La UPM inventa la célula solar de banda intermedia, que podría aumentar la eficacia fotovoltaica

Así, la célula solar de banda intermedia fue propuesta en 1997 por los profesores de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Telecomunicación de la Universidad Politécnica de Madrid e investigadores del Instituto de Energía Solar (IES-UPM), Antonio Luque y Antonio Martí, como un concepto que podía exceder el límite de eficiencia determinado por el Nobel Shockley y su colaborador Queisser en 1961.

Los investigadores, junto al profesor de la Universidad de Glasgow y Colin Stanley, publicaron en la versión electrónica de la citada publicación el 5 de febrero una actualización de conocimientos bajo el título «Entendiendo la célula solar de banda intermedia«.

El artículo aparecerá pronto en la edición de papel, que tiene un factor de impacto en medio en los últimos cinco años de 29.708 lectores y que está considerada como una de las más importantes en el campo de la óptica y la física aplicada.

El texto revisa el comportamiento de las células solares de banda intermedia que destacó el progreso logrado y los retos que aún quedan para su fabricación. La principal característica de este tipo de células es que presentan un límite de eficiencia teórico del 63%, frente al 18% de las células solares comerciales de silicio que actualmente se instalan en los paneles solares.

Para ello, hay que formar una banda de energía dentro de la banda prohibida de un semiconductor, de forma que los fotones de energía inferior a esta banda prohibida son convertidos en electricidad, algo que no sucede en los modelos ordinarios. Las primeras células de este tipo se fabricaron en 2004, como parte de una colaboración entre la UPM y la universidad de Glasgow.

Finalmente, la UPM destacó que, en la actualidad, más de 100 centros de todo el mundo trabajan en las células solares y que, recientemente, la Comisión Europea, mediante su plan de implantación del SET Plan incluyó estos trabajos entre los programas claves a financiar en los próximos años por los Estados Miembros. El objetivo es aumentar la competitividad de las empresas europeas y competir con EEUU y Japón, que están financiando su desarrollo con potentes programas de investigación.

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