se consideraron «adecuadamente».