Caldera recuerda a González que su Gobierno dictó una moratoria nuclear en 1983

En una entrevista de la Cadena Ser, Jesús Caldera dijo «respetar» las palabras de González como respeta «cualquier otra opinión», pero indicó que «ahora quien toma las decisiones es el Gobierno, como ocurrió en el año 83».

«En España, en 1983, el Gobierno presidido por Felipe González decidió una moratoria nuclear de varias centrales que se estaban construyendo: Valdecaballeros I y II, Trillo II y Lemóniz, aunque esta por otras razones», señaló el ex ministro de Trabajo, quien añadió que esta moratoria figuraba en el programa con el que el PSOE se presentó a las elecciones de 1982.

En cuanto a la decisión sobre Garoña, Caldera explicó que la labor del Consejo de Seguridad Nuclear es «indicar, emitir un informe técnico, pero quien toma la decisión es el Gobierno y Zapatero apuesta por energías limpias». En este sentido, hizo hincapié en que ahora lo que toca es trabajar para «recolocar a los trabajadores y ayudar a la zona».

El vicepresidente de la Fundación Ideas hizo una decidida defensa de las energías renovables y aseguró que España ya ha asumido que «la energía nuclear no es la garantía de futuro«.

«Para el mundo sólo existe esa alternativa, las energias renovables», concluyó Caldera.

El Foro Nuclear ve «irresponsable» anteponer una promesa electoral a las necesidades de España

En un comunicado, Foro Nuclear apunta que el anuncio de la renovación de la licencia de funcionamiento de la central «se debe a una decisión política sin base técnica alguna, económica o de seguridad».

«Las consecuencias de esta decisión irresponsable afectarán directa y negativamente a la producción eléctrica española, al medio ambiente, a la economía y a la competitividad de la industria, así como al bienestar de los ciudadanos españoles», señala la organización.

Foro Nuclear insiste en que la decisión está basada «únicamente en criterios ideológicos, desoyendo las recomendaciones del CSN y sin tener en cuenta las necesidades energéticas del país».

Insisten en que se trata de un «grave error» y que la industria nuclear espera que sea algo «aislado, puntual y con posibilidad de ser enmendado en el futuro». «Anteponer una promesa electoral a las necesidades de un país sólo puede ser clasificado como una frivolidad política, que no merece la sociedad española», denuncian.

Para la presidenta de Foro Nuclear, María Teresa Domínguez, el anuncio del cierre de esta central supone «una decisión irresponsable con la sociedad».

«No existe argumento alguno para que España llegue a distintas conclusiones que el resto del mundo sobre la necesidad de la energía nuclear en el sistema eléctrico. Cerrar una instalación segura, mandar a sus empleados al paro, deteriorar la competitividad de la industria, empeorar la economía española e incrementar la factura de la luz, entre otras consecuencias, demuestra una grave falta de responsabilidad», sentencia Domínguez.

Los municipios con nucleares se plantean recurrir la decisión del Gobierno

Un portavoz de la AMAC manifestó su disconformidad con que la vida útil de este reactor se prolongue sólo hasta 2013, «cuando el Consejo de Seguridad Nuclear dijo que puede seguir operando con seguridad hasta 2019».

Por ello, la organización estudiará si se puede recurrir legalmente, «por daños y perjuicios», la decisión adoptada por el Gobierno.

En cuanto al plan de recolocación de trabajadores, la citada fuente de AMAC subrayó que «las inversiones se deben realizar en el municipio en el que se ubica la planta nuclear, no en Miranda de Ebro, que está casi a 40 kilómetros».

«Los residuos van a quedarse en el Valle de Tobalina (ayuntamiento al que pertenece Santa María de Garoña) y son los habitantes del valle los que van a dejar de beneficiarse de los beneficios fiscales que tenían», tras el cese de la actividad de la central. Por eso, para AMAC, «si se quiere revitalizar la zona, las inversiones deben ir al ayuntamiento en que está Garoña».

La decisión sobre Garoña viene precedida de una polémica política y social

La decisión anunciada por el Gobierno, que ha agotado casi el tiempo que tenía para hacerla pública (5 de julio), no ha contentado ni a las organizaciones ecologistas, que pedían el cierre inmediato, ni a la empresa Nuclenor, propietaria de Garoña, ni a sus trabajadores, que habían solicitado una prórroga de diez años.

El pasado 5 de junio el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) concluyó su informe sobre la planta, cuyo contenido oficial no se dio a conocer hasta el 8 de junio. Ese día, la presidenta del CSN, Carmen Martínez Ten, detalló que el dictamen avalaba la prórroga por diez años con 15 condiciones.

Entre ellas, la de instalar antes de 2011 un nuevo sistema de tratamiento de gases radiactivos en caso de accidente, así como mejorar la protección contra incendios de equipos y sistemas de seguridad, antes del 2013.

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha tenido un mes para reflexionar sobre el futuro de la central, de la que ya habló el 9 de junio.

El Gobierno se pronunciará «procurando mantener» su compromiso y teniendo en cuenta la seguridad de la planta y del suministro eléctrico y la apuesta por las energías limpias, indicó Zapatero.

Precisamente ese «procurando mantener» el compromiso electoral es lo que dio lugar a distintas cábalas en torno al futuro de Garoña.

El propio Zapatero recordó el compromiso socialista de «cierre ordenado de las centrales conforme hubiesen ido cumpliendo su vida útil siempre que quedase garantizada la suficiencia del suministro a los ciudadanos y a las empresas».

Una vez conocido el dictamen del CSN, el Ministerio de Industria solicitó una ampliación del mismo para conocer su parecer sobre una posible prórroga de la actividad por dos, cuatro o seis años. El 24 de junio este organismo afirmó que algunas de las condiciones que había fijado podrían no ser exigibles si la prórroga se limita a dos años.

El Gobierno, desde el inicio, aseguró que velaría por los intereses de los trabajadores, sin embargo, éstos, con el apoyo de los operarios del resto de las centrales españolas, llevaron sus protestas a La Moncloa, el Congreso, Parlamento Europeo y enviaron una carta al presidente estadounidense, Barack Obama, para que convenciera a Zapatero de la prórroga.

Desde los partidos, el PP defendió abrir un debate sobre la energía nuclear en España y acusó a Zapatero de «montar lío». Su presidente, Mariano Rajoy, opinó que la decisión es «disparatada» y obedece sólo al «capricho» de Zapatero, al que pidió una rectificación.

Especialmente beligerante se mostró la Junta de Castilla y León, que consideró que el cierre sería «una catástrofe».

Los ex presidentes del Gobierno Felipe González y José María Aznar (que ordenaron cerrar, cada uno, una central); los líderes de la CEOE, UGT, UPyD, además de los políticos del valle burgalés de Tobalina, donde está la central; son algunos de los que expresaron su oposición al cierre.

A favor se mostraron IU-ICV, el PNV y los ecologistas, encabezadas por Greenpeace, que en mayo denunció una posible fuga en la central, y que anunciaron un recurso.

Los ecologistas acusaron al ministro Miguel Sebastián de obstaculizar el camino hacia la energía renovable. Precisamente, éste puntualizó que, al margen de Garoña, la energía nuclear es, hoy por hoy, «insustituible» para garantizar el suministro energético en España.

También el Parlamento Vasco y el de La Rioja aprobaron mociones a favor del cierre y 250 personalidades firmaron un manifiesto en esta dirección, entre ellas Hugo Morán, responsable socialista de Medio Ambiente.

Tobalina no consentirá que se deje el uranio en la zona y la inversión vaya a otro lado

González ha insistido en que la medida más acertada con respecto al futuro de Garoña hubiera sido prorrogarla diez años, como recomendó el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN).

Se ha quejado de que el Gobierno no se ha puesto en contacto, en ningún momento, con el ayuntamiento del Valle de Tobalina, con el que tampoco ha hablado de un plan de medidas para paliar los efectos del desmantelamiento de la planta burgalesa.

«Nos parece inaudito y una falta de sensibilidad y previsión total», ha exclamado Rafael González, quien ha expresado su sorpresa porque las medidas para revitalizar la zona, que, según ha dicho, han conocido a través de los medios de comunicación, se hayan previsto aplicar a 90 kilómetros de la localidad.

