Greenpeace denuncia presiones de las nucleares a Japón para evitar ser sancionadas ante una tragedia

Los escritos reflejan que en los años 60 el Gobierno nipón se planteó castigar a las empresas responsables de un accidente de este tipo, pero el Ejecutivo al final dio marcha atrás y decidió mantener las sanciones sólo si un hipotético fallo nuclear era ocasionado intencionadamente.

«Esta información muestra que la industria nuclear no ha confiado en la seguridad de sus reactores desde el principio del desarrollo de energía nuclear en Japón«, según Raquel Montón, responsable de la campaña Nuclear de Greenpeace.

Afirmó que la Comisión recomendó eximir a las empresas y hacer que exclusivamente los operadores de las centrales nucleares y el Gobierno fueran los responsables de asumir el coste de un desastre, evitando el temor de las empresas proveedoras ante las consecuencias financieras a las que tendrían que hacer frente en caso de accidente.

A lo largo de 2013, Greenpeace hizo una campaña, con el apoyo de más de 100.000 personas de todo el mundo, para que las empresas que suministran reactores nucleares y sus componentes sean responsables de sus fallos, porque consideró que esto les obligaría a ser más exigentes con sus productos y ayudaría en la indemnización a las víctimas.

«En Japón, los más de 150.000 desplazados, víctimas de la catástrofe nuclear de Fukushima, todavía son tratados injustamente y no tienen una compensación adecuada», según denuncia la organización.

Enresa prevé concluir la Celda 30 de El Cabril (Córdoba) en el año 2015

La directora de El Cabril, Eva Noguero, explicó que el inicio de esta obra está pendiente de que el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) la apruebe, con lo que comenzaría el periodo del licitación y construcción.

Según especificó, las obras tienen una duración prevista de 18 meses, y la llamada «Celda 30» tendrá una capacidad de 30.000 metros cúbicos.

La «Celda 30» es la segunda de las cuatro nuevas estructuras de almacenamiento proyectadas para los residuos de muy baja actividad (la primera se bautizó «Celda 29»), y será muy similar a la primera, aunque incluirá mejoras operativas.

Con respecto a la actividad de El Cabril en los primeros nueve meses del año, Noguero informó de que está siendo similar a la de 2012, y se recogieron entre 1.600 y 1.700 metros cúbicos de residuos.

La mayoría de éstos, en torno al 60%, son de muy baja actividad y proceden del desmantelamiento de la planta de José Cabrera (Almonacid de Zorita, Guadalajara).

TEPCO registra un nuevo pico de radiactividad en los alrededores de la central nuclear de Fukushima

Los operarios de TEPCO detectaron un pico de radiactividad de 3.200 becequerelios al excavar un pozo de 20 metros de profundidad al norte de uno de los tanques construidos alrededor del reactor cuatro de la central nuclear.

El nivel de radiactividad es cinco veces mayor que el detectado hace una semana en el subsuelo del mismo tanque, de 650 becequerelios por hora, de acuerdo con la agencia de noticias japonesa Kiodo.

En los últimos diez días, TEPCO registró niveles de radiactividad de entre 1.800 y 2.200 milisievert por hora –que podrían acabar con la vida de una persona– en torno a los tanques del reactor cuatro.

TEPCO indicó entonces que el deterioro de la resina que cubre las juntas de los tanques, construidos para almacenar el agua contaminada que se usó en el enfriamiento de Fukushima, podría ser la causa de estos picos de radiactividad.

La compañía eléctrica explicó que sus operarios habían observado que la radiactividad se concentra en las juntas de los tanques, unidas con una resina especial para evitar las fugas de agua radiactiva, y aseguró que no se habían producido nuevos vertidos contaminantes.

El pasado 8 de agosto, el Ministerio de Economía, Comercio e Industria de Japón reveló que diariamente se vierten al subsuelo 1.000 toneladas de agua desde la central nuclear, de las cuales unas 300 contienen sustancias altamente radiactivas que llegan al Pacífico.

TEPCO, por su parte, reveló que no detectó antes las fugas de agua radiactiva porque los tanques no tienen contadores y el único medio de control eran patrullas rutinarias, por lo que hasta que no se han formado charcos superficiales no han saltado las alarmas.

En respuesta, el primer ministro de Japón, Shinzo Abe, anunció que el próximo mes de octubre pondrá en marcha un plan valorado en 160 millones de euros, que saldrán de los fondos reservados, que recupera la vieja idea de congelar el suelo alrededor de los cuatro reactores dañados de Fukushima.

Las pruebas de viabilidad comenzarán en el reactor cuatro, en cuyo subsuelo se construirá un entramado de tuberías a las que se inyectará cloruro de calcio a menos 40 grados celsius para congelarlas, encerrando una superficie subterránea de diez metros cuadrados.

Se espera que el «muro helado» esté operativo hacia el próximo mes de marzo. Si funciona, los operarios de TEPCO construirán otros alrededor de los reactores uno, dos y tres de Fukushima. El proyecto estaría completado hacia 2015.

En este contexto, la Autoridad Reguladora de la Energía Nuclear (NRA) de Japón decidió elevar del uno –que indica una «anomalía»– al tres –que indica un «grave incidente»— el nivel de alerta por las fugas de agua radiactiva desde Fukushima.

La Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA), por su parte, expresó su preocupación por las fugas de agua radiactiva desde Fukushima y ofreció al Gobierno de Japón su ayuda para resolver este problema.

Los problemas en Fukushima se deben al terremoto y el tsunami que el 11 de marzo de 2011 arrasaron la costa de la prefectura japonesa, dando lugar al peor accidente nuclear de la historia, junto al de la central de Chernóbil, en Ucrania.

Fukushima estaba preparada para un terremoto, ya que Japón se asienta sobre una falla, pero no para un tsunami, por lo que el azote del mar provocó varias explosiones de hidrógeno que hicieron que los núcleos de algunos de sus reactores se fundieran parcialmente.

Un antiguo miembro de la Comisión de Regulación Nuclear de EEUU, asesor de TEPCO

Asimismo, TEPCO nombró como asesor de su «Sede para las Contramedidas del Tanque y el Agua contaminadas» al estadounidense Lake H. Barrett, antiguo miembro de la Comisión de Regulación Nuclear y ex funcionario del Departamento de Energía de Estados Unidos, según la página web de la empresa.

La compañía describió a Barrett como a «un experto extranjero familiarizado con las tecnologías de limpieza y de descontaminación». El estadounidense participará en las reuniones que tengan lugar en la «Sede para las Contramedidas del Tanque y el Agua contaminadas» y asesorará a los equipos de trabajo.

Barrett fue elegido por su «conocimiento internacional y experiencia, adquirida al encargarse como miembro de la Comisión de Regulación Nuclear de Estados Unidos del control del accidente de ‘Three Mile Island'».

El 28 de marzo de 1979 se produjo una fusión del núcleo parcial en uno de los dos reactores nucleares de la central de Three Mile Island, en el estado de Pensilvania. Barret formó parte del equipo que trabajó para controlar la situación.

«Reconocemos que controlar el agua contaminada es el problema más grave y urgente que debemos abordar«, aseguró TEPCO. «Con el apoyo del Gobierno japonés y la gran experiencia proporcionada por profesionales de todo el mundo, nos esforzaremos sin descanso para solucionar este problema», concluyó.

Moody’s advierte a Japón sobre el riesgo económico negativo que está provocando la crisis nuclear

La agencia aseguró que el anuncio la semana pasada del Gobierno nipón de invertir 357 millones de euros en un plan de emergencia para controlar las filtraciones de agua contaminada en Fukushima son un «crédito negativo para la deuda soberana» del país.

«Los 357 millones de euros, a pesar de ser tan sólo un 0,01% del PIB de 2012, son uno de los numerosos gastos elevados que el Gobierno parece que tendrá que asumir para desmantelar y descontaminar Fukushima», detalló Moody’s.

El principal problema al que se enfrenta actualmente Japón en la crisis nuclear es la enorme acumulación de agua altamente radiactiva en los sótanos de los reactores, que aumenta en cerca de 400 toneladas diarias debido a los acuíferos, y se filtra al mar.

De este monto aprobado el pasado 3 de septiembre ante las graves filtraciones radiactivas, 243 millones de euros se destinarán a un sistema experimental para congelar el suelo alrededor de los edificios de los reactores para bloquear la filtración del agua subterránea en las unidades.

Al incremento del dinero público para costear los imprevistos en Fukushima se añade, según Moody’s, el riesgo que supone para la balanza comercial la compra cada vez mayor de hidrocarburos para generar electricidad en sus plantas térmicas, dado que las centrales nucleares están casi en su totalidad detenidas tras el accidente.

«La presión ciudadana mantiene las centrales nucleares cerradas», algo que bloquea el plan del Gobierno nipón de reiniciar la actividad de las plantas atómicas «para poder proveer un suministro eléctrico estable y económico», según la agencia.

Esto hizo necesario «importar hidrocarburos y elevar el coste energético, impidiendo a la industria crecer y obstaculizando el clima inversor», añadió Moody’s.

En este contexto, «mientras Fukushima continúe liderando las cabeceras con noticias de aumentos de los niveles de radiación y de las filtraciones de agua contaminada al Océano Pacífico, la negativa ciudadana para reiniciar los reactores se mantendrá» con lo que Japón «incrementará su presión en la balanza comercial», detalló.

En julio, Japón obtuvo un déficit comercial de 7.740 millones de euros, con lo que acumuló más de un año consecutivo con saldo negativo ante el aumento constante de las importaciones, sobre todo de hidrocarburos, cuya compra aumentó un 20,7% interanual.

Según la agencia de calificación, a pesar de que la balanza por cuenta corriente se mantiene con un leve superávit, un cambio a terreno negativo «indicaría una reversión neta en los ahorros de la economía de Japón», algo que no obstante no estiman suceda hasta dentro de uno o dos años.

Uno de los reactores nucleares de la central japonesa de Ohi emite una gran columna de vapor

KEPC, empresa gestora de la central nuclear de Ohi, detalló que las emisiones de vapor se localizaron en seis puntos de la red de tuberías que sale del edificio de motores del reactor tres, generando una columna de tres metros de altura.

En un primer momento, se activaron todas las alarmas y la compañía eléctrica ordenó evacuar a todo el personal de la central nuclear de Ohi, pero finalmente comprobó que el vapor no contiene sustancias radiactivas.

El reactor tres de Ohi se apagó el pasado lunes para llevar a cabo una inspección rutinaria. El próximo día 15 ocurrirá lo mismo con el reactor cuatro. Entonces, los 50 reactores nucleares que Japón usa para producir energía eléctrica estarán fuera de servicio.

El Gobierno tomó esta decisión por primera vez tras el accidente nuclear en la central de Fukushima, ocurrido a raíz del terremoto y el posterior tsunami que el 11 de marzo de 2011 azotaron la prefectura homónima.

Se espera que la Autoridad de Regulación Nuclear (NRA) de Japón permita la reanudación de las actividades en estos dos reactores tras comprobar que cumplen todos los requisitos de seguridad. En concreto, constatarán que la falla sobre la que se asienta Ohi sigue inactiva.

Japón diseña un plan para contener las fugas de agua radiactiva desde la central nuclear de Fukushima

Según informó la televisión pública NHK, el plan recuperó la vieja idea de congelar el suelo alrededor de los cuatro reactores dañados de Fukushima para construir un «muro helado» que evite la filtración del agua radiactiva.

El pasado 8 de agosto, el Ministerio de Economía, Comercio e Industria de Japón reveló que diariamente se vierten al subsuelo 1.000 toneladas de agua desde la central nuclear, de las cuales unas 300 contienen sustancias altamente radiactivas que llegan al Pacífico.

A principio de agosto, la Compañía Eléctrica de Tokio (TEPCO) inyectó un cóctel de agentes químicos para endurecer el subsuelo y crear un muro subterráneo alrededor de los reactores nucleares uno y dos e instaló una red de tuberías para extraer las toneladas de agua radiactiva acumuladas.

Apenas dos semanas después, la compañía eléctrica comenzó a bombear el agua radiactiva desde el subsuelo hasta la superficie, a un ritmo de 60 toneladas diarias, para almacenarla en los tanques que ha construido alrededor de la central nuclear.

Sin embargo, los trabajos para la construcción de un muro subterráneo alrededor de los reactores tres y cuatro todavía están marcha, por lo que se calcula que diariamente siguen liberando unas 35 toneladas de agua radiactiva.

En las últimas semanas, TEPCO informó de varias fugas de agua radiactiva –de hasta 300 toneladas diarias– desde uno de los tanques del reactor cuatro y alertó de que es muy probable que el vertido contaminante haya llegado al Pacífico.

Además, reveló que no detectó antes las fugas de agua radiactiva porque los tanques no tienen contadores y el único medio de control eran patrullas rutinarias, por lo que hasta que no se han formado charcos superficiales no han saltado las alarmas.

No obstante, el plan gubernamental contempla la descontaminación del agua, aunque de momento se desconocen los detalles. Hasta ahora, las autoridades japonesas se han servido de maquinaria francesa para limpiar los líquidos radiactivos.

En este contexto, el primer ministro japonés, Shinzo Abe, ordenó al Ministerio de Economía, Comercio e Industria que se implique directamente en la solución al problema de los vertidos radiactivos y no descartó la utilización de fondos públicos, por lo que se creará una comisión especial para seguir de cerca este asunto y abordar después el desmantelamiento de los reactores dañados. El jefe de Gabinete, Yoshihide Suga, estará al frente de la misma.

La causa de la radiación podría ser la resina erosionada

Asimismo, TEPCO explicó que la resina erosionada podría ser la causa de los altos niveles de radiación detectados en los tanques de almacenamiento de agua contaminada de la central nuclear de Fukushima.

El pasado fin de semana, la compañía informó de que sus operarios habían detectado una radiación de hasta 1.800 milisievert por hora, un nivel 18 veces mayor al registrado hace sólo una semana y que podría acabar con la vida de cuatro personas.

Al parecer, la radiación procedía del fondo de tres de los 900 tanques que se construyeron alrededor de la central nuclear para almacenar las miles de toneladas de agua contaminada procedentes de las tareas de enfriamiento.

Los operarios de TEPCO observaron que la radiación se concentra en las juntas de los tanques, placas de acero unidas con una resina especial para evitar las fugas de agua radiactiva, según informó la televisión pública NHK.

Tras inspeccionar los tanques, los operarios de TEPCO determinaron que no se filtró más agua radiactiva, por lo que creen que la causa de estos altos niveles es la resina erosionada, aunque seguirán investigando para confirmarlo.

Denuncian a TEPCO y a 32 ejecutivos por actuar negligentemente

Por otro lado, tres personas presentaron una querella contra TEPCO y 32 de sus ejecutivos porque actuaron de forma negligente al no tomar medidas preventivas para las fugas de agua radiactiva desde la central nuclear de Fukushima.

Entre los querellantes está Ruiko Muto, que lidera el grupo de 14.000 damnificados que ya denunció a TEPCO, sus ejecutivos y a las autoridades japonesas por su responsabilidad en el accidente nuclear, según la agencia de noticias Kiodo.

Además, la Autoridad Reguladora de la Energía Nuclear (NRA) de Japón decidió elevar del uno –que indica una «anomalía»– al tres –que indica un «grave incidente»– el nivel de alerta por las fugas de agua radiactiva desde Fukushima-1.

La Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA), por su parte, expresó su preocupación por las fugas de agua radiactiva desde Fukushima y ofreció al Gobierno de Japón su ayuda para resolver este problema.

Los problemas en Fukushima se deben al terremoto y el tsunami que el 11 de marzo de 2011 arrasaron la costa de la prefectura japonesa, dando lugar al peor accidente nuclear de la historia, junto al de la central de Chernóbil, en Ucrania.

Fukushima estaba preparada para un terremoto, ya que Japón se asienta sobre una falla, pero no para un tsunami, por lo que el azote del mar provocó varias explosiones de hidrógeno que hicieron que los núcleos de algunos de sus reactores se fundieran parcialmente.

TEPCO informa de la existencia de otra vía de escape del agua radiactiva de Fukushima

Según explicó, sus operarios detectaron el pasado jueves un nivel de radiación de 16 milisievert por hora cerca de una válvula pluvial ubicada en la parte sur del tanque desde el que se produjeron las fugas anteriores.

La compañía eléctrica ya informó la semana pasada de una serie de vertidos contaminantes desde la parte noreste de este tanque, ubicado en los alrededores del reactor cuatro, de acuerdo con la televisión pública japonesa NHK.

TEPCO insistió en que está investigando las causas de las fugas de agua radiactiva, pero advirtió de que le llevará semanas. De momento, apuntó como posibles causas a la corrosión de algunas piezas y del material del que están hechos los tanques.

Si bien, admitió que no detectó antes los vertidos contaminantes porque los tanques no tienen contadores y el único medio de control eran patrullas rutinarias, por lo que hasta que no se han formado charcos superficiales no han saltado las alarmas.

El pasado 8 de agosto, el Ministerio de Economía, Comercio e Industria de Japón reveló que diariamente se vierten al subsuelo 1.000 toneladas de agua desde la central nuclear, de las cuales unas 300 contienen sustancias altamente radiactivas que llegan al océano Pacífico.

Con el fin de frenar las fugas, TEPCO inyectó un cóctel de agentes químicos para endurecer el subsuelo y crear un muro subterráneo alrededor de los reactores nucleares uno y dos e instaló una red de tuberías para extraer las toneladas de agua radiactiva acumuladas.

El pasado 16 de agosto, la compañía eléctrica comenzó a bombear el agua radiactiva desde el subsuelo hasta la superficie, a un ritmo de 60 toneladas diarias, para almacenarla en los tanques que ha construido alrededor de la central nuclear.

Sin embargo, los trabajos para la construcción de un muro subterráneo alrededor de los reactores tres y cuatro todavía están en marcha, por lo que se calcula que diariamente siguen liberando unas 35 toneladas de agua radiactiva.

En este contexto, el primer ministro japonés, Shinzo Abe, ordenó al Ministerio de Economía, Comercio e Industria que se implique directamente en la solución al problema de los vertidos radiactivos y no descartó la utilización de fondos públicos.

Además, la Autoridad Reguladora de la Energía Nuclear (NRA) de Japón decidió elevar del uno –que indica una «anomalía»– al tres –que indica un «grave incidente»– el nivel de alerta por las fugas de agua radiactiva desde Fukushima.

La Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA), por su parte, expresó su preocupación por las fugas de agua radiactiva desde Fukushima y ofreció al Gobierno de Japón su ayuda para resolver este problema.

Los problemas en Fukushima se deben al terremoto y el tsunami que el 11 de marzo de 2011 arrasaron la costa de la prefectura japonesa, dando lugar al peor accidente nuclear de la historia, junto al de la central de Chernóbil, en Ucrania.

Fukushima estaba preparada para un terremoto, ya que Japón se asienta sobre una falla, pero no para un tsunami, por lo que el azote del mar provocó varias explosiones de hidrógeno que hicieron que los núcleos de algunos de sus reactores se fundieran parcialmente.

Cristina Narbona cree que Garoña necesitaría «inversiones muy costosas» para volver a funcionar

A preguntas de los medios antes de su participación en el seminario «Quo vadis Europa?«, organizado por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), Narbona afirmó que «se ha modificado el marco normativo para facilitar al máximo a la central nuclear de Garoña la decisión sobre su continuidad».

En este sentido, recordó que el Gobierno introdujo una cláusula en un Real Decreto sobre la gestión de los combustibles nucleares por la que establecía el plazo de un año para pedir la renovación para aquellas centrales nucleares que cesaran por motivos económicos. Narbona destacó que la citada normativa aún no está aprobada, aunque cuenta con el informe positivo de la mayoría del CSN.

En calidad de consejera del CSN, Narbona votó en contra del informe porque «cuando se llega al cese de una explotación como Garoña, lo que procede es pedir una nueva autorización», explicó.

La exministra socialista se mostró convencida de que, a pesar del informe favorable del Consejo, en el hipotético caso de que volviera a funcionar Garoña tendría que «asumir inversiones muy costosas y exigencias muy estrictas por parte del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN)». Como ejemplo, recordó el cierre de una instalación parecida en Bélgica o las reservas expresadas por la Conferencia Hidrográfica del Ebro.

Por otro lado, señaló que el accidente en la central nuclear de Fukushima aún no está resuelto y consideró que puede afectar a la candidatura olímpica de Tokio, principal rival de Madrid para acoger los Juegos Olímpicos de 2020 y cuyo destino se decidirá el próximo día 7 de septiembre en Buenos Aires.

Narbona recordó la preocupación de organismos internacionales y del propio gobierno japonés por la situación en la central nuclear de Fukushima, donde «todavía el problema de los reactores que se han fundido está muy lejos de ser superado», concluyó.

En su ponencia dentro del curso, la exministra se mostró crítica con la futura reforma energética en España y lamentó que el «papel pionero» de la Unión Europea en la lucha contra el cambio climático se vea amenazado por la crisis económica, sin ir además «acompañado» por las normativas nacionales.

A su juicio, con las futuras modificaciones en el sector energético en España será «más onerosa» la producción de energías renovables. «La crisis parece haber apartado la lucha contra el cambio climático de las prioridades de la Unión Europea», sentenció.

El Gobierno japonés sopesa utilizar fondos reservados para atajar el problema de las fugas radiactivas de la central nuclear de Fukushima

En la rueda de prensa que ofreció tras visitar Fukushima, explicó que el Gobierno consultará con las autoridades fiscales la posibilidad de usar los fondos reservados presupuestados para este año para construir un muro helado alrededor de la central nuclear, según informó la televisión pública NHK.

No es la primera vez que las autoridades japonesas se plantean construir un muro helado. El pasado mes de mayo ya propusieron rodear el subsuelo de Fukushima con una red de tuberías congeladas para impermeabilizarlo, pero lo descartaron por el alto coste del proyecto.

Además, Motegi subrayó que, aunque hasta ahora el Gobierno ha dado plena libertad a la Compañía Eléctrica de Tokio (TEPCO) para gestionar los problemas que han ido surgiendo en Fukushima, a partir de este momento se ocupará personalmente de ellos.

Por su parte, TEPCO anunció que creará una fuerza especial para solucionar el problema de las fugas de agua radiactiva desde la central nuclear de Fukushima-1 al subsuelo y al océano Pacífico.

El presidente de TEPCO, Naomi Hirose, explicó que él mismo se encargará de supervisar el trabajo de esta fuerza especial porque las fugas de agua radiactiva «son un asunto urgente» para la compañía eléctrica.

Hirose detalló que la fuerza especial contará con doce equipos, de los cuales ocho operarán desde la sede de TEPCO, en Tokio, y cuatro desde Fukushima, y que estarán integrados por expertos de distintos departamentos, uno de los cuales servirá de enlace entre equipos. Además, el Gobierno se coordinará con esta fuerza especial.

Además, adelantó que TEPCO invitará a expertos extranjeros a asesorar a la fuerza especial. El vicepresidente de la compañía eléctrica y jefe de su división nuclear, Zengo Aizawa, se encargará de coordinarlos desde Fukushima.

El ministro de Exteriores japonés visita Chernóbil para valerse de su experiencia con Fukushima

Kishida recorrió la localidad ucraniana para comprobar su estado, 27 años después de que un aumento súbito de la potencia en el reactor cuatro de la central nuclear causara una explosión de hidrógeno que desembocó en el peor accidente nuclear de la historia.

El jefe de la diplomacia japonesa inspeccionó las sarcófagos de metal que todavía cubren el reactor cuatro para contener la radiactividad. Los técnicos explicaron a Kishida lo difícil que aún resulta mantenerla en niveles seguros.

También recorrió el asentamiento urbano construido alrededor de la central nuclear, donde vivían sus trabajadores y que está completamente desierto desde que se produjo el accidente, según informó la televisión pública japonesa NHK.

Al término de su visita, Kishida explicó que se dio cuenta de que las autoridades ucranianas todavía combaten los efectos del accidente nuclear en Chernóbil y aseveró que ha aprendido mucho de su experiencia para aplicarla al caso Fukushima.

El 11 de marzo de 2011 un terremoto y un tsunami arrasaron la costa de la prefectura japonesa de Fukushima, azotando la central nuclear, lo que dio lugar a varias explosiones de hidrógeno que hicieron que los núcleos de algunos de sus reactores se fundieran parcialmente.

En los primeros días después del accidente, las autoridades japonesas decidieron crear una zona de exclusión terrestres en un radio de 30 kilómetros desde Fukushima-1, que aún hoy sigue vigente, debido a las emisiones radiactivas.

La Compañía Eléctrica de Tokio (TEPCO) diseñó un plan para el desmantelamiento de Fukushima que estará completado en 40 años. Ahora, se centra en contener las fugas de agua radiactiva desde la central nuclear hacia el subsuelo y el océano Pacífico.

TEPCO tuvo que pedir perdón en varias ocasiones por su mala gestión del accidente nuclear en los primeros momentos, por la continuidad de las emisiones radiactivas y por su incapacidad para hacer frente a las indemnizaciones a los damnificados.