Esto no es «cerrar una casa», ha señalado, porque ahí quedan, según ha explicado, muchos residuos nucleares, y el Ayuntamiento no está dispuesto, ha subrayado el alcalde, a que permanezcan en el municipio, mientras las inversiones «van a parar a otro lado».

La CEOE y CCOO muestran su oposición al cierre de Garoña

El presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, reiteró que la central nuclear de Santa María de Garoña (Burgos) debe seguir funcionando diez años más, tal y como recomendó en su día el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) en su dictamen.

Asimismo, Díaz Ferrán reafirmó la postura de la CEOE sobre el cierre de la central, que finalmente se prevé para el 1 de abril de 2013.

Díaz Ferrán subrayó además que para la CEOE es «importante» que las centrales nucleares sigan funcionando toda su vida útil.

CCOO cree que no se han tenido en cuenta los efectos industriales

La Federación de Industria de CCOO reafirmó su oposición a que el Ejecutivo cierre la central nuclear de Santa María de Garoña (Burgos), así como cualquier otra sin tener en cuenta los efectos industriales, laborales y sociales que puedan derivarse de dicha decisión.

La Federación asegura que antes de «crispar» a la sociedad sobre el futuro cierre de la central burgalesa, el Gobierno debería haber dedicado «todos sus esfuerzos» a proponer una futura estrategia energética para España.

En este sentido, el sindicato considera que es «impensable» prescindir de la energía nuclear a corto y a medio plazo.

Asimismo, el sindicato pide al Gobierno que retome el debate iniciado en 2006 sobre la evolución de la energía nuclear en España, para que finalmente se llegue a un consenso sobre el futuro de las centrales en España.

El Comité de empresa de Garoña se movilizará tras el anuncio del cierre en 2013

Un portavoz de la representación social de Garoña explicó que la decisión del Ejecutivo «lo único que va a conseguir es movilizar a todos los trabajadores del sector», que seguirán protestando para que no se cierre la central antes de lo aconsejado por el CSN.

El comité de empresa de la central burgalesa considera que el cierre de Garoña responde a una decisión política y no técnica, y asegura que así se lo ha reconocido el secretario de Estado de la Seguridad Social, Octavio Granado, durante la reunión que han mantenido esta tarde.

Asimismo, informó de que el objetivo primordial del comité es el mantenimiento de los puestos de trabajo de la central, por lo que en el encuentro de esta tarde no han querido hablar con Granado de posibles alternativas para estos empleados.

El pasado 5 de junio, el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) remitió a Industria un dictamen favorable a la renovación «con condiciones» de la explotación de la central de Garoña por diez años más, en el que se exigía la introducción de modificaciones para reforzar la seguridad y cumplir la normativa más moderna exigida por el órgano regulador.

Esta recomendación es defendida por el comité de Garoña, favorable a que la central siga abierta hasta 2019.

Por otra parte, el comité teme que el cierre de Garoña sea el primero, al que seguiría la clausura del resto de centrales nucleares que continúan funcionando en España.

Nuclenor tomará acciones legales para defender la continuidad de Garoña

La decisión tomada por el Gobierno supone apartarse de las condiciones que exige Industria para renovar el acuerdo de explotación de una central nuclear, según Nuclenor.

Asimismo, cree que Garoña debe funcionar hasta el 2019, tal y como recomendó en su dictamen el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), ya que cumple los requisitos de seguridad y fiabilidad, cuenta con un equipo humano comprometido, y es fundamental para el sistema eléctrico nacional en términos de suministro, emisiones de CO2 (dióxido de carbono) y para el desarrollo económico y social.

Por su parte, Endesa -compañía integrada junto con Iberdrola en Nuclenor- espera a conocer el contenido completo de la orden ministerial relativa al cierre, así como las condiciones incluidas en la misma para manifestar su posición al respecto.

Si bien añaden que la energía nuclear es una más a considerar en el ‘mix’ energético español, ya que un país moderno, competitivo y avanzado no puede prescindir de una tecnología «puntera» en cuanto a I+D, sostenibilidad y lucha contra el cambio climático.

Una posición que también comparte la patronal del sector eléctrico UNESA, que se remite a las opiniones ya expresadas al respecto, contrarias al cierre de las instalaciones nucleares todavía útiles, y espera a conocer en detalle la orden ministerial para manifestarse sobre la decisión del Gobierno de clausurar esta central.

Una inversión de más de 50 millones hasta 2013

Asimismo, Nuclenor tiene previsto invertir más de 50 millones de euros en el mantenimiento de esta planta hasta su cierre definitivo en el año 2013.

Aunque Garoña está diseñada para funcionar durante cuarenta años (hasta 2011), la actividad o «vida útil» de esta central puede alcanzar e incluso superar los sesenta años con unos niveles de seguridad «aceptables», según el director del Área de Ingeniería de Nuclenor, René A. Fernández.

En un artículo publicado en la página web de Nuclenor, Fernández estima que para mantener Garoña cuatro años más, Nuclenor tiene que invertir cincuenta millones de euros (16,5 millones en 2010; 18,1 millones en 2011; 12 millones en 2012, y otros diez millones en 2013) que se dedicarán a gastos generales, planes de protección radiológica y de eliminación de residuos, y programas de fiabilidad de los equipos, entre otros.

Al margen de la inversión prevista por la empresa para la continuidad de Garoña, el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) especificaba en un reciente informe (aprobado el pasado 24 de junio) las condiciones específicas que Garoña tendría que cumplir para prorrogar su actividad.

Según este informe, para una renovación de dos años (hasta 2011), Garoña no tendría que cumplir unas condiciones especiales, pero para una renovación más amplia (como la aprobada por el Gobierno), la central debería realizar mejoras en el aislamiento de la contención, en la independencia de los sistemas eléctricos, y en la protección contra incendios.

Además, este organismo recomendaba a Garoña mejorar su sistema de notificación de la salida de «bultos» de residuos radiactivos y materiales fisionables fuera de la central, y remitir información periódica al CSN sobre las actividades y las inversiones en la vida útil de la central.

Foratom lamenta el cierre de Garoña y prevé problemas de seguridad energética

«Permitir que la central siga produciendo electricidad sólo hasta 2013 no es consistente con la recomendación del Consejo de Seguridad Nuclear de que la planta siguiera funcionando de manera segura hasta 2019», aseguró en un comunicado la asociación, que defiende los intereses de la industria nuclear europea.

El director general de Foratom, Santiago San Antonio, expresó su «desacuerdo» con una decisión tomada a su juicio en función de «criterios políticos».

«Esta medida amenazará la capacidad de España de cubrir sus necesidades en seguridad energética y el cumplimiento de los objetivos del Protocolo de Kioto de reducción de gases CO2″, añadió.

La decisión del Gobierno no responde a los intereses de ninguna de las partes implicadas, ya que los ecologistas habían solicitado el cierre inmediato de la central y la empresa propietaria, Nuclenor, y sus trabajadores había pedido la renovación del permiso de explotación por otros diez años, hasta 2019.

La Sociedad Nuclear cree que cerrar Garoña es una decisión política y no técnica

Tras el anuncio de Industria del cierre de Garoña en 2013, la Sociedad Nuclear Española (SNE) considera que la central burgalesa debe seguir funcionando diez años más, tal y como dictaminó recientemente el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), ya que ha superado con éxito la inspección técnica que llevó a cabo dicho organismo regulador.

Recuerda que la central cuenta con unos indicadores de funcionamiento que la sitúan entre las 50 primeras de las 440 centrales nucleares del mundo y en el rango de las 10 primeras de Europa.

Por otro lado, la Sociedad asegura que la energía que produce la central de Garoña se va a tener que sustituir por centrales de combustible fósil, probablemente gas, lo que representa un mayor coste de producción y una mayor emisión de gases de efecto invernadero.

El cierre de la central de Garoña es, según la SNE, «incoherente» con las recomendaciones energéticas definidas en el Parlamento Europeo y con la política energética de nuestros principales socios europeos